Reseña: Infinity 8. Guerrilla Simbólica, de Lewis Trondheim, Kris y Martin Trystram

Sabed que uno ya es tan mayor como para declarar que alucinó hace algo más de veinte años cuando vio el film El Quinto Elemento en el cine. Quiso más, de lo que el señor Besson le había puesto delante. De ese estilo de CF quería más. Y sí, cierto que llegué a encontrar los cómics de Valerian, Agente Espacio Temporal (en la BD, aunque aquí Norma Editorial ya ha traído unos cuantos), en los que el director Luc Besson se inspira bastante…. Pero en mí despertó el gusto por una CF diferente, multitudinaria en cuanto a razas compartiendo un mismo universo y desde entonces leí y busqué y busqué obras con este tipo de CF. Esa donde se brinda por el humor. Por eso, la atmósfera sangrienta y desenfadada de Infinity 8 me caló desde el principio. Aunque tengo que decir que las preciosas cubiertas con las que cuenta esta serie que publica en nuestro país Dibbuks, son maravillosas también.

En las profundidades de una galaxia distante navega la nave de Clase A: el Infinity-8. ¿Su destino? La galaxia de Andrómeda. ¿Su carga? No menos de 900.000 pasajeros de todas las razas conocidas hasta ahora. Todos y cada uno de ellos se divierten tomando el Sol con los pies en alto. Y en ella, miles de historias. Este cuarto volumen Infinity 8: Guerrilla Simbólica confirma una vez más que si te enamoraste de la serie desde el primer número (cada tomo son historias independientes y se pueden leer aleatoriamente), la nueva trama te enganchará desde el principio. Un dibujo curioso y atractivo a su manera, el mismo humor y tipo de chistes, especialmente con el teniente acosador de la nave nodriza con el que como simpatices, te partirás la caja.

Cuarto reinicio a bordo de la YSS Infinity y esta vez es Patty Stardust, agente infiltrada en la guerrilla simbólica durante los últimos cinco años, quien tiene que abandonar con urgencia su trabajo y liarse la manta a la cabeza para irse a explorar la necrópolis intergaláctica. Amenazada por el capitán con desvelar su tapadera si no lo hace, deja su arduo trabajo como espía (¡ahora qué todo estaba hecho!) para intentar comprender qué impide que la nave avance. Patty Stardust es la heroína. Infiltrada en una guerrilla post-hippie, neo-hippie o como la quieran llamar esos artistas que practican el amor libre y se fuman todo lo que tiene apariencia de hierba; se lucha por la libertad ante todo. Eso es al menos lo que Patty tenía entendido, pero cuando lo ve todo desde fuera empieza a darse cuenta de ciertas cosas: ¿de verdad, la comunidad es tan pacífica? ¿Qué hay de ese patrón millonario de la guerrilla y qué mierdas pinta en todo esto?

Colores psicodélicos, referencias al universo hippie de siempre, llevado al más lejano de los futuros que los seres humanos han conocido. Canciones homenajes y la música como un todo. Algunas instaladas en la cabeza de músicos y bailarines ranas, de las que os garantizo que cómo las reconozcáis, no se os irán de la cabeza. La agente Patty Stardust vuelve a ser una prota ideal para este serie de descalabros y heroínas de ropas apretadas. Un cómic que funciona perfectamente, siempre guionizado por el (a seguir) Lewis Trondheim, ayudado esta vez por Kris y a los lápices Martin Trystram. Quizás no sea la más densa de las aventuras, pero tiene unos detalles…, unos puntos que… La hacen diferente. Pensadlo. Aún estáis a tiempo de poneros con esta serie desde el principio, si no lo hicísteis ya. Infinity 8 mola. Moló Amor y Cadáveres, moló Regreso al Führer y moló El Evangelio según Emma. Guerrilla Simbólica es más de lo mismo.

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