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Reseña: La última salida, de Federico Axat

la-ultima-salida-federico-axatEl último libro de Federico Axat viene con una cinta roja en la que advierte “que no te lo cuenten” antes de afirmar que es el mejor thriller que leerás este año. Ambas cosas suenan bastante manidas, típicas frases promocionales que de tan gastadas ya casi no calan en nuestros cerebros de potenciales compradores.

Vale, no sé si será el mejor thriller que leeré este año porque el don de la clarividencia aún no lo he tengo del todo potenciado pero os puedo asegurar, sin lugar a dudas, que difícilmente saldrá del Top 3. Y que sí, es mejor que no os cuenten absolutamente nada. Y eso hace que reseñarlo sea mucho más complicado, porque como enemigo acérrimo que soy de los spoilers, cualquier cosa que diga de esta novela puede fastidiar alguno de sus giros.

Pero os diré lo siguiente: pocas veces me he sentido tan desconcertado mientras leía un libro, en toda mi vida. Y lo digo yo, que me jacto de adivinar la identidad del asesino en todas las pelis de suspense, que me jacto de intuir los giros en prácticamente cualquier novela. La última salida me ha llevado de la mano por su trama haciéndome sentir completamente desorientado. Y no porque la historia no tenga lógica, que la tiene, y aplastante, sino porque cada vez que gira el resultado es asombroso por inesperado.

Federico Axat ha construido un laberinto maravilloso, uno en el que difícilmente encontrarás el camino de salida por ti mismo. Y en el que en más de una ocasión te preguntarás qué demonios está pasando, cuál es el truco y qué demonios se esconde tras la próxima página.

Sinceramente, una novela de aplauso.

La historia comienza, tal y como dice la sinopsis, con un hombre a punto de tomar un camino sin retorno, con la pistola en la mano y dispuesto a volarse la cabeza. En ese momento se oyen golpes en la puerta y la voz de un hombre pidiéndole que abra la puerta. Ted, el protagonista, ve un papel encima de la mesa, algo que no recuerda haber escrito pero que le insta a abrir la puerta (oh, sí, empieza pronto con los detalles que te hacen fruncir el ceño), y entonces el hombre que está fuera de la casa le pide que no se pegue un tiro, no sin hablar antes con él.

¿Y cómo puede saber ese hombre lo que Ted está a punto de hacer si no se lo ha contado a nadie?

Ted está a punto de recibir una propuesta increíble. Algo que haría que su familia no tengaque pasar por el duro trauma de encontrar su cuerpo tras un suicidio y que, además, le permitirá hacer del mundo un lugar un poquito mejor. Antes de marcharse. Una última salida.

Para entonces apenas llevas diez páginas de la historia y la cosa no ha hecho más que empezar. Las preguntas empiezan a agolparse en tu cabeza de lector y, te lo aseguro, esas son apenas las preguntas fáciles.

Los personajes del libro están muy bien dibujados. Empezando por Ted, cuyo background es absolutamente brillante, un tipo al que entiendes en todo momento (y cuando no, ya lo harás, porque, como he dicho, todo tiene lógica en este libro). Federico Axat ha construido a Ted con el cuidado de quien labra una pieza de orfebrería, al mínimo detalle, algo meticuloso y necesario para que todas las piezas encajen.

El resto de personajes (no quiero decir ningún nombre para que cuando aparezcan no sepáis si son protagonistas o no, porque todo es parte de la gracia) también están bien construidos. De hecho, es fantástica la manera que tiene Axat de revelar detalles trascendentes para prsonajes secundarios y hacer que cobren para el lector un interés importante.

Todo esto, acompañado con un estilo narrativo ligero, de los que más que leerse se beben.

Que no os lo cuenten. Y corred a la librería más cercana porque os va a encantar.

Reseña: En tierra de nadie, de Olalla García

entierradenadieLa historia de Aurora es una historia de descenso a la locura, de ese camino solitario y desconcertante que se recorre cuando uno pierde pie en la realidad y todo a su alrededor empieza a desmoronarse.

Tengo que decir que en los primeros compases de la historia, cuando el camaleón de Aurora se desvanece de la noche a la mañana y al parecer es ella la única que lo recuerda puesto que su pareja la mira como si estuviera loca cuando hace referencia al animal, me preocupó estar ante una versión extendida del maravilloso relato de Richard Matheson El número de la desaparición. Bueno, es cierto que por momentos es inevitable acordarse de aquel relato, pero lo cierto es que Olalla García consiguió que me sumergiera en su historia, en la vida de Aurora y en su mente con relativa facilidad.

En las primeras páginas del libro la autora hace una reflexión, en boca de la protagonista, sobre la forma en que Lovecraft retrataba la locura y la existencia de los ya míticos monstruos de su mitología como algo existente en realidad en un plano superior al que habitamos todos. La locura, dice, es un viaje que se recorre en solitario.

Así, Aurora se convierte en la protagonista casi absoluta de la historia. Hay algunos secundarios, no deben ser ni siquiera una decena, pero su relevancia en la historia es bastante escasa. Son importantes para la historia, pero su presencia es escasa. Y no es algo que perjudique la historia, en ese sentido Olalla García ha manejado muy bien la presencia de los personajes.

Pero lo verdaderamente fascinante es el viaje mental que hace la protagonista.

A mí, como escritor (de un relato con el que también se puede encontrar algún punto en común, aunque sea por el hecho de que el protagonista percibe un cambio en su vida al que le siguen otros y eso le crea una sensación cada vez mayor de desconcierto), las referencias al mundo literario me han encantado. La protagonista de la historia sueña con ser escritora (y de hecho, esto es bastante importante en el devenir de la trama) y en el momento en que la conocemos acaba de publicarse un libro escrito por ella… aunque bajo el nombre de una presentadora de televisión. Vamos, que ha hecho de negra. Y, bueno, todo lo que acontece en relación con ese tema me ha parecido interesante.

Es el primer libro que leo de la autora pero he quedado con muy buena sensación. Su estilo es agradable de leer, no se detiene en pasajes innecesarios y los diálogos son tan cercanos a la realidad que es fácil pensar que los personajes son reales. Además, sus formas de ser también son realistas.

Y la trama, bueno, lo dicho, se va desenvolviendo a un buen ritmo y contiene un par de giros que la haces, por momentos desconcertante, como todo buen thriller debe ser. De hecho, en el momento en que las piezas del puzle encajan es bastante probable que se te quede la boca abierta.

Reseña: El Hijo, de Philipp Meyer

El HijoY al igual que en los cómics, por supuesto, que también hay jóvenes promesas en el mundo literario; que quizás es un hemisferio más complicado si cabe. Philipp Meyer (1974) es el ejemplo que os voy a traer de escritor de ficción estadounidense que está en boca de todos. Un escritor criado en Baltimore, Maryland, barrio escenario continuo de las películas de John Waters. De madre pintora y padre electricista, viene de la clase obrera, de donde salen los mejores. Meyer considera como principales influencias literarias los clásicos americanos como son Virginia Woolf, Faulkner, Joyce, Hemingway, Welty, etc.

Y se nota. Lleva tan solo dos novelas en el mercado, pero menudas dos joyitas, dicen. El Hijo es como han dicho ya varios críticos y cientos y cientos de seguidores que han podido disfrutarla: de esas novelas que se publican y se convierten en clásico instántaneo. Un libro que realmente merece ser llamado obra maestra. Estoy de acuerdo. Súper-archi-recomendado por decenas y decenas de amigos literarios decidí darle una oportunidad y vaya como me ha dejado. ¿Será la nueva moda de este nuevo western que nos acecha? ¿Será lo bien que trata la cruda realidad de una zona del mundo donde todo vale? ¿Será lo brillante que es la narración que atrapa y no te suelta pese a que para nada es una novela ligera?

Una novela sobre hombres duros con armas de fuego. Escenas evocadoras del mejor Hemingway, con el que las comparaciones son inevitables. Un juego de muertes en el sur de USA que también llama al recuerdo, a invocar al mejor Faulkner, pero en mayor medida al mejor Cormac McCarthy, que ya retratara este tema de forma brillante en su gloriosa Meridiando de Sangre.

Escenas dañinas, de rapiña, que hacen daño al lector por su crudeza.

Este joven y talentoso escritor es una las nuevas promesas que alaba el New Yorker. Tiene su propia voz. El Hijo habla de varias generaciones de tejanos: Eli McCullough, su hijo Peter, nietos y bisnieta… En gran medida, sigue una narrativa lineal, se establece antes y durante la Guerra Civil Americana. Peter cuenta lo sucedido a veces en forma de diario, se centra en la Gran Guerra también. Contada después desde el monólogo interior, se extiende hasta finales del siglo XX. Eli McCullough es el personaje más convincente que he leído en mucho tiempo. El primer varón nacido en la recién inaugurada República de Texas.

Durante una fatídica noche de 1849, una banda de comanches asalta su hogar, asesina brutalmente a su madre y a su hermana y lo toma como prisionero cambiándole el destino para siempre. Con apenas trece años, pero armado de valor e inteligencia, se ve obligado a vivir en el seno de la tribu y a adaptarse a sus costumbres tal como era la tradición de los esclavos raptados por los indios de la tierra del oro. Pero llega el hambre, las enfermedades y el avance del ejército americano que masacra pieles rojas por doquier. Los últimos poblados libres casi que desaparecen del mapa. Eli vuelve así al mundo civilizado, donde acabará creando un imperio ganadero.

Su hijo Peter cargará con el peso emocional de la campaña de su padre por el poder, mientras que Jeannie, su bisnieta, luchará para conservar el patrimonio de los McCullough en un mundo de hombres donde la ganadería ha dejado paso al petróleo. El problema emerge, el problema de llevar un apellido problemático en una cultura totalmente masculinizada de la que Eli siempre dijo que no tenia ningún sentido.

La familia peligra. Y retrata entonces el autor, con gracia (si no un don), el tema económico que se vive/vivía en la zona. Capítulos, páginas que vuelan ante ti por todo lo que se cuenta y cómo lo cuenta. Un conocimiento de las costumbres comanches admirable. Y con ese poder que alego a muy pocos escritores de poder escribir (como Hemingway) sobre mujeres ficticias convincentes.

El Hijo es el segundo paso que brilla en una carrera prometedora de autor que llega pisando fuerte. Una novela de argumento épico que explora la crueldad y el dolor de una época, que a día de hoy, por lo que sé, se sigue viviendo en esa zona del Lejano Oeste de Estados Unidos. Una epopeya con la que vivirás junto al protagonista toda una vida. Desde mediados del siglo XIX hasta los recientes años 70s.

Esperaba una buena noticia cuando buscaba información para esta reseña. Notición que he encontrado: Meyer dice haber concebido ya la continuación de El Hijo (http://www.megustaleer.com/libro/el-hijo/ES0113402). Lo que muchos catalogan como una especie de trilogía que empezaría con su primera novela American Rust. Novela que pienso leer en breve. El Hijo fue finalista del último Premio Pulitzer.

No digo más.

Reseña: No Mientas, de Gregg Hurwitz

nomientasComienzo la lectura de la última novedad de la línea editorial La Trama de Ediciones B, No mientas, de Gregg Hurwitz, y con las primeras diez páginas pienso: “ok, la maquinaria de marketing editorial nos la acaba de colar de nuevo”. Porque si uno abre la solapa izquierda se encuentra frases tipo “Te pone los pelos de punta y te funde las neuronas”, por David Baldacci; o “De esos libros que hacen que te muerdas las uñas y no puedas pegar ojo”, y así hasta siete frasecillas del estilo.

Por el amor de Dios, si parece que Hurwitz ni siquiera comprendió aquello que enseñan en todas las escuelas de producción y escritura de thrillers 1.0: “comienza siempre con un bang”.

Así es. No mientas tiene un inicio soso. Muy soso. Diez páginas en las que piensas “como esto sea así todo el rato me voy a morder las uñas pero de angustia por no ver la luz al final del túnel”.

Ay, amigos… el cerebro… ese órgano de nuestro cuerpo que nos hace sacar conclusiones precipitadas. Diez páginas y la cosa se encarrila. Y después un pequeño empujón y cuando te quieres dar cuenta hay un cadáver al que le sigue otro y estás metido en una montaña rusa que desciende vertiginosa con varios loopings a la vista.

Gregg Hurwitz, allá donde estés, ole.

La trama de No mientas es un torbellino, os lo aseguro. La novela está escrita con un estilo ágil que no se detiene en tonterías. Te presenta a los personajes lo justo para que tú te hagas una imagen de ellos. Te da pinceladas de su pasado si lo ve conveniente y siempre para que entiendas sus comportamientos. Y el presente, bueno, el torbellino.

El protagonista cuasi absoluto de la historia es Daniel, un tipo que podría vivir tumbado al sol junto a una piscina de horizonte infinito o de yate en yate porque es el hijo de una de las mujeres más ricas de San Francisco (si no la que más), pero que harto de vivir bajo el yugo opresor de su madre decidió abandonar su trabajo como director de sus finanzas para dedicarse a la mediación y ayuda social entre delincuentes con posibilidades de reincorporarse a la sociedad.

Junto a Daniel conocemos a su mujer, Cristina, a su madre, Evelyn, y a los seis integrantes del que será su último grupo de apoyo antes de dar el salto a la práctica privada de la psicología. Seis tipos, cuatro hombres y dos mujeres, de carácter conflictivo donde Hurwitz saca a relucir su verdadera capacidad como autor y creador de personalidades, y se descubre como un maestro a la hora de retratar la psique humana. Porque, os lo digo, no son partes extensas dentro de la novela pero los momentos del grupo, con Daniel mediando con ellos, son lo mejor de sus cuatrocientas páginas.

La historia: Daniel descubre en su casillero de correo una carta dirigida a otra persona con una amenaza de muerte y con fecha atrasada. Al comprobar el nombre (Dios bendiga a google), descubre que ese hombre, del que nunca ha oído hablar, ha muerto asesinado. A esa primera carta le siguen otras dos, y pronto Daniel se verá metido de lleno en la persecución de un asesino que parece escoger a sus víctimas al azar y que, además, ha decidido que Daniel se encuentre en el centro de la historia. O eso parece.

Y hasta aquí puedo contar sin desvelar demasiado de la historia.

Pero eh, hacedme caso, abrid la solapa izquierda y leed las siete frases publicitarias. Todo lo que dicen en ellas es cierto. Y ese es un gran argumento de venta.

Reseña: Bikini, de James Patterson

bikiniEn Bikini se enredan dos tramas de forma paralela aunque ambas parten desde el mismo punto de inicio: Kim, una espectacular modelo, desaparece en Hawai mientras trabajaba en una sesión de fotos. A partir de ahí, por un lado tenemos a sus padres, que alertados por una llamada telefónica vuelan de inmediato a Hawai, y por otro lado tenemos a Ben Hawkins, un reportero que decide llevar su propia investigación del caso.

Para los padres, lo que les espera en Hawai es el horror.

Para Ben Hawkins… bueno, su objetivo no es precisamente bueno desde el principio. Sí, investiga el caso, y sí, en parte quiere ayudar a la familia y encontrar a Kim, pero lo cierto y seguro es que investiga el caso porque quiere ideas para su próxima novela. Y entonces, cuando menos se lo espera, Ben recibe una visita que le invita a cerrar un pacto… cuando menos perverso.

Nunca he sido muy amigo de las novelas que abusan de los cliffhunger para hacerte leer pero es imposible decir que Patterson lo hace mal. La estructura del libro, narrado en pequeños capítulos que a veces duran una única página y que no suelen pasar de tres, está llena de pequeños giros y finales de capítulo (y como podéis intuir por lo que he dicho, hay muchos finales de capítulo) que terminan en suspense. Eso provoca que necesites seguir leyendo la siguiente página para ver cómo van a salir de esa los personajes, qué es lo que se esconde allí, quién es esa persona, etcétera.

Si tuviera que utilizar una palabra para definir Bikini esta sería sin duda “adictivo”.

Es un bestseller, tiene estilo de bestseller y alma de bestseller. Aquí dentro no hay alta literatura, farragosas descripciones y párrafos en los que se nos muestra algo de manera detallada. En Bikini todo es rápido, cada línea parece hacer que avance la trama.

Los personajes están bien hilados, sobre todo Ben Hawkins, que es a fin de cuentas quien se lleva el protagonismo de la historia. Claro que tampoco tienes demasiado tiempo de pensar en ello porque enseguida está pasando algo que te obliga a mirar hacia otro lado.

Es una novela negra, aunque el devenir de la trama en su segunda mitad podría considerarse como un baile de género, y lo que es sin duda, es una novela que todo amante de las lecturas rápidas y ágiles debería tener en su librería. Patterson han demostrado una vez más que es un gran escritor de thrillers, que domina el género y que sabe qué teclas tocar para mantenerte con los ojos pegados al papel.

Reseña: Cicatriz, de Juan Gómez Jurado

cicatrizCuando comienza la historia conoceremos rápidamente a Simon, un inadaptado social friki de la cultura popular y los ordenadores, que está a punto de presentar una aplicación informática que podría ser revolucionaria a uno de los mayores peces gordos del mundillo. Aunque el que llevará la voz cantante en la presentación es Tom, en principio, el mejor amigo de Simon y mucho más hábil en eso de relacionarse con la gente.

Les veremos firmar un trato que les pondrá contra las cuerdas, dándoles una fecha límite para presentar resultados o lo perderán todo. Y con esa presión encima, y tras una conversación con Tom en la que le queda claro que necesita encontrar una mujer en la vida, a Simon le da por buscar en una página web para encontrar mujeres rusas.

Y así es como Simon encuentra a Irina. Una preciosidad ucraniana de ojos verdes tristes y con una cicatriz debajo del ojo por la que Simon no pregunta. Y ese, como dice la primera frase del libro, fue uno de sus errores.

Después de esa presentación el libro da un salto temporal hacia delante. Varios meses después, con la fecha límite respirando ya en sus nucas y sin encontrar los resultados que necesitan para mantener los derechos sobre la aplicación de Simon. Y encontramos a este en comisaría, a punto de prestar declaración porque Tom ha sido encontrado asesinado y todo apunta a que podría ser el culpable. Y Simon, que ahora vive con Irina, está dispuesto a mentir sobre dónde se encontraba la noche anterior, solo porque ella se lo ha pedido.

Y hasta aquí voy a contar. Seguir hablando de lo que cuenta el libro sería adentrarse en el terreno del spoiler.

Bien, tengo que decir que, si comparamos Cicatriz con la anterior novela de Juan Gómez Jurado, El paciente, lo cierto es que en mi opinión no sale muy bien parada. El paciente mostraba una trama mejor hilada, más intensa… y más larga. Cicatriz, sin embargo, se queda algo corta, uno tiene la sensación de que es “presentación”, “punto de arranque de la trama”, “pasa una cosa”, “pasa otra”, “encuentro final”. Y ya, sin más, trama rápida y sin complicaciones para los personajes, más allá de estar jugándose la vida y tal. Aderezado, eso sí, con unos flashbacks que son de lo mejor del libro…

Ahora bien, si uno ve Cicatriz sin pararse a comparar con otras obras del autor, entonces es innegable que estamos ante un escritor que sabe manejar el thriller y atrapar al lector para que sus libros se beban en un suspiro. En este caso, además, un suspiro rápido porque a pesar del volumen del libro y de su número de páginas, en realidad es una historia bastante corta. Letra grande, márgenes amplios, todo ello para facilitar la lectura y crear esa sensación de avance constante que a la trama le viene al pelo, si me permitís la expresión.

Bien escrita, con una narrativa ágil, va mezclando los capítulos en primera persona (narrados por Simon) y en tercera persona (Irina, sobre todo). La historia de ella la conoceremos mediante flashbacks que nos van a desvelar una historia sórdida y brutal, de caída, redención y ansia de venganza. Una maravilla, sinceramente. Simon es un gran personaje (porque lo es, y resulta sencillo tomarle cariño) pero es Irina la que roba las escenas, a pesar de no ser más que una secundaria realmente, probablemente será el personaje favorito de todos los lectores.

Y de nuevo, como le pasaba con El paciente, este libro sería una buena película. Un thriller de mantenerte pegado al asiento. De los que podría protagonizar Liam Neeson si el personaje principal le pegara físicamente, que no es el caso.

Lo dicho, vais a disfrutar de Cicatriz. Es imposible no hacerlo. Os va a tener pegado a sus páginas y atentos a cada recodo del camino. Porque nunca sabes dónde va a ser donde se tuercen las cosas.

Reseña: La esfera del tiempo, de Juan P. Vidal

la-esfera-del-tiempoDe primeras os diré que tengo sentimientos encontrados con esta novela; vamos a ello.

Partía de una buena sinopsis, que incita a leer más, por lo que a priori el libro me interesaba. Cuando comienza, conocemos a Andrés, un hombre que nos narra en primera persona las cosas que piensa mientras deambula por Nueva York a la espera de hacer un negocio con un grupo de mafiosos. No hay nada raro en eso ya que desde el inicio nos asegura que así ha construido su vida y está acostumbrado a trabajar con ese tipo de gente. De hecho, no es lo que le da vueltas a la cabeza. Sus pensamientos, con cierto tono melancólico (que de hecho empaña toda la novela) viajan por el pasado, por el tiempo que fue y ya no volverá, el amor que tuvo con una adolescente cuya custodia quedó a su cargo después de que fuera arrestada en alta mar por un delito que la madre de la chica cometió.

Y mientras camina por la ciudad se da de bruces con el rostro de aquella chica, ahora convertida en mujer, en la portada de un libro en el que, en palabras de la autora, se narra la biografía de su madre. A partir de ese momento, Andrés se sumerge en la lectura del libro intentando encontrar alguna pista que le revele el por qué ella desapareció de su vida y dónde se encuentra en la actualidad.

Pasaremos de esa manera a tener dos argumentos que avanzan al mismo tiempo. Por un lado la búsqueda de Andrés, perseguido por los mafiosos, y por otro lado la historia del pasado, contado en boca de aquella joven a la que él engatusó.

Desde luego, como punto de partida es muy curioso e incita a querer saber más. Ahora bien, no es un libro de lectura ágil. Aunque Juan P. Vidal demuestra que maneja el arte de escribir, que domina el lenguaje y que es capaz de provocar sentimientos y sensaciones en el lector, la novela es de ritmo pausado. Un libro para sumergirse en él y dejarse llevar por lo que cuenta y cómo lo cuenta. No hay aquí avidez por pasar las páginas ni necesidad urgente de seguir avanzando. Abunda la melancolía, mucha, y la incesante opresión del paso del tiempo y los recuerdos que nos atenazan en nuestro día a día.

Los dos personajes están bien descritos y bien construidos. Otra cosa muy distinta es que consigas empatizar con ellos, pero eso dependerá más del tipo de persona que seas que de la labor del autor. Lo digo porque Andrés es condenadamente pesimista. En las partes que narra él todavía podemos encontrar resquicios que nos acerquen a aceptarle como personaje pero cuando nos encontramos en las partes de ella, a veces, tenemos la sensación de que es un tipo en exceso manipulador. Es parte de la gracia de la historia.

Dije al principio que tenía sentimientos encontrados con esta novela. No se deben al ritmo, puesto que en principio y si la historia me interesa el ritmo no me preocupa, hay libros para leer con velocidad y otros para degustar; tampoco por el hecho de que el personaje principal me haya caído mal. Lo que he llevado muy mal de este libro tiene más que ver con la edición. A ver, Pamiés cuida mucho las novelas que publica, de hecho siempre ha sido una cosa que me gusta de esta editorial. La calidad de los volúmenes es fantástica. Sin embargo, alguien en algún punto del proceso decidió que era buena idea dividir las partes que componen la historia de forma visual y todo el texto que proviene del libro escrito por ella está en cursiva. Y es mucho texto, de hecho me atrevería a decir que más de la mitad del libro. Y, en mi caso (no sé si es algo mío o al resto os pasará también), me resultaba incomodísimo leer tanto texto en cursiva. Hasta el punto en que había ratos en que dejaba el libro de lado porque me agotaba.

Quitando eso, una historia interesante y bien escrita. Si os gustan los dramas con suspense, no dudéis en ir a por La esfera del tiempo.

Reseña: Un juego para toda la familia, de Sophie Hannah

UnJuegoParaTodaLaFamiliaSophieHannahSophie Hannah fue la encargada, hace algo más de un año, de recuperar a Hercules Poirot en una novela titulada Los crímenes del monograma, que ya fue reseñada en Crónicas literarias en su momento. Aquella novela plasmaba a la perfección las viejas novelas de Poirot y recuperaba una ambientación, un estilo y una trama que sabían a añejo y calidad. Aquel fue un libro que disfruté y me gustó pero que, a la hora de la verdad, no quedó grabado a fuego en mi mente como imprescindible.

Bien, pues Sophie Hannah ha regresado con una novela que ya no es esclava de la creación de otros, una trama cien por cien original y suya, titulada Un juego para toda la familia, que esconde tras ese título una trama que, si no queda grabada como imprescindible, desde luego rozará ese límite y se quedará muy cerca. Tanto me ha gustado, sí.

Aquí vamos a conocer a Justine, una mujer que ha dedicado gran parte de su vida a trabajar en el mundo audiovisual británico y que en el momento de empezar la novela está dejando atrás esa vida y el bullicio insoportable de la gran ciudad por una casa en un pequeño pueblo en el campo. Se marcha junto a su marido y su hija y está dispuesta a pasar el resto de su vida haciendo nada. Perdón: haciendo Nada. Así dicho queda extraño pero la forma que tiene el personaje (cuya trama vemos siempre en primera persona, desde el punto de vista de la propia Justine) de explicarlo es no solo original sino también una pequeña genialidad. Resumiendo: ella lo que quiere es, cuando alguien le pregunte a qué te dedicas, poder responde “a nada” y quedarse tan tranquila sabiendo que ha respondido lo correcto, que es feliz no haciendo nada y que le importan un pimiento las prisas, las necesidades, los “tengo que”, las obligaciones…

Vale, ese es el punto de partida pero Sophie Hannah no se anda por las ramas y se mete de lleno en harina en apenas unas páginas. A partir de ahí asistiremos a una doble trama. Por un lado, la historia de Justine contada en primera persona, que descubre un relato escrito por su hija (macabro es decir poco) y se asusta habida cuenta de que Ellen lleva unas semanas un poco rara. A regañadientes consigue sacarle algo de información: al parecer no está llevando bien que hayan expulsado a un compañero de clase por algo que ha hecho ella. Y Justine se compromete a visitar a la directora del colegio y arreglar la situación. Solo que cuando habla con la directora esta le dice que el supuesto expulsado no existe y todo es una invención de su hija… cosa que a Justine no acaba de cuadrarle. Y la forma de comportarse de la directora y de ciertos profesores resulta cuando menos extraña. Y por si fuera poco, recibe un par de llamadas amenazantes de alguien que parece conocerla a la perfección pero ella no tiene ni idea de quién es.

Alrededor de eso se articula una historia que descoloca en varios momentos e intriga hasta el punto de hacerte adentrarte en el texto con avidez, incapaz de dejar el libro a un lado. Y sin embargo, no es lo que más me ha gustado de Un juego para toda la familia, ni de lejos. Intercalado con la historia principal iremos leyendo los capítulos que componen el macabro relato escrito por la hija de Justine, la historia de la familia Ingrey, de lo que hizo Perrine y de cómo y por qué acabó muerta después de hacerlo. Un relato narrado con un estilo maravilloso, en apariencia juvenil pero más elaborado de lo que a primera vista uno podría pensar, con una complicidad para con el lector que resulta envidiable, y con un misterio o dos que también se te meten en la cabeza como lector y estás deseando desentrañar. Porque además el relato es fantástico, una de esas historias que uno al leer no puede hacer otra cosa más que aplaudir y envidiar no haberlo escrito. Una historia que comienza con una adolescente, Perrine, matando al hijo de unos amigos de sus padres. Una historia en la que sabemos desde el principio que terminará con la propia Perrine muerta también. ¿Quién la ha asesinado? ¿Por qué? Esas son las preguntas que te harás a lo largo de todo el desarrollo del relato.

Fantástica, por cierto, la disección de la familia Ingrey, cuyos cabezas de familia se aman a pesar de diferir en todo cuanto piensan, dicen o hacen, hasta el punto de hacer un pacto para criar a sus hijas: a la primera la criarán con una doctrina regulada, obligaciones y estrictos horarios. A la segunda la criarán dándole absoluta libertad para todo. A la tercera, Perrine, le tocará una mezcla de ambos métodos, lo que todos podríamos considerar que es lo normal, horarios y obligaciones pero cierto punto de libertad.

Lo dicho: creo que Un juego para toda la familia es una pequeña joya, una maravilla que no debería pasar inadvertida en las estanterías de las librerías.

Reseña: Secreto de confesión, de Salvador Felip

secreto-de-confesion-salvador-felipLa editorial Pamiés lo ha vuelto a hacer, con Secreto de confesión nos trae un thriller bien elaborado, de los que se cocinan despacio pero dejan un sabor de boca profundo y agradable. Una trama interesante, bien construida, mejor llevada, y unos personajes principales cuidados con mimo.

En Secreto de confesión son dos los personajes que llevan el peso de la historia. Por un lado el padre Martín, un párroco que ve cómo su vida da un vuelco se tambalea en el momento en que escucha en confesión a un hombre que le advierte que ya ha matado y que piensa volver a hacerlo; no a cualquiera, sino al propio sacerdote, pero haciéndole sufrir antes de matarle. Bloqueado por el secreto de confesión que da título al libro, el padre Martín se ve obligado a guardar silencio, probablemente sus dilemas morales y sus miedos son uno de los puntos que mejor refleja Salvador Felip en el libro. Pero claro, el párroco no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados esperando que le llegue la hora, e intentará averiguar quién es el hombre que le asedia a través de esas confesiones.

Por otro lado está el inspector Arteaga, un hombre metódico y rígido con un temperamento cuestionable y un odio compartido con su inmediato superior. Aparece en la historia teniendo que investigar un crimen reciente, una anciana asesinada en circunstancias brutales y extrañas, donde las pistas no parecen encajar entre sí. Sus pesquisas, y una segunda muerte, le llevarán a encontrarse pronto con el padre Martín, y a sospechar de que el cura oculta algo.

Y hasta ahí puedo comentar sin destripar la historia. Como he dicho más arriba, Salvador Felip trata a los personajes con mimo, sobre todo a los dos principales, sus pensamientos, sus dilemas, sus emociones y su forma de hablar, pero también a los secundarios que rodean a los protagonistas. Especial hincapié quiero hacer en el asesino, al que se nos presenta como una voz al otro lado del confesionario, o del teléfono, pero sin ser una presencia física, y sin embargo su forma de hablar consigue meternos de lleno en la conversación, sentirnos burlados cuando se ríe o amenazados cuando amenaza.

El desarrollo de la historia es correcto, sin flecos ni desvaríos. Cualquier acción de los personajes es lógica y comprensible, y eso ayuda a que el resultado sea creíble y te mantenga atrapado durante la lectura de todo el libro. Bien resuelto, además, cuando uno termina de leer Secreto de confesión siente esa satisfacción de haber puesto punto final a una buena historia. Que lo es.

No conocía a Salvador Felip antes de leer esta novela pero tras terminar me he interesado en él como autor (lo cual creo que siempre es una señal inequívoca de que el libro me ha gustado). Ingeniero aeronáutico con un trabajo como consultor informático que combina con la escritura, tiene dos novelas publicadas de corte histórico. Desde luego, su entrada en el universo de la novela negra no ha podido hacerlo con mejor pie.

Por mi parte, queda anotado en el radar de nombres a los que seguir la pista.

Reseña: Hades, de Candice Fox

HadesHades es la primera novela de su autora, Candice Fox, pero al parecer fue toda una sensación en Australia, hasta el punto de llevarse para casa el Ned Kelly Award 2014. A España nos llega de la mano de Pamies con una edición cuidada, como todas a las que nos tiene acostumbrados esta editorial.

Hades se desarrolla en torno a tres tramas que discurren, en apariencia, de manera paralela. Y digo en apariencia porque en realidad una de ellas no es temporalmente correcta respecto a las otras dos… pero eso es otra historia. Bien, en una de las tramas, la que parece llevar el peso del ritmo, Frank Bannet acaba de entrar en el departamento de Homicidios y es asignado como nuevo compañero a una detective fría, dura e indescifrable llamada Edén. En una secuencia que parece sacada de la segunda temporada de Dexter, y gracias a un yonki que ha sobrevivido a un intento de asesinato, descubren que en el fondo de la bahía hay una veintena de cajas en las que se descomponen otros tantos cuerpos de hombres y mujeres asesinados… a los que en apariencia se les ha extraído un órgano. Su investigación y la relación de Bennet con su compañera y el hermano de esta, un capullo con pintas llamado Eric, va moviéndonos poco a poco.

La segunda línea de trama que seguimos tiene que ver con el asesino, un tal Jason, un tipo para el que los demás no somos sino ganado entre el que cosechar cuando más le conviene. Un tipo metódico y cruel.

Y por último, la tercera línea de trama es la que le da título al libro. Hades es un hombre que vive en una pequeña cabaña en lo alto de un vertedero coleccionando todo tipo de deshechos y cosas extrañas. En apariencia su trabajo consiste en manejar el vertedero. Sin embargo, cuando alguien tiene un problema, uno que se ha salido de madre y ha acabado con sangre y algún cuerpo en un maletero, a quien recurre para que haga desaparecer los cadáveres es al viejo Hades. Y en la noche en que nosotros le conocemos recibe la visita de un tipo que lleva en el maletero el cuerpo de un niño y una niña. Sus padres han sido brutalmente asesinados y los niños… siguen vivos de milagro. Hades debería hacerlos desaparecer, es su trabajo y es lo que hace siempre, pero por ninguna razón en concreto, movido únicamente por el instinto, decide quedarse con ellos y curarles sus heridas. Y esos niños, hermanos, se convertirán en su familia y desarrollarán un interés casi académico por el trabajo de Hades.

Candice Fox desarrolla a unos personajes con carisma y personalidad. Desde Frank Bennet (cuya trama está escrita en primera persona frente a las otras dos tramas que están escritas en tercera) hasta el asesino, pasando por Edén y Eric y, sobre todo, Hades. Lo cierto es que en casi todo momento estás deseando que la historia vuelva a ese misterioso hombre, a su relación con los niños, al vertedero en el que viven.

Pero algo que Candice Fox logra sin aparente dificultad es atrapar con todas sus líneas argumentales. Su estilo es interesante, directo cuando debe serlo, descriptivo cuando es necesario, capaz de crear atmósferas en apenas unos párrafos, y el libro se va desarrollando con un ritmo implacable, sin esa sensación de urgencia que caracteriza a los best sellers, con gusto y con cuidado.

Una muy buena novela que no me extraña que haya sido galardonada en su país y que espero que en el nuestro funcione lo suficientemente bien como para que nos puedan ir trayendo alguna otra joya australiana.