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Reseña: Los Hombrecitos Integral (1976-1978), de Seron y Mittéï

loshombrecitosUna de las puntas de flecha del buen momento del cómic que volvemos a vivir es la recuperación de clásicos que, o bien teníamos olvidados, o bien jamás pensamos volverlos a ver disponibles y en un formato tan bueno como merecen; tapa dura con cartoné y como no, en formato integral.

El que muchos títulos aún se mantengan escaneados, ha facilitado gratamente esta labor. Y con ello, y un gran esfuerzo para que el aficionado siga disponiendo de lo mejor, encontramos a Dolmen Editorial lanzando titulazos de época como Los Hombrecitos (Les Petits Hommes). Una serie de cómic franco-belga, de aventuras y humor, creada por Pierre Seron, y los guionistas Desprechins y Jean Mirette (alias Mittéï), a finales de los 60s.

Aunque se finalizó casi cincuenta años después. Voy a partir de cero, para que los más viejóvenes lectores puedan asentir más de una vez con la cabeza mientras van leyendo esta reseña; y el que llegue con nuevos ojos, disfrute descubriendo un tesoro que se creía perdido.

Publicada originalmente por Ediciones Dupuis, estos personajes aparecieron por primera vez en la revista Spirou #1534 (jajaj sí, no está mal el número, estos franceses…). Fue el 7 de septiembre de 1967 y hasta loshombrecitos022015. ¿Y qué encontramos? En el pequeño pueblo de Rajevols comienza la aventura. Un investigador encuentra un trozo de meteorito en su jardín. Lo que no sabe es que su descubrimiento cambiará la vida de los habitantes del pueblo. Este peñasco de piedra espacial, si la tocas, reduce tu tamaño hasta hacerte minúsculo. Pero no se detiene ahí la cosa, ya que un simple contacto físico con una persona ya “infectada”, causa el mismo efecto. Maravillosa premisa, ¿no?

Con esta base, comienzan a darse toda una serie de aventuras y desventuras con las que viajaras a un fantástico mundo con todo lo que significa poder usar el poder de esa piedra para el Bien… o para el Mal. O para seguir sobreviviendo, por ejemplo. Y después de que toda la gente del pueblo termine encogiendo, ¡no loshombrecitos03tendrán más remedio que crear una nueva ciudad! ¡Eslapión! Gracias al Dr. Joachim Hondegger, los hombrecitos obtienen también con celeridad una tecnología muy avanzada, lo que les permitirá enfrentarse a todas las dificultades que empezarán a surgir…, como buen cómic franco-belga, con cada álbum.

Dolmen Editorial nos trae estos maravillosos tomos, recopilados por año de publicación. Aventuras, en este caso, como las que vieron la luz entre 1976 y 1978. Más historietas inéditas (sí, totalmente), inéditas en español. En Las zarzas del samurái, los habitantes de Eslapión deberán enfrentarse a unas gigantescas y voraces plantas cuyo origen se desconoce y cuya vida al aire libre, se vuelve totalmente imposible por su culpa.

loshombrecitos04Estoy muy de acuerdo con que el diamante en bruto, la joyita argumental del tomo (y me da que una de las mejores de la serie) es la aventura que Renaud y sus compañeros, protagonizan durante los dos álbumes llamados El triángulo del diablo y El pueblo de las profundidades. Un misterio a desvelar ubicado e inspirado en el eterno enigma del Triángulo de las Bermudas. Salpicado con un “dulce” paseo por la mismísima Atlántida.

Estos pueden ser los guiones más completos que trae pero el tomo se acompaña de más historias dignas de recordar. Un ejemplar que se puede leer independientemente de los anteriormente publicados. Historias cortas y atractivas como Un ángel pasó por Eslapión, la cual abre el tomo, y que fue publicada en un ejemplar de la revista Spirou y te provocará una sonrisa, sobre todo, si la degustas en Navidad.

Además de un cierre de ejemplar con un colofón de extras y una buena labor de documentación para detallar a todo lo que el mundo de Los Hombrecitos se refiere. Una serie que combinaba el humor y la Ciencia Ficción de forma genial. Que estaba destinada a convertirse durante cinco décadas en uno de los cómics europeos de loshombrecitos5referencia. Un detallazo a regalar/se él o para el viejóven pero también un nuevo mundo a descubrir para el interesado o recién llegado (“ado”, “ado”).

O como en mi caso, para dar pie a mi peque a nuevos mundos chulos por descubrir. Mostrarle así uno de los cómics con los que su padre (y su abuelo) disfrutaron en algún momento de su vida. Con los que viajaron tan lejos como cerca.

Reseña: Makinavaja, el último chorizo. 1986-1987, de Ivá

makinavaja-el-ultimo-chorizoRamón Tosas Fuentes, conocido artísticamente como Ivà, (1941-1993) fue otro de las grandes de este país. Un historietista español que trabajó en revistas como El Papus (de la que llegó a ser director), Barrabás o El Jueves, donde creó sus dos obras más potentes: Historias de la Puta Mili o Makinavaja; que reseñamos hoy. Dos obrazas dentro del cómic nacional, objeto de adaptaciones a otros medios.

Delincuentes menores hubo y habrá, en todos los momentos de la historia, pero pocos le robarán a uno la gracia de Makinavaja. Cuentan que Ivá vivió muy de cerca todo el ambiente de la delincuencia de bajo nivel, de carteristas y de este tipo de personajes de la época, estereotipos que aún hoy en día se pueden vislumbrar en cualquier barrio-chungo de cualquier ciudad. Makinavaja nació en la mente del autor mientras residía en un Hostal, donde por sus pasillos deambulaban putas, macarras, camellos y mucha policía secreta recién salida de la academia. Dicen que Ivá y el director de El Jueves en aquel momento, hicieron amistad con la policía y los llevaban a las redadas, e incluso a veces, terminaban tomando copas con los “chorizos”…

makinavaja-el-ultimo-chorizo03La década de los 70s en este país fue buena para el aumento de la cultura popular, pero fatal para la juventud sedienta de probar todo lo nuevo, sin importar las consecuencias. Ivá regresó en 1986 de una larga estancia en Venezuela, con dos propuestas geniales bajo el brazo: Historias de la puta mili, con el sargento Arensivia, y Makinavaja, el último chorizo. El éxito fue rotundo a nivel lector. La primera estaba basada en sus anécdotas sobre el servicio militar, esas historias que a los hombres tanto nos gusta narrar. Y la otra en un personaje del entorno narrado antes.

Makinavaja, el último chorizo, es un claro ejemplo del costumbrismo del momento fresco, hortera y casposo de la España de la época. Bastantes entendidos dicen que Ivá podría haber hecho cualquier cosa en ese momento y makinavaja-el-ultimo-chorizo02explicarlas de forma genial.

Makinavaja, el último chorizo, cuenta historias cortas de un vulgar atracador del mismo nombre (aunque abreviado a veces como “Maki”) y chapado a la antigua, que lleva tupé rockanrolero y que junto a sus inseparables compañeros, Popeye (“Popi”) y Mustafá (también conocido como “Mojamé” o “Moromielda”), deambula por las calles de Barcelona cometiendo todo tipo de fechorías.

Maki tiene una peculiar forma de vivir la vida, ora filósofo, ora poeta y de marcada tendencia anarquista. Su “cuartel general” se encuentra situado en una tasca del Barrio Chino llamado El Pirata, donde gracias al dueño suelen guardar todo tipo de armas, alijos de droga y…, algún que otro cadáver enterrado en la bodega.

El lenguaje fue otra de las grandes armas de Ivá. Expresiones como ‘cagontó’ o ‘po fueno, po fale, po malegro’, se hicieron de difusión popular gracias al cómic. Hay muy pocos humoristas que hayan conseguido repercutir en nuestro lenguaje y convertirlo en fenomeno social como hiciera Chiquito de la Calzada con sus chistes o Ivá con sus creaciones. No obstante, Popeye, Mustafá, El Pirata, El Pitufo…, los personajes que aquí se descubren tienen su cierta profundidad, como se demuestran en algunas historietas. Guiones que por su solidez, en ocasiones, permitieron adaptaciones al teatro, cine o televisión.

makinavaja-el-ultimo-chorizo04En esta época de los Integrales, Dolmen Editorial se apunta al momentazo comiquero que estamos viviendo, trayendonos joyitas como Makinavaja, el último chorizo, con todo lo publicado entre 1986 y 1987. El personaje toma el nombre de la canción Mackie el Navaja popularizada por José Guardiola, adaptación al español del éxito Mack the Knife (Mack el Cuchillo en inglés).

De esta idea sacó Ivá uno de los personajes más carismáticos y evocadores de nuestra sociedad, de nuestra vuelta a la actualidad en nuestros queridos años 80s. Aún tras la temprana muerte del autor en 1994 del autor, la serie siguió reponiéndose una y otra vez. Pero recopilada en tomos, ahora mismo, casi imposibles de conseguir.

De ahí lo necesario de tener este.

Reseña: El libro de Sarah. La fortaleza del tiempo, de Vicente García

ellibrodesarahImagina que un día cualquiera vas por la calle y te acusan de algo que tú no has hecho. Imagina que te cruzas con alguien que es idéntico a ti pero que al verte sale corriendo. Imagina que esa persona pierde el teléfono móvil y al recogerlo descubres fotografías de ti misma pero en lugares en los que nunca has estado.

Y así, comienza El libro de Sarah.

Desde las primeras páginas, nos queda claro que la Sarah que da título al libro va a ser la protagonista en exclusiva. Vicente García nos presenta a una chica a la que no le gusta el entorno en el que vive (hace poco su familia tuvo que mudarse y dejó atrás amigos y compañeros), con bastante personalidad y, en ocasiones, algo peculiar. Sarah, por mucho que deteste el término, descubrirá pronto que es “la elegida”.

Sarah viajará hasta la Fortaleza, un lugar mágico donde aprenderá a viajar entre realidades alternativas en las que deberá luchar contra un ejército maligno de sombras y terraformadoras, unas máquinas que pueden destruir civilizaciones enteras.

Estamos ante un libro lleno de magia. En general, me dio la impresión de estar leyendo un libro que pretende abrir el camino a una posible saga. No sé si esa será la intención de Vicente García, pero desde luego el universo creado en este volumen da para mucho y puede explotarse de formas muy interesantes.

Sarah comparte aventuras con diferentes versiones de sí misma (algunas de ellas muy distintas, otras no tanto, dependiendo de las cosas que le hayan ocurrido en las realidades que habitan), y también con personajes míticos y literarios que van desde Sherlock Holmes a Atreyu. Lo cierto es que las referencias son numerosas y en ocasiones me preguntaba si los lectores a los que va dirigida esta obra (jóvenes) las pillarían todas. Desde luego, como adulto y lector que soy, ha sido una de las cosas que más me ha fascinado de este libro.

Si tengo que mencionar qué es lo que menos me ha gustado del libro diré que no es algo que tenga que ver realmente con cómo está escrito, sino con la franja de edad. Creo que es una historia dirigida a jóvenes y a mí, en ocasiones, se me quedaba corta y me costaba sumergirme en él. Es cierto que el ritmo de la novela es cambiante, pero no creo que resulte un verdadero problema. A fin de cuentas, cuando acelera lo hace consciente de la necesidad de atraparte de cara a la acción y cuando baja las pulsaciones es porque necesita preparar a los personajes y hablarte de los contextos.

Pero si eres público objetivo de la novela, joven y con interés por el fantástico, no lo dudes. Te espera un viaje apasionante.

Reseña: Sangre fría, de Claudio Cerdán

Sangre-friaLa parte positiva de llegar a una novela como esta lo más libre de spoilers posible es que toda su locura y desenfreno te va a pillar por sorpresa. Hay muchas cosas que se pueden destacar de Sangre fría y lo cierto es que no se me ocurre ninguna que se le pueda achacar. Creo que Claudio Cerdán ha escrito una novela muy completa, en muchos sentidos, y eso, en los tiempos que corren y enmarcándose en el subgénero en el que se enmarca (el siempre denostado género Z), ya es catalogable como brillante.

Empecemos por el principio. O por el final, que es por donde arranca Sangre fría. Porque eso es lo que te vas a encontrar cuando abras este libro, la primera palabra que vas a leer es “epílogo”. Lo que al principio puede desconcertar un poco se entiende un momento después, cuando te das cuenta de que el orden no es algo que importe en esta novela. Entre comillas, quiero decir. Sus capítulos están desordenados, pero Claudio Cerdán, con una rocambolesca habilidad, consigue que cuadren de una manera elogiable, que el sentido de ese desorden sea preciso y hermoso y que los capítulos queden hilados con perfección.

A partir de ahí conoceremos al Perrolobo, el protagonista de esta historia, un gitano que es tan duro como mascar cantos rodaos en lugar de chicle. Un tipo duro al estilo de las mejores películas de serie B, heredero de los bajos fondos y las peleas de bar. Un protagonista al que no le falta carisma y que tarda poco en calar en los lectores. Un hombre con un papel en el bolsillo (oh, ese papel), un hijo al que odia pero ama al mismo tiempo, una banda, un par de archienemigos y un golpe en mente. El gran golpe, el que solucionará todos los problemas.

Solo hay un pequeño contratiempo: se va a desatar el apocalipsis, los muertos volverán a la vida y lo harán con un hambre insaciable. Ya sabéis, esto va de zombies.

Va de muertos vivientes pero tiene alma de thriller. De los chungos, de los que tienen por protagonistas a tipos con pocos escrúpulos y menos modales. Perrolobo y su banda, un grupo que me encantaría ver en una película protagonizando esta o cualquier otra de sus andanzas. Hay una cosa en la que Claudio Cerdán es un especialista (bueno, varias, pero esta es una de ellas y es remarcable): tiene un don innato para crear personajes, dotarlos de personalidad y marcarles a fuego el carácter (a poder ser, que lidie en lo hijoputa).

El lenguaje de Claudio Cerdán es como sus personajes. Escribe a bocajarro, sus frases entran por tus ojos pero se clavan en el cerebro con fuerza. Son cuchillos afilados, navajas de medio metro afiladas hasta poder separar un pelo en dos. Su texto es directo, con descripciones que te hacen sumergirte en el mismo ambiente en el que viven los personajes, siendo soez cuando tiene que serlo y dotando al libro entero de una atmósfera absorbente. Y mención aparte a los diálogos, donde cada personaje tiene su forma de hablar, sus coletillas, su propio estilo.

Muchas cosas que destacar, ya lo mencioné al principio. Así que vamos con la trama. Puede que aquí es donde algún lector pueda levantar la mano y decir eh, porque, a fin de cuentas, lo que vas a leer aquí es una historia de zombies. Supervivientes del apocalipsis intentando mantenerse con vida luchando contra los muertos vivientes y contra otros supervivientes tanto o más hijos de perra que ellos. Esto es así. Y sin embargo, ese carácter tan propio de los personajes y ciertos pasajes de la historia (así como esa decisión final, ese “necesitamos algo que sea más valioso que la comida y el combustible y que podamos intercambiar llegado el caso para abrirnos paso”) hacen que a día de hoy, con más de un centenar de libros de zombies publicados en nuestro país (más de la mitad por la misma línea de la misma editorial que publica Sangre fría), la novela de Claudio Cerdán tenga algo que, en el fondo, hace que sigas leyendo sin tener la sensación en ningún momento de ser más de lo mismo. Y eso, en mi opinión, es un (otro más) acierto.

Dejo para el final un detalle peculiar. Sangre fría es una novela de zombies. Puede que eso la catalogue como terror aunque lo cierto es que ni intenta dar miedo ni lo da en ningún momento. Bebe más del thriller, de ese barriobajerismo del que hacen gala sus personajes, pero aparte de la acción casi sin freno que mueve la historia entera, hay otro detalle más: la comedia. Sí, porque Sangre fría tiene un sentido del humor peculiar que provocará más de una carcajada al lector. Yo al menos me reí en un par de ocasiones con las ocurrencias tanto del autor como de los propios personajes.

Ah, y todo sin olvidar que como novela es un homenaje a toda la vida que el subgénero z ha tenido en nuestro país. Entre sus líneas se encuentran guiños, menciones y homenajes en tono cómico a Romero, 28 días después, Tom Z Stone, Carne Muerta…. Referencias que todo lector asiduo a la Línea Z de Dolmen cazará al vuelo donde, los más sonados, serán los de Apocalipsis Z (lo que me pude descojonar, perdonad la expresión, con el capítulo entero que se le dedica), Los Caminantes (seguro que imagináis qué figura es la que se homenajea) e Y pese a todo, a la que homenajea desde el nombre del protagonista hasta la secuencia más surrealista de la historia, con guiño a la película y su primer título. Brutal. Por hacer, hasta se ríe de sí misma en un momento dado.

Así que sí, saturado como estaba (lo reconozco) del mundo Z, esta novela ha conseguido engatusarme una vez más. Me ha mantenido en vilo, con los ojos pegados al papel, concentrado en la lectura, y además de entretenerme me ha hecho reír en más de una ocasión. Así que sí, creo que es una novela recomendable. Desde luego, es más que disfrutable.

Reseña: Sherlock Holmes y los zombis de Camford, de Alberto López Aroca

Sherlock-zombiesCuando comencé a leer la sinopsis de esta novela me dije: “¿Una obra que combina las fascinantes aventuras del detective más popular de la literatura con zombis? Me gusta”.

En ningún momento dudé que esta, para muchos, química tan atípica, iba a dejarme eclipsado durante el tiempo que durase la lectura. Y no me equivoqué. Un par de días y llegué al final, lo cual certifica la calidad de la obra. Aún así, al comienzo, una duda me asaltaba. Y era hacia dónde iba a enfocar el autor la historia: si le iba a dar preferencia a un género Z en pleno apogeo, o si, por el contrario, el devenir de la misma me iba a conducir por temas más detectivescos. Vamos, casi como si estuviera leyendo al propio Sir Arthur Conan Doyle. Palabras mayores, damas y caballeros.

Si os soy sincero, esta obra está más bien centrada en la segunda opción. Esto, para mí, fue como si me hubiera tocado el premio gordo de la tómbola de las ferias de mi localidad. Pero también sería injusto decir que es “solo” una novela detectivesca, pues no se puede obviar que también tiene mucho de género Z. Y ese toque victoriano… ¡Dios, me encanta! Doble premio. Como ven, pellizca un poco de varios géneros, por eso puede gustarle a tantos lectores. No importa que no haya leído nada del detective, Sherlock Holmes, hay algo seguro: su contenido es pura magia y te hará gozar como un enano.

Con mucho acierto, el autor decide contar la historia desde un punto de vista diferente: no será el afamado detective quien nos relate sus peripecias, ni siquiera su ayudante, el siempre fiel doctor Watson; sino un hombre llamado Otis Mercer, él será el encargado de ir desgranando, con minucioso detalle, porque es una obra con bastantes descripciones, esta aventura tan peligrosa como inolvidable. Atentos a la prosa del señor López Aroca. Muy bien hilada en cada capítulo. No es A. C. D., pero se le asemeja. Se nota que el autor se ha empapado la obra del autor británico. Puede que aquí radique su secreto.

Si buscan una fusión de géneros un poco “estrambótica”, Sherlock Holmes y los zombis de Camford es, seguro, su novela. Y Dolmen, con total garantía, su editorial. Cada título es una sorpresa. La Línea Z es lo que busca, se lo aseguro. Son muchos los títulos que he leído de esta colección y, lejos de estancarse en un solo tema, sus novelas me han ofrecido muchísima diversidad, siempre con el género Z como ingrediente principal.

Si aún no les he convencido, trataré de hacerlo diciéndoos que esta novela cuenta, además, con la colaboración de dos genios: Juan de Dios Garduño (autor de Y pese a todo…,  también disponible en esta editorial) es quien hace las correcciones y la portada, como muchos de ustedes habrán adivinado, es por obra del señor Alejandro Colucci. Cuando se reúnen tantos genios, solo puede salir algo bueno. Y esta novela lo es.

Doy fe.

Reseña: Zoombi, de Alberto Bermúdez

zoombiCada vez que decido leer una novela de zombis, algo que no suelo prolongar más de un mes, dicho sea de paso, sé que voy a disfrutar como un enano de su argumento. Normalmente opto por este tipo de género cuando finalizo una novela de carácter histórico o cuyo argumento incite a la reflexión. Sí, gente, es sabido por todos que la “novela Z” no requiere de mucho conocimiento pero, a cambio, te da otras cosas, te proporciona grandes dosis de adrenalina mientras estás sumergido en la lectura, que no es poco. ¡Qué demonios! ¡Esto es una vida extra!

Gente huyendo despavorida de una horda de putrefactos que ansían el sabor de la carne humana y ahí te encuentras tú, en un primerísimo plano, creyéndote a salvo en tu sillón y pasándolo “genialmente mal”. La cuestión es, ¿y si hubiera una obra que te hiciera pensar y te regalara momentos de tensión al mismo tiempo? Pues precisamente esto es lo que sucede en Zoombi, de Alberto Bermúdez, una novela contada en primera persona por un personaje anónimo. Sus anotaciones se basan en recomendaciones y experiencias diarias, a las cuales, el propio autor las denomina como ID, siglas pertenecientes a “Informe/Diario”, no confundir con el documento de identidad en los EEUU, pues se trata de una obra patria, como bien deja patente desde la primera página el sujeto que nos guiará en este peculiar y mortal viaje.

Otra obra más que cayó de la Línea Z de Dolmen. Ya van unas cuantas… y las que me quedan. Me gustan mucho por las razones anteriormente descritas pero, sobre todo, porque cada obra de este género me ofrece un punto de vista diferente a la anterior. He leído sobre zombis detectives cuya misión es hacer justicia en un mundo injusto; una niña pequeña cuyo llanto sirve de alarma para los supervivientes de una devastadora epidemia; zombis rápidos y zombis lentos desde unas perspectivas diferentes; sobre cómo afrontar los hechos y comenzar a crear una nueva sociedad; incluso sobre la esperanza: hay momentos para el amor en un mundo abocado al fracaso…

Lo bueno de Zoombi es su reflexión final: los consejos para seguir con vida en un Apocalipsis de tales dimensiones, la guía para el perfecto superviviente, como si de cursos avanzados se tratara. Muy buen punto de vista este, a mi juicio. Sobre todo, insisto, porque es otra forma diferente de contarlo. Y estoy muy agradecido por ello.

De este mismo autor había leído Mal de mares, una novela que me dejó muy buen sabor de boca y que fue publicada posteriormente a esta. Así pues, tenía muy buenas expectativas en cuanto abrí el libro y comencé a leer la primera página. La novela Z está muy viva, gente, créanme. Estad atentos a las nuevas publicaciones de esta editorial, os va a deparar muchas y muy gratas sorpresas, sin olvidaros de las publicaciones anteriores.

Ahora, he de desconectar un poco del tema “Z”, pero volveré. A pesar de que mi sed ha sido saciada durante un tiempo, pronto volveré a pensar cuál será la próxima aventura de este género. Y os traeré noticias de ello.

Reseña: Gespent, de Ignacio Cid Hermoso

GESPENSTIgnacio Cid Hermoso es uno de esos escritores a los que resulta fácil odiar cuando uno es escritor también porque te hace desear haber sido tú quien escribe sus novelas. Ya me ocurrió con Nudos de cereza, esa maravilla injustamente desconocida para el gran público que te atrapa entre sus páginas y va desgranando una trama que salta entre la amistad infantil y la novela negra. Y ocurre también con Gespenst, su última novela, en este caso publicada por Dolmen dentro de su línea Stoker y primera incursión de Ignacio Cid Hermoso en el terror.

Pero tomemos esa afirmación con pinzas. Gespenst tiene terror entre sus páginas (de hecho, tiene al menos dos momentos capaces de hacerte sentir escalofríos y esa sensación de querer mirar hacia atrás y huir de cualquier zona oscura, por si acaso) pero tiene algunas pinceladas de novela negra (de suspense) y muchas de terror dramático. O drama humano. O como queráis llamarlo. Ignacio Cid Hermoso maneja el terror clásico (en este caso, los fantasmas) con la misma maestría con la que maneja ese otro terror, tan real y cotidiano como es la pérdida de un ser querido, la ausencia arrebatadora de aquello que sujeta nuestra cordura a este mundo.

La trama de Gespenst inicia con la desaparición de Carlos, el hijo de Mario y Alicia, cerca del pantano que medio siglo atrás cubrió por completo el pueblo de Luarma. A partir de ahí la trama baila entre personajes (sobre todo dos bloques: el triángulo que comprenden Mario, Alicia y “la otra”, Ainhoa; y Carlos y sus amigos), baila con la cronología (saltando del presente a los tiempos en los que Luarma estaba a punto de ser anegada por las aguas, del ahora al antes de la desaparición, del presente a la historia de Mario, Alicia y Ainhoa). Y baila con los elementos con los que nos va hilando una trama en la que, en más de una y de dos ocasiones, sentiremos que perdemos el control.

No es esta una historia que te viene mascadita y te explica hasta el detalle más pequeño de antemano. Aquí a menudo nos hará dudar: ¿Carlos ha desaparecido? ¿Está muerto? ¿Vivo? ¿Secuestrado? ¿Asesinado? ¿Ha sido una muerte accidental? ¿Ninguna de esas cosas? ¿Es verdad que has oído un ruido en la habitación de arriba? ¿Otro pequeño sonido en el sótano? ¿Redoblan las campanas del campanario sumergido de Luarma por los muertos? Son infinitas las preguntas que te harás leyendo esta novela y cuando creas que has resuelto una aparecerán otras dos más. Y cuando creas haber resuelto esas dos nuevas, la primera volverá a surgir en tu cabeza.

Y al final… sí, todo queda resuelto y comprendido. Y hay que decir que Ignacio Cid Hermoso nos reserva alguna sorpresa para esa traca final, que sabe lo que hace y que cuando llega, lo hace entrando por la puerta grande.

Gran escritor, gran profundidad en los personajes (ya sea que ocupan muchas páginas de la historia o apenas unas cuantas, cada uno de los personajes de esta historia tiene una vida, una personalidad y una forma de interactuar con el resto que los hace únicos. Y eso demuestra que el autor maneja los hilos con absoluto conocimiento de lo que hace), y una prosa que baila entre lo ágil y directo (cuando es necesario que la trama avance) y lo poético (cuando es necesario recalcar lo que narra). Y en esto último, de nuevo, Ignacio Cid Hermoso te hace sentir envidia. Por su capacidad para sacar belleza de la fealdad. Por su capacidad de decir muchas cosas en apenas una frase. O de hacerte ver con absoluta claridad lo que hay en los ojos de un personaje. Las miradas que describe Cid Hermoso tienen una fuerza que pocas veces verás en otros escritores.

Reseña: La herencia de Hosting, de Vicente García

La-herencia-de-HostingHosting es un pequeño pueblecito perdido en el interior de Estados Unidos. David y Martha Hollister se dirigen al pueblo después de recibir la llamada de un notario comunicándoles que un tío lejano de David, uno de esos parientes de los que nunca habían oído hablar, ha muerto y él es el único heredero. Hasta ahí, todo bien. Los problemas empiezan incluso antes de llegar al pueblo, a unos pocos kilómetros, y a partir de ahí se desencadena una verdadera pesadilla.

Eso es, a grandes rasgos y sin desvelar nada, La herencia de Hosting.

Si queréis saber qué os vais a encontrar cuando abráis este libro, pensad en todas esas películas de terror, a poder ser de Serie B, en las que los protagonistas sufren el acoso de desconocidos que los persiguen, mutilan y asesinan sin tregua. Vale, pues eso es lo que Vicente García ha querido transmitir con esa novela, y desde luego bebe bien de ese aire opresivo que tenían esas películas, donde cada pasaje de calma no es más que el preludio de una tormenta más fuerte que la anterior.

Y como con eso solo no basta, el autor se guarda un as más en la manga, en forma de revelación oculta sobre el pasado de la pareja protagonista. Revelación que, por cierto, trastoca toda la novela dándole un giro a la historia, al estilo e incluso al género.

Ahora bien, no es oro todo lo que reluce. Respecto a la trama de la novela, hay que decir que funciona mejor cuando miras el lienzo al completo que cuando te focalizas en sus partes por separado. Quiero decir con esto que, si bien cuando tienes todo el panorama completo puedes haber disfrutado con lo que te cuenta y llegar a perdonarle ciertos detalles, durante el avance de la lectura a veces esos detalles se hacen un poco cuesta arriba. Y me refiero, sobre todo, a una cosa en concreto: No hay un maldito segundo durante la novela en la que no puedas dejar de pensar “¿PERO POR QUÉ XXXX NO SE LARGAN DE AHÍ?”.

Solo con lo primero que les ocurre yo ya me habría marchado sin mirar atrás jamás. Pero vamos, despedida a la francesa y si te he visto no me acuerdo. Y las cosas no hacen sino volverse más raras y tétricas. Cualquier persona con un par de dedos de frente se marcha de ahí haciendo lo que tenga que hacer. O se encierra en la casa cual castillo ante asedio de ejército enemigo y desde luego, no sale a pasear por ese pueblo. Pero claro, Vicente García está atado, como suele ocurrir en todo ese tipo de películas (ocurre lo mismo sin ir más lejos con casi todas las historias de casas encantadas: “oh, los cuadros se caen, oigo ruidos espeluznantes y algo me hace cosquillas mientras duermo, pero mejor seguiré aquí obstinado en que no pasa nada raro”), por el pequeño detalle del “si se piran, se acaba la historia”.

Respecto a los personajes, hay que decir que no llegué a empatizar con David y Martha por la razón arriba mencionada, me resultaba inverosímil que no pusieran pies de por medio. Sin embargo, el resto de personajes, los habitantes de Hosting… ok, empatizar no, eso es imposible, pero resultan tan malditamente enigmáticos, tan raros, tan tétricos… que consiguen el efecto deseado en cualquier historia de este tipo, que estés toda la novela (hasta que se descubre el pastel) preguntándote por sus intenciones, extrañándote por ciertas conductas… en todo momento tienes una sensación que solo se puede definir con esa expresión tan americana que es what the fuck.

Y está bien, porque en varias ocasiones piensas que ciertas cosas son absurdas pero acaban teniendo sentido. Todo tiene sentido en Hosting excepto por qué se quedan ahí David y Martha, y eso, al Gran Lienzo que es la trama de la novela, le viene muy bien.

Dos detalles más: Uno, En la novela hay mucho sexo y en ocasiones, para mí, no viene a cuento. O sí, depende de cómo lo mires. Desde el Gran Lienzo o desde el avance normal de la lectura. Muchas cosas en Hosting no son lo que parecen a primera vista.

Dos, los diálogos. Probablemente donde más flojea la novela. La trama puede gustar más o menos (y como digo, si uno es capaz de superar esa constante sensación incómoda de no entender del todo el comportamiento de muchos personajes, y llegar al momento en el que se descubre el por qué y todo cobra sentido, entonces la trama gana enteros); los personajes pueden caer mejor o peor; La ambientación está conseguida; la historia contiene pasajes tétricos, otros con un tono de humor negro bastante curioso, y un final más cercano al thriller que al terror; pero en ocasiones los diálogos suenan forzados, poco naturales. Y es una pena, porque Vicente García consigue empujarte a través de una narrativa sencilla, ágil y efectiva, y algunas conversaciones se vuelven un poco resbaladizas. No hasta el punto de ser farragosas o hacerte desear dejar el libro, pero afean un poco el conjunto.

¿Lo mejor de La herencia de Hosting? A mi me gustó la doble revelación que ocurre durante el último tercio de la novela. Digo doble porque por un lado te desvela los secretos de ese pueblo haciendo que cobre sentido todo lo que te ha mantenido extrañado durante los dos primeros tercios; y por otro lado se revela algo sobre los protagonistas que, como he mencionado antes, le da un giro a toda la novela hasta el punto de cambiar de género. Y a mí, cuando una historia se revuelve para mostrar otra cara, y lo consigue, me encanta.

Reseña: El huerto del espantapájaros, de Jorge Arjona

el huerto del espantapájarosEl huerto del espantapájaros comienza como un cuento infantil, la típica historia que uno le leería a sus hijos antes de dormir. Jorge Arjona le insufla a la historia, desde bien pronto, el aire de una leyenda. A medida que uno avanza en la historia, saltando de personaje en personaje gracias a la mano del marinero Mills, Embla se convierte en el escenario de una historia que se presenta como épica. Y también bastante ligera. Sigue teniendo ese toque que la hace parecer un cuento… hasta que deja de serlo.

Jorge Arjona tenía muy claro lo que quería contar desde el principio, y en el momento en que se quita la máscara, transforma todo ese paisaje que nos ha pintado hasta entonces, en una pesadilla atroz.

¿De qué va El huerto del espantapájaros? Es la historia de lo que ocurre en Embla, un pueblecito en apariencia pacífico sobre el que pesan, tal vez, demasiadas desapariciones de niños como para pensar que se trata de algo normal. Es la historia de Alicia y Juto, dos niños que se despiertan en mitad de la noche para descubrir que todos los que consideraban vecinos y amigos se dirigen a su casa portando antorchas. Y que van a por ellos. Y que sus padres forman parte de lo que quiera que sea eso. A partir de ahí, Alicia y Juto tendrán que huir al bosque, perseguidos en todo momento por la turba que quiere atraparles. Inconscientes de que, en realidad, esa turba es el menor de sus problemas. Hay algo más persiguiéndoles, algo terrible, algo tan antiguo como mismo mundo y tan maligno como solo puede serlo el infierno.

No es de recibo hablar más sobre la trama, es mejor que lo descubráis vosotros mismos. Pero sí puedo deciros que el estilo de Jorge Arjona es de los que calan. Aparentemente, en principio, suena demasiado ligero como para estar delante de una novela de terror. Es sencillo, es directo, se la juega con las descripciones justas y no utiliza un lenguaje denso en ningún momento, y esa ligereza que mencionaba es parte del juego. Debes sentir Embla como un pueblecito de cuento infantil, el autor quiere que lo sientas así. Cuando despierte el terror, desearás que aparezca un príncipe salvador, un mago todopoderoso o cualquier otro deus ex machina factoría Disney. Tus esperanzas serán en vano, amigo.

Decía que su estilo es de los que calan. Bien, si algo llama la atención en la forma en que está narrada esta novela es en la voz (o las voces) elegidas para hacerlo. En principio, tenemos a un narrador omnisciente y que fue testigo de parte de los hechos, el marinero Mills es con quien comienza la historia pero no es el único personaje del libro y ni siquiera estuvo presente en toda la historia. Por tanto, el libro saltará de personaje en personaje, siempre en primera persona, según lo que Mills cree que vivieron y sintieron dichos personajes, y consiguiendo con ello Arjona que la historia encuentre un equilibrio de lo más interesante. A mi gusto, todo un acierto el elegir esa forma de contar la historia.

Cuenta con una trama sólida, una recreación y una ambientación que se sostienen firmes, y unos personajes claros y sin fisuras. Algunos, en mi opinión, demasiado escasos de fondo pero todos ellos comprensibles y distinguibles unos de otros. Tal vez, darles más chicha a esos personajes que se quedan cortos habría significado atiborrar de datos partes de la historia que tampoco los necesitan. Porque también hay que decir una cosa: El huerto del espantapájaros es una historia corta, pero creo que tiene la duración justa, y eso siempre es un acierto.

Adentraos sin miedo en Embla. Cuando estéis aquí, y no tengáis escapatoria, el miedo os atrapará.

Reseña: Idyll, de Elio Quiroga

idyllEsta reseña va a ser breve, y lo siento por ello, pero entenderéis las razones ahora:

Idyll es salvaje. Si alguien me pregunta mi opinión sobre la última novela de Elio Quiroga, publicada en la Editorial Dolmen, diría eso, que es salvaje. Tanto que, de hecho, no he sido capaz de terminarla. Hay quien verá esto como algo negativo, como una crítica feroz, pero nada más lejos.

Elio Quiroga es un tipo con una capacidad innata para contar cosas perturbadoras. Lo sé desde que vi aquella película escrita y dirigida por él llamada La hora fría, escrita y dirigida por él, una pequeña joya que encontré por casualidad en un videoclub (cuando todavía existían) y que vi sin ningún tipo de expectativa; una película que no sabes que es una joya hasta su última secuencia.

Que me voy por las ramas: Idyll. Salvaje. No fui capaz de terminar el libro, pero fue por una cuestión personal, dado que la etiqueta de “contenido apropiado para mayores de dieciocho años” que tiene el libro en la portada es absolutamente veraz pero no se trata del primer libro que leo que tenga dicha etiqueta. Y he visto películas salvajes sin apartar la mirada (¿descuartizamientos? No pasa nada. ¿le van a poner una inyección al personaje y el director hace el típico puto plano de la aguja entrando en la carne? Eso Víctor no es capaz de verlo y se tapa los ojillos). Simplemente, en este momento de mi vida, con dos niños pequeños en mi casa, me he vuelto un poquito más sensible a los temas que involucran críos. Y en Idyll hay temas que involucran críos.

Lo dicho, no debe ser tomado esto como una crítica. Hasta donde fui capaz de leer, que fue bastante avanzada la novela, creo que la historia resulta interesante, está bien escrita y tiene dinamismo y fuerza. Los personajes, además, son rotundos y no muestran fisuras en su elaboración. De hecho, que conste, tengo intención de terminar de leer el libro, quiero saber qué pasa en ese condenado lugar, pero necesitaba parar y respirar una bocanada de aire fresco, interrumpir la lectura con algo más ligero antes de profundizar en esa locura. Y he aprovechado para contaros mis impresiones hasta el momento.

Idyll es una novela para estómagos resistentes. Así como lo era El manantial de Alejandro Castroguer. No, definitivamente Dolmen no pone esa etiqueta por ponerla. Así que ya sabes, si eres de los que disfrutan con las emociones fuertes, déjate coger de la mano por Elio Quiroga y adéntrate en ese paradisíaco lugar.

Y luego atente a las consecuencias.