Archive for Dolmen Editorial

Reseña: Sangre fría, de Claudio Cerdán

Sangre-friaLa parte positiva de llegar a una novela como esta lo más libre de spoilers posible es que toda su locura y desenfreno te va a pillar por sorpresa. Hay muchas cosas que se pueden destacar de Sangre fría y lo cierto es que no se me ocurre ninguna que se le pueda achacar. Creo que Claudio Cerdán ha escrito una novela muy completa, en muchos sentidos, y eso, en los tiempos que corren y enmarcándose en el subgénero en el que se enmarca (el siempre denostado género Z), ya es catalogable como brillante.

Empecemos por el principio. O por el final, que es por donde arranca Sangre fría. Porque eso es lo que te vas a encontrar cuando abras este libro, la primera palabra que vas a leer es “epílogo”. Lo que al principio puede desconcertar un poco se entiende un momento después, cuando te das cuenta de que el orden no es algo que importe en esta novela. Entre comillas, quiero decir. Sus capítulos están desordenados, pero Claudio Cerdán, con una rocambolesca habilidad, consigue que cuadren de una manera elogiable, que el sentido de ese desorden sea preciso y hermoso y que los capítulos queden hilados con perfección.

A partir de ahí conoceremos al Perrolobo, el protagonista de esta historia, un gitano que es tan duro como mascar cantos rodaos en lugar de chicle. Un tipo duro al estilo de las mejores películas de serie B, heredero de los bajos fondos y las peleas de bar. Un protagonista al que no le falta carisma y que tarda poco en calar en los lectores. Un hombre con un papel en el bolsillo (oh, ese papel), un hijo al que odia pero ama al mismo tiempo, una banda, un par de archienemigos y un golpe en mente. El gran golpe, el que solucionará todos los problemas.

Solo hay un pequeño contratiempo: se va a desatar el apocalipsis, los muertos volverán a la vida y lo harán con un hambre insaciable. Ya sabéis, esto va de zombies.

Va de muertos vivientes pero tiene alma de thriller. De los chungos, de los que tienen por protagonistas a tipos con pocos escrúpulos y menos modales. Perrolobo y su banda, un grupo que me encantaría ver en una película protagonizando esta o cualquier otra de sus andanzas. Hay una cosa en la que Claudio Cerdán es un especialista (bueno, varias, pero esta es una de ellas y es remarcable): tiene un don innato para crear personajes, dotarlos de personalidad y marcarles a fuego el carácter (a poder ser, que lidie en lo hijoputa).

El lenguaje de Claudio Cerdán es como sus personajes. Escribe a bocajarro, sus frases entran por tus ojos pero se clavan en el cerebro con fuerza. Son cuchillos afilados, navajas de medio metro afiladas hasta poder separar un pelo en dos. Su texto es directo, con descripciones que te hacen sumergirte en el mismo ambiente en el que viven los personajes, siendo soez cuando tiene que serlo y dotando al libro entero de una atmósfera absorbente. Y mención aparte a los diálogos, donde cada personaje tiene su forma de hablar, sus coletillas, su propio estilo.

Muchas cosas que destacar, ya lo mencioné al principio. Así que vamos con la trama. Puede que aquí es donde algún lector pueda levantar la mano y decir eh, porque, a fin de cuentas, lo que vas a leer aquí es una historia de zombies. Supervivientes del apocalipsis intentando mantenerse con vida luchando contra los muertos vivientes y contra otros supervivientes tanto o más hijos de perra que ellos. Esto es así. Y sin embargo, ese carácter tan propio de los personajes y ciertos pasajes de la historia (así como esa decisión final, ese “necesitamos algo que sea más valioso que la comida y el combustible y que podamos intercambiar llegado el caso para abrirnos paso”) hacen que a día de hoy, con más de un centenar de libros de zombies publicados en nuestro país (más de la mitad por la misma línea de la misma editorial que publica Sangre fría), la novela de Claudio Cerdán tenga algo que, en el fondo, hace que sigas leyendo sin tener la sensación en ningún momento de ser más de lo mismo. Y eso, en mi opinión, es un (otro más) acierto.

Dejo para el final un detalle peculiar. Sangre fría es una novela de zombies. Puede que eso la catalogue como terror aunque lo cierto es que ni intenta dar miedo ni lo da en ningún momento. Bebe más del thriller, de ese barriobajerismo del que hacen gala sus personajes, pero aparte de la acción casi sin freno que mueve la historia entera, hay otro detalle más: la comedia. Sí, porque Sangre fría tiene un sentido del humor peculiar que provocará más de una carcajada al lector. Yo al menos me reí en un par de ocasiones con las ocurrencias tanto del autor como de los propios personajes.

Ah, y todo sin olvidar que como novela es un homenaje a toda la vida que el subgénero z ha tenido en nuestro país. Entre sus líneas se encuentran guiños, menciones y homenajes en tono cómico a Romero, 28 días después, Tom Z Stone, Carne Muerta…. Referencias que todo lector asiduo a la Línea Z de Dolmen cazará al vuelo donde, los más sonados, serán los de Apocalipsis Z (lo que me pude descojonar, perdonad la expresión, con el capítulo entero que se le dedica), Los Caminantes (seguro que imagináis qué figura es la que se homenajea) e Y pese a todo, a la que homenajea desde el nombre del protagonista hasta la secuencia más surrealista de la historia, con guiño a la película y su primer título. Brutal. Por hacer, hasta se ríe de sí misma en un momento dado.

Así que sí, saturado como estaba (lo reconozco) del mundo Z, esta novela ha conseguido engatusarme una vez más. Me ha mantenido en vilo, con los ojos pegados al papel, concentrado en la lectura, y además de entretenerme me ha hecho reír en más de una ocasión. Así que sí, creo que es una novela recomendable. Desde luego, es más que disfrutable.

Reseña: Sherlock Holmes y los zombis de Camford, de Alberto López Aroca

Sherlock-zombiesCuando comencé a leer la sinopsis de esta novela me dije: “¿Una obra que combina las fascinantes aventuras del detective más popular de la literatura con zombis? Me gusta”.

En ningún momento dudé que esta, para muchos, química tan atípica, iba a dejarme eclipsado durante el tiempo que durase la lectura. Y no me equivoqué. Un par de días y llegué al final, lo cual certifica la calidad de la obra. Aún así, al comienzo, una duda me asaltaba. Y era hacia dónde iba a enfocar el autor la historia: si le iba a dar preferencia a un género Z en pleno apogeo, o si, por el contrario, el devenir de la misma me iba a conducir por temas más detectivescos. Vamos, casi como si estuviera leyendo al propio Sir Arthur Conan Doyle. Palabras mayores, damas y caballeros.

Si os soy sincero, esta obra está más bien centrada en la segunda opción. Esto, para mí, fue como si me hubiera tocado el premio gordo de la tómbola de las ferias de mi localidad. Pero también sería injusto decir que es “solo” una novela detectivesca, pues no se puede obviar que también tiene mucho de género Z. Y ese toque victoriano… ¡Dios, me encanta! Doble premio. Como ven, pellizca un poco de varios géneros, por eso puede gustarle a tantos lectores. No importa que no haya leído nada del detective, Sherlock Holmes, hay algo seguro: su contenido es pura magia y te hará gozar como un enano.

Con mucho acierto, el autor decide contar la historia desde un punto de vista diferente: no será el afamado detective quien nos relate sus peripecias, ni siquiera su ayudante, el siempre fiel doctor Watson; sino un hombre llamado Otis Mercer, él será el encargado de ir desgranando, con minucioso detalle, porque es una obra con bastantes descripciones, esta aventura tan peligrosa como inolvidable. Atentos a la prosa del señor López Aroca. Muy bien hilada en cada capítulo. No es A. C. D., pero se le asemeja. Se nota que el autor se ha empapado la obra del autor británico. Puede que aquí radique su secreto.

Si buscan una fusión de géneros un poco “estrambótica”, Sherlock Holmes y los zombis de Camford es, seguro, su novela. Y Dolmen, con total garantía, su editorial. Cada título es una sorpresa. La Línea Z es lo que busca, se lo aseguro. Son muchos los títulos que he leído de esta colección y, lejos de estancarse en un solo tema, sus novelas me han ofrecido muchísima diversidad, siempre con el género Z como ingrediente principal.

Si aún no les he convencido, trataré de hacerlo diciéndoos que esta novela cuenta, además, con la colaboración de dos genios: Juan de Dios Garduño (autor de Y pese a todo…,  también disponible en esta editorial) es quien hace las correcciones y la portada, como muchos de ustedes habrán adivinado, es por obra del señor Alejandro Colucci. Cuando se reúnen tantos genios, solo puede salir algo bueno. Y esta novela lo es.

Doy fe.

Reseña: Zoombi, de Alberto Bermúdez

zoombiCada vez que decido leer una novela de zombis, algo que no suelo prolongar más de un mes, dicho sea de paso, sé que voy a disfrutar como un enano de su argumento. Normalmente opto por este tipo de género cuando finalizo una novela de carácter histórico o cuyo argumento incite a la reflexión. Sí, gente, es sabido por todos que la “novela Z” no requiere de mucho conocimiento pero, a cambio, te da otras cosas, te proporciona grandes dosis de adrenalina mientras estás sumergido en la lectura, que no es poco. ¡Qué demonios! ¡Esto es una vida extra!

Gente huyendo despavorida de una horda de putrefactos que ansían el sabor de la carne humana y ahí te encuentras tú, en un primerísimo plano, creyéndote a salvo en tu sillón y pasándolo “genialmente mal”. La cuestión es, ¿y si hubiera una obra que te hiciera pensar y te regalara momentos de tensión al mismo tiempo? Pues precisamente esto es lo que sucede en Zoombi, de Alberto Bermúdez, una novela contada en primera persona por un personaje anónimo. Sus anotaciones se basan en recomendaciones y experiencias diarias, a las cuales, el propio autor las denomina como ID, siglas pertenecientes a “Informe/Diario”, no confundir con el documento de identidad en los EEUU, pues se trata de una obra patria, como bien deja patente desde la primera página el sujeto que nos guiará en este peculiar y mortal viaje.

Otra obra más que cayó de la Línea Z de Dolmen. Ya van unas cuantas… y las que me quedan. Me gustan mucho por las razones anteriormente descritas pero, sobre todo, porque cada obra de este género me ofrece un punto de vista diferente a la anterior. He leído sobre zombis detectives cuya misión es hacer justicia en un mundo injusto; una niña pequeña cuyo llanto sirve de alarma para los supervivientes de una devastadora epidemia; zombis rápidos y zombis lentos desde unas perspectivas diferentes; sobre cómo afrontar los hechos y comenzar a crear una nueva sociedad; incluso sobre la esperanza: hay momentos para el amor en un mundo abocado al fracaso…

Lo bueno de Zoombi es su reflexión final: los consejos para seguir con vida en un Apocalipsis de tales dimensiones, la guía para el perfecto superviviente, como si de cursos avanzados se tratara. Muy buen punto de vista este, a mi juicio. Sobre todo, insisto, porque es otra forma diferente de contarlo. Y estoy muy agradecido por ello.

De este mismo autor había leído Mal de mares, una novela que me dejó muy buen sabor de boca y que fue publicada posteriormente a esta. Así pues, tenía muy buenas expectativas en cuanto abrí el libro y comencé a leer la primera página. La novela Z está muy viva, gente, créanme. Estad atentos a las nuevas publicaciones de esta editorial, os va a deparar muchas y muy gratas sorpresas, sin olvidaros de las publicaciones anteriores.

Ahora, he de desconectar un poco del tema “Z”, pero volveré. A pesar de que mi sed ha sido saciada durante un tiempo, pronto volveré a pensar cuál será la próxima aventura de este género. Y os traeré noticias de ello.

Reseña: Gespent, de Ignacio Cid Hermoso

GESPENSTIgnacio Cid Hermoso es uno de esos escritores a los que resulta fácil odiar cuando uno es escritor también porque te hace desear haber sido tú quien escribe sus novelas. Ya me ocurrió con Nudos de cereza, esa maravilla injustamente desconocida para el gran público que te atrapa entre sus páginas y va desgranando una trama que salta entre la amistad infantil y la novela negra. Y ocurre también con Gespenst, su última novela, en este caso publicada por Dolmen dentro de su línea Stoker y primera incursión de Ignacio Cid Hermoso en el terror.

Pero tomemos esa afirmación con pinzas. Gespenst tiene terror entre sus páginas (de hecho, tiene al menos dos momentos capaces de hacerte sentir escalofríos y esa sensación de querer mirar hacia atrás y huir de cualquier zona oscura, por si acaso) pero tiene algunas pinceladas de novela negra (de suspense) y muchas de terror dramático. O drama humano. O como queráis llamarlo. Ignacio Cid Hermoso maneja el terror clásico (en este caso, los fantasmas) con la misma maestría con la que maneja ese otro terror, tan real y cotidiano como es la pérdida de un ser querido, la ausencia arrebatadora de aquello que sujeta nuestra cordura a este mundo.

La trama de Gespenst inicia con la desaparición de Carlos, el hijo de Mario y Alicia, cerca del pantano que medio siglo atrás cubrió por completo el pueblo de Luarma. A partir de ahí la trama baila entre personajes (sobre todo dos bloques: el triángulo que comprenden Mario, Alicia y “la otra”, Ainhoa; y Carlos y sus amigos), baila con la cronología (saltando del presente a los tiempos en los que Luarma estaba a punto de ser anegada por las aguas, del ahora al antes de la desaparición, del presente a la historia de Mario, Alicia y Ainhoa). Y baila con los elementos con los que nos va hilando una trama en la que, en más de una y de dos ocasiones, sentiremos que perdemos el control.

No es esta una historia que te viene mascadita y te explica hasta el detalle más pequeño de antemano. Aquí a menudo nos hará dudar: ¿Carlos ha desaparecido? ¿Está muerto? ¿Vivo? ¿Secuestrado? ¿Asesinado? ¿Ha sido una muerte accidental? ¿Ninguna de esas cosas? ¿Es verdad que has oído un ruido en la habitación de arriba? ¿Otro pequeño sonido en el sótano? ¿Redoblan las campanas del campanario sumergido de Luarma por los muertos? Son infinitas las preguntas que te harás leyendo esta novela y cuando creas que has resuelto una aparecerán otras dos más. Y cuando creas haber resuelto esas dos nuevas, la primera volverá a surgir en tu cabeza.

Y al final… sí, todo queda resuelto y comprendido. Y hay que decir que Ignacio Cid Hermoso nos reserva alguna sorpresa para esa traca final, que sabe lo que hace y que cuando llega, lo hace entrando por la puerta grande.

Gran escritor, gran profundidad en los personajes (ya sea que ocupan muchas páginas de la historia o apenas unas cuantas, cada uno de los personajes de esta historia tiene una vida, una personalidad y una forma de interactuar con el resto que los hace únicos. Y eso demuestra que el autor maneja los hilos con absoluto conocimiento de lo que hace), y una prosa que baila entre lo ágil y directo (cuando es necesario que la trama avance) y lo poético (cuando es necesario recalcar lo que narra). Y en esto último, de nuevo, Ignacio Cid Hermoso te hace sentir envidia. Por su capacidad para sacar belleza de la fealdad. Por su capacidad de decir muchas cosas en apenas una frase. O de hacerte ver con absoluta claridad lo que hay en los ojos de un personaje. Las miradas que describe Cid Hermoso tienen una fuerza que pocas veces verás en otros escritores.

Reseña: La herencia de Hosting, de Vicente García

La-herencia-de-HostingHosting es un pequeño pueblecito perdido en el interior de Estados Unidos. David y Martha Hollister se dirigen al pueblo después de recibir la llamada de un notario comunicándoles que un tío lejano de David, uno de esos parientes de los que nunca habían oído hablar, ha muerto y él es el único heredero. Hasta ahí, todo bien. Los problemas empiezan incluso antes de llegar al pueblo, a unos pocos kilómetros, y a partir de ahí se desencadena una verdadera pesadilla.

Eso es, a grandes rasgos y sin desvelar nada, La herencia de Hosting.

Si queréis saber qué os vais a encontrar cuando abráis este libro, pensad en todas esas películas de terror, a poder ser de Serie B, en las que los protagonistas sufren el acoso de desconocidos que los persiguen, mutilan y asesinan sin tregua. Vale, pues eso es lo que Vicente García ha querido transmitir con esa novela, y desde luego bebe bien de ese aire opresivo que tenían esas películas, donde cada pasaje de calma no es más que el preludio de una tormenta más fuerte que la anterior.

Y como con eso solo no basta, el autor se guarda un as más en la manga, en forma de revelación oculta sobre el pasado de la pareja protagonista. Revelación que, por cierto, trastoca toda la novela dándole un giro a la historia, al estilo e incluso al género.

Ahora bien, no es oro todo lo que reluce. Respecto a la trama de la novela, hay que decir que funciona mejor cuando miras el lienzo al completo que cuando te focalizas en sus partes por separado. Quiero decir con esto que, si bien cuando tienes todo el panorama completo puedes haber disfrutado con lo que te cuenta y llegar a perdonarle ciertos detalles, durante el avance de la lectura a veces esos detalles se hacen un poco cuesta arriba. Y me refiero, sobre todo, a una cosa en concreto: No hay un maldito segundo durante la novela en la que no puedas dejar de pensar “¿PERO POR QUÉ XXXX NO SE LARGAN DE AHÍ?”.

Solo con lo primero que les ocurre yo ya me habría marchado sin mirar atrás jamás. Pero vamos, despedida a la francesa y si te he visto no me acuerdo. Y las cosas no hacen sino volverse más raras y tétricas. Cualquier persona con un par de dedos de frente se marcha de ahí haciendo lo que tenga que hacer. O se encierra en la casa cual castillo ante asedio de ejército enemigo y desde luego, no sale a pasear por ese pueblo. Pero claro, Vicente García está atado, como suele ocurrir en todo ese tipo de películas (ocurre lo mismo sin ir más lejos con casi todas las historias de casas encantadas: “oh, los cuadros se caen, oigo ruidos espeluznantes y algo me hace cosquillas mientras duermo, pero mejor seguiré aquí obstinado en que no pasa nada raro”), por el pequeño detalle del “si se piran, se acaba la historia”.

Respecto a los personajes, hay que decir que no llegué a empatizar con David y Martha por la razón arriba mencionada, me resultaba inverosímil que no pusieran pies de por medio. Sin embargo, el resto de personajes, los habitantes de Hosting… ok, empatizar no, eso es imposible, pero resultan tan malditamente enigmáticos, tan raros, tan tétricos… que consiguen el efecto deseado en cualquier historia de este tipo, que estés toda la novela (hasta que se descubre el pastel) preguntándote por sus intenciones, extrañándote por ciertas conductas… en todo momento tienes una sensación que solo se puede definir con esa expresión tan americana que es what the fuck.

Y está bien, porque en varias ocasiones piensas que ciertas cosas son absurdas pero acaban teniendo sentido. Todo tiene sentido en Hosting excepto por qué se quedan ahí David y Martha, y eso, al Gran Lienzo que es la trama de la novela, le viene muy bien.

Dos detalles más: Uno, En la novela hay mucho sexo y en ocasiones, para mí, no viene a cuento. O sí, depende de cómo lo mires. Desde el Gran Lienzo o desde el avance normal de la lectura. Muchas cosas en Hosting no son lo que parecen a primera vista.

Dos, los diálogos. Probablemente donde más flojea la novela. La trama puede gustar más o menos (y como digo, si uno es capaz de superar esa constante sensación incómoda de no entender del todo el comportamiento de muchos personajes, y llegar al momento en el que se descubre el por qué y todo cobra sentido, entonces la trama gana enteros); los personajes pueden caer mejor o peor; La ambientación está conseguida; la historia contiene pasajes tétricos, otros con un tono de humor negro bastante curioso, y un final más cercano al thriller que al terror; pero en ocasiones los diálogos suenan forzados, poco naturales. Y es una pena, porque Vicente García consigue empujarte a través de una narrativa sencilla, ágil y efectiva, y algunas conversaciones se vuelven un poco resbaladizas. No hasta el punto de ser farragosas o hacerte desear dejar el libro, pero afean un poco el conjunto.

¿Lo mejor de La herencia de Hosting? A mi me gustó la doble revelación que ocurre durante el último tercio de la novela. Digo doble porque por un lado te desvela los secretos de ese pueblo haciendo que cobre sentido todo lo que te ha mantenido extrañado durante los dos primeros tercios; y por otro lado se revela algo sobre los protagonistas que, como he mencionado antes, le da un giro a toda la novela hasta el punto de cambiar de género. Y a mí, cuando una historia se revuelve para mostrar otra cara, y lo consigue, me encanta.

Reseña: El huerto del espantapájaros, de Jorge Arjona

el huerto del espantapájarosEl huerto del espantapájaros comienza como un cuento infantil, la típica historia que uno le leería a sus hijos antes de dormir. Jorge Arjona le insufla a la historia, desde bien pronto, el aire de una leyenda. A medida que uno avanza en la historia, saltando de personaje en personaje gracias a la mano del marinero Mills, Embla se convierte en el escenario de una historia que se presenta como épica. Y también bastante ligera. Sigue teniendo ese toque que la hace parecer un cuento… hasta que deja de serlo.

Jorge Arjona tenía muy claro lo que quería contar desde el principio, y en el momento en que se quita la máscara, transforma todo ese paisaje que nos ha pintado hasta entonces, en una pesadilla atroz.

¿De qué va El huerto del espantapájaros? Es la historia de lo que ocurre en Embla, un pueblecito en apariencia pacífico sobre el que pesan, tal vez, demasiadas desapariciones de niños como para pensar que se trata de algo normal. Es la historia de Alicia y Juto, dos niños que se despiertan en mitad de la noche para descubrir que todos los que consideraban vecinos y amigos se dirigen a su casa portando antorchas. Y que van a por ellos. Y que sus padres forman parte de lo que quiera que sea eso. A partir de ahí, Alicia y Juto tendrán que huir al bosque, perseguidos en todo momento por la turba que quiere atraparles. Inconscientes de que, en realidad, esa turba es el menor de sus problemas. Hay algo más persiguiéndoles, algo terrible, algo tan antiguo como mismo mundo y tan maligno como solo puede serlo el infierno.

No es de recibo hablar más sobre la trama, es mejor que lo descubráis vosotros mismos. Pero sí puedo deciros que el estilo de Jorge Arjona es de los que calan. Aparentemente, en principio, suena demasiado ligero como para estar delante de una novela de terror. Es sencillo, es directo, se la juega con las descripciones justas y no utiliza un lenguaje denso en ningún momento, y esa ligereza que mencionaba es parte del juego. Debes sentir Embla como un pueblecito de cuento infantil, el autor quiere que lo sientas así. Cuando despierte el terror, desearás que aparezca un príncipe salvador, un mago todopoderoso o cualquier otro deus ex machina factoría Disney. Tus esperanzas serán en vano, amigo.

Decía que su estilo es de los que calan. Bien, si algo llama la atención en la forma en que está narrada esta novela es en la voz (o las voces) elegidas para hacerlo. En principio, tenemos a un narrador omnisciente y que fue testigo de parte de los hechos, el marinero Mills es con quien comienza la historia pero no es el único personaje del libro y ni siquiera estuvo presente en toda la historia. Por tanto, el libro saltará de personaje en personaje, siempre en primera persona, según lo que Mills cree que vivieron y sintieron dichos personajes, y consiguiendo con ello Arjona que la historia encuentre un equilibrio de lo más interesante. A mi gusto, todo un acierto el elegir esa forma de contar la historia.

Cuenta con una trama sólida, una recreación y una ambientación que se sostienen firmes, y unos personajes claros y sin fisuras. Algunos, en mi opinión, demasiado escasos de fondo pero todos ellos comprensibles y distinguibles unos de otros. Tal vez, darles más chicha a esos personajes que se quedan cortos habría significado atiborrar de datos partes de la historia que tampoco los necesitan. Porque también hay que decir una cosa: El huerto del espantapájaros es una historia corta, pero creo que tiene la duración justa, y eso siempre es un acierto.

Adentraos sin miedo en Embla. Cuando estéis aquí, y no tengáis escapatoria, el miedo os atrapará.

Reseña: Idyll, de Elio Quiroga

idyllEsta reseña va a ser breve, y lo siento por ello, pero entenderéis las razones ahora:

Idyll es salvaje. Si alguien me pregunta mi opinión sobre la última novela de Elio Quiroga, publicada en la Editorial Dolmen, diría eso, que es salvaje. Tanto que, de hecho, no he sido capaz de terminarla. Hay quien verá esto como algo negativo, como una crítica feroz, pero nada más lejos.

Elio Quiroga es un tipo con una capacidad innata para contar cosas perturbadoras. Lo sé desde que vi aquella película escrita y dirigida por él llamada La hora fría, escrita y dirigida por él, una pequeña joya que encontré por casualidad en un videoclub (cuando todavía existían) y que vi sin ningún tipo de expectativa; una película que no sabes que es una joya hasta su última secuencia.

Que me voy por las ramas: Idyll. Salvaje. No fui capaz de terminar el libro, pero fue por una cuestión personal, dado que la etiqueta de “contenido apropiado para mayores de dieciocho años” que tiene el libro en la portada es absolutamente veraz pero no se trata del primer libro que leo que tenga dicha etiqueta. Y he visto películas salvajes sin apartar la mirada (¿descuartizamientos? No pasa nada. ¿le van a poner una inyección al personaje y el director hace el típico puto plano de la aguja entrando en la carne? Eso Víctor no es capaz de verlo y se tapa los ojillos). Simplemente, en este momento de mi vida, con dos niños pequeños en mi casa, me he vuelto un poquito más sensible a los temas que involucran críos. Y en Idyll hay temas que involucran críos.

Lo dicho, no debe ser tomado esto como una crítica. Hasta donde fui capaz de leer, que fue bastante avanzada la novela, creo que la historia resulta interesante, está bien escrita y tiene dinamismo y fuerza. Los personajes, además, son rotundos y no muestran fisuras en su elaboración. De hecho, que conste, tengo intención de terminar de leer el libro, quiero saber qué pasa en ese condenado lugar, pero necesitaba parar y respirar una bocanada de aire fresco, interrumpir la lectura con algo más ligero antes de profundizar en esa locura. Y he aprovechado para contaros mis impresiones hasta el momento.

Idyll es una novela para estómagos resistentes. Así como lo era El manantial de Alejandro Castroguer. No, definitivamente Dolmen no pone esa etiqueta por ponerla. Así que ya sabes, si eres de los que disfrutan con las emociones fuertes, déjate coger de la mano por Elio Quiroga y adéntrate en ese paradisíaco lugar.

Y luego atente a las consecuencias.

Reseña: Promesas de algún día, de Javier Martos

promesasdealgundiaHace tiempo que Javier Martos me hizo llegar este libro porque quería que le escribiera el prólogo. Sabía que no era su primera incursión en las letras aunque hasta la fecha no había leído nada suyo, pero acepté.

Ha pasado algún tiempo, por lo que no me veo capaz ahora mismo de meterme a comentar la trama sin arriesgarme a meter la pata, pero puedo decir cuáles fueron mis impresiones tras leer su historia.

Enmarcada en la Línea Z de Dolmen, todos sabemos que dentro del libro vamos a encontrarnos muertos vivientes, o sucedáneos, en algún momento. A estas alturas de película, al escritor de turno más le vale contar con algo de originalidad en su planteamiento si no quiere oler a cansino. Bien, ese no es el problema de Martos. De hecho, una vez acabada la novela uno se pregunta si tiene algún problema. Yo no fui capaz de encontrárselo, como no fuera que se me hizo corta la historia.

Javier Martos nos presenta el temido apocalipsis en mitad de un secuestro. Con unos padres dispuestos a cualquier cosa por recuperar a su hijo, y un título que invita a soñar y que encuentra su significado cuando la novela está ya en su recta final. En el caso que nos ocupa no hay cadáveres reanimados con ganas de devorar carne humana, sino “rabiosos” que se parecen más a los infectados de 28 días después, aunque sin virus mediante… puesto que la oleada de violencia es desatada por un cometa que cruza el espacio demasiado cerca de nuestro planeta.

El libro está dividido en dos partes bastante claras a nivel narrativo. La primera parte ejerce de presentación e incluye la acción pertinente a todo lo que rodea al secuestro y al inicio del fin. La segunda parte… la segunda parte es el después, y es mejor no decir nada y dejar que os adentréis en lo que el autor ha querido contarnos.

Javier Martos muestra un estilo sencillo y claro, directo cuando debe serlo y descriptivo cuando conviene. No recuerdo haber tenido la sensación de estar abrumado por datos o descripciones en ningún momento, no recuerdo bajadas de ritmo ni momentos lentos. En Promesas de que algún día todo transcurre a su ritmo, sí, y la mayor parte del tiempo ese ritmo está acelerado, como si tuviéramos un arma apuntándonos a la nuca en todo momento. Es fácil sentir la desesperación de esos padres, la angustia del niño y la desesperanza que se instala en el alma de todos los que van sobreviviendo a la primera fase del apocalipsis.

Espectaculares dos momentos que señalo sin hacer spoilers: el primer estallido de violencia ante las puertas abarrotadas de gente de la residencia Cornos; y la “secuencia” de la gasolinera, completamente cinematográfica, sangrienta y sin concesiones de ningún tipo.

Y luego… sí, promesas de que algún día.

Dadle una oportunidad. Se lo merece.

Reseña: Cabeza de ciervo, de Francisco Miguel Espinosa

cabeza-de-ciervoEsto se parece más a un orgasmo que a una reseña.

Ni siquiera tenía intención de leerme este libro. Había visto la portada de Daniel Expósito y me gustaba, pero por alguna razón, no me llamaba la atención. Fue un amigo el que me dijo que valía la pena, un tipo de cuyo criterio me suelo fiar, así que decidí darle una oportunidad a la cosa, a ver qué me encontraba tras la cubierta.

Vaya por delante esto: Por el momento, es lo mejor que he leído este año. Bien escrita, sin densidad y directa al grano en todo momento, con un estilo narrativo ágil y unos personajes bien elaborados y coherentes. Pero sobre todo, y aquí es donde más aplaudo a Francisco Miguel Espinosa: con una trama que se va desenvolviendo con la cadencia perfecta, el ritmo adecuado y el tempo necesario.

No es estrictamente una historia de terror, pero tampoco sabría muy bien cómo definirla si me obligan a poner una etiqueta que defina su género. Cabeza de ciervo es la historia de un asesino que pone en jaque a la ciudad de Abismo, un demonio que luce una cornamenta y un morro alargado y que arrastra una pesada maza con la que aplasta a sus víctimas para después llevarse la cabeza y los fémures. Pero Cabeza de ciervo  es también la historia de Abismo, una ciudad orgullosa de su monumento más representativo, una piedra llamada El Gallo por su parecido extraordinario con el ave que le da nombre; una ciudad habitada por personas a las que llegaremos a conocer como si nosotros mismos viviéramos allí. Una ciudad que esconde más de un secreto bajo su fachada de cotidianidad y felicidad.

No quiero desvelar nada sobre la trama porque merece la pena adentrarse en la historia conociendo lo mínimo posible. Os puedo asegurar que os atrapará y os arrastrará, que seguiréis el rastro de sangre que va dejando tras sus pasos este violento asesino, el hombre al que llaman Cabeza de ciervo. Que os aliaréis con el ayudante de sheriff, Bob, un tipo con el que resulta muy complicado empatizar pero que se convertirá en la única persona que puede detener al monstruo. Ojo, cuando digo que es difícil empatizar con él no es porque sea un personaje mal elaborado, sino porque su vida es tan desastrosa que inconscientemente querrás apartarte de él lo máximo posible. Como personaje, chapeau.

Tengo que decir, eso sí, que cacé la identidad del asesino (no el nombre pero sí el quién), desde el principio. Es posible que sorprenda a muchos de los lectores pero en mi caso… no hay relación real entre Abismo y el Castle Hill que yo creé para El cuarto jinete, y sin embargo en la manera de entrar a la población para conocerla a ella y a sus habitantes, encontré algunos paralelismos que me hicieron sonreír… y pensar “ahí colocaría yo al asesino”. Y así fue. Curiosidades que le pasan a uno.

Ahora en serio, y para terminar, no dejéis escapar este libro. Es una lectura amena, rápida y que vale mucho la pena. Francisco Miguel Espinosa es uno de esos autores a los que seguir la pista con futuras publicaciones.

Queda dicho.

Reseña: Renaissance, de J.J. Lucas

reinassanceHacía un par de meses que no leía una novela de género Z y eso para mí era mucho tiempo. Había llegado el momento de hacerlo y no tuve ninguna duda donde buscaría mi siguiente lectura: en la web de Dolmen, la editorial especializada en este género que bastante a menudo incorpora nuevos autores que aportan nuevas ideas y expanden el glosario de este fascinante mundo apocalíptico. No me costó nada decidirme a leer Renaissance. La caída de los hombres,  la primera parte, de lo que (supongo) será una trilogía, escrita por el toledano J. J. Lucas. Elegirla, como digo, fue sencillo: bastó echar un vistazo a la sinopsis y voilá, ya la tenía en el punto de mira, lista para ser “devorada”. Fue abrir el libro, comenzar la primera página, y ya no pude soltarlo. No solo es adictiva sino que, además, es diferente, pues añade nuevos elementos al género, con lo cual el factor sorpresa está garantizado y con ello la convierte en una novela original que tiene un ritmo de acción constante muy acertado durante la narración. Sí, amigos, me encantan las nuevas aportaciones como, por poner un solo ejemplo, la nueva idea de contagio: si matas a un whiteye, (nombre que el autor le da a los muertos vivientes), la presencia del virus se queda en el aire y es capaz de infectar a quienes se encuentren en un radio de un kilómetro. Además, el virus permanece activo durante un mes después de la muerte del portador, lo que lo hace aún más mortal que cualquier otra infección de esta índole narradas en otras novelas de género Z. Esta anécdota crea un clima de tensión que el autor sabe manejar, induciendo al lector a un estado de vigilia constante, como si fuera uno más de los protagonistas de Renaissance. La caída de los muertos.

Pero esta no es la única novedad respecto a otras novelas similares. Prepárense para las muchas sorpresas que J. J. Lucas os tiene reservada. A mí me han gustado mucho las nuevas ideas que el autor me ha obsequiado. Es como leer sobre el género por primera vez. Sí, son zombis, pero ¡menudos cambios respecto a todo lo conocido hasta el momento! Hay ciertos aspectos que me recuerdan a Soy leyenda, del excelente Richard Matheson. Palabras mayores, señores.

En el año 2023 el Virus Verónica, conocido como el VV, arrasa la ciudad de Nueva York. En el 2029, poco más de ciento veinte personas han logrado escapar al brote. Estos supervivientes se refugian en el campo Renaissance, una fortificación reconstruida apenas un año después de la catástrofe y que se halla situada a sesenta kilómetros al sudoeste de la ciudad más conocida de lo que queda del planeta, en un enclave lo suficientemente elevado para poder interceptar al enemigo y así eludir la distancia adecuada para que el virus no afecte a los habitantes de un refugio que antaño sirvió de polvorín al ejército de los Estados Unidos.

Si bien el sistema de propagación tiene un alto índice de riesgo entre todos los que no han sucumbido a la epidemia, aún se atisba una mínima esperanza cuando, cuatro años después del primer brote, en una de las expediciones que se suceden cada cierto tiempo en busca de alimentos y otros elementos de vital importancia para el mantenimiento de la nueva colonia formada en el campo Renaissance, los militares encuentran un superviviente que ha estado oculto en el sótano de su granja. Un hombre de sesenta y ocho años que ha pasado por una experiencia traumática: oculto en la oscuridad durante todo ese tiempo. Sin embargo, es un hombre que puede significar algo de vital importancia en la búsqueda de respuestas de las investigaciones que la doctora Phoebes Rubbyn está llevando a cabo para volver a la normalidad. Si es que aún hay tiempo porque esta nueva especie que ahora invade las calles, parece dar síntomas de estar aprendiendo. Y su avance es inminente…

Me ha gustado mucho la forma en que el autor ha enfocado este trabajo. Básicamente, esta entrega se basa en la narración de los personajes, la forma de llegar al campamento, las bajas que hubo en el camino y el rescate. Pero sobre todo, se centra en las decisiones de los supervivientes, dirigidos por el coronel Lawrence Newseth. No hay descanso, es una novela con mucha acción y, como dije, con muchas sorpresas. Léanla y descúbranlas por sí mismos.

Hay algo, para finalizar esta reseña, que me ha llamado mucho la atención, y es que J. J. Lucas no haya cursado estudios universitarios. ¡Quién lo diría después de haber leído esta novela! Es un claro ejemplo de sacrificio y perseverancia, una realidad del tópico “el que la sigue la consigue” y un espejo en el que mirarse todos aquellos autores que no tengan ningún título académico y aún duden de que es imposible alcanzar metas importantes si no se tienen ciertos niveles de estudios.