Reseña: No Hay Luz Bajo la Nieve, de Jordi Llobregat

Veintidós años antes: un búnker, unos niños, una apuesta. Algo que arrastra un bulto por el suelo… Ahora. La estación de esquí Vall de Beau en el Pirineo es la infraestructura para la candidatura hispano-francesa para los próximos Juegos Olímpicos de Invierno. Y en una de sus piscinas han encontrado el cadáver de un hombre desnudo con los parpados cosidos. Ahí entra en escena nuestra protagonista principal la subinspectora de homicidios Álex Serra, una mujer especial, capaz de visualizar momentos del escenario del crimen. Adicta a los ansiolíticos, y junto al teniente francés Jean Cassel, serán los encargados de la investigación. Lo que no sabrán todavía es, que este será el primero de unos crímenes que están por venir donde el asesino hace referencia a la Divina Comedia, de Dante; usando los pecados capitales: envidia, ira, lujuria, soberbia, gula y avaricia, en cada una de sus víctimas. No obstante, Álex se crió en esa zona del valle. Nadie mejor que ella conoce ese lugar.

El ambiente austero es una parte esencial de la historia. Las duras condiciones dan forma a los personajes y sus acciones. Mientras un asesino deambula, el paisaje sombrío es un recordatorio de que la naturaleza misma puede esconder secretos. Asesinatos muy bien descritos, escenas impactantes de las victimas torturadas llenan páginas y páginas. Increíblemente bien narrada con una historia que engancha hasta el final, he disfrutado leyéndola. El autor ha trabajado a la perfección, mezclando las muertes con el mundo sobrenatural. Estamos ante un libro de casi seiscientas páginas todas ellas necesarias donde el silencio de la nieve acompaña el pasado y el presente, ambos unidos por el diario de una judía llamada Raquel. Encontrándonos de repente con otra novela de la Segunda Guerra Mundial dentro de la propia novela actual. Una vieja fotografía, una antigua colonia. luces y sombras nos acompañaran durante la lectura. Por que Jordi Llobregat jugara con las insignificantes pistas que nos va dejando.

Las mentiras de unos personajes que tienen demasiado que ocultar nos confundirán. Me maravilló la forma en que supo esconder al asesino, jugando con el lector haciéndole mirar hacia otro lado. Hechos del pasado que de una forma u otra acaban regresando. Escenarios reales de túneles construidos durante la dictadura pensando en una posible invasión alemana. Una parte del Pirineo catalán que despertó recuerdos de antiguos esclavistas… No solo serán necesarios los saltos en el tiempo con el diario encontrado, es que estoy por decir que la otra historia es incluso mejor que la de los asesinatos.

Pocas veces he leído una novela tan completa, desde espíritus que no desean ser olvidados hasta una casa señorial medieval escondida en una colonia industrial que nunca debió de existir. Judíos escapando del nazismo. Chanchullos de las ONG o un dolmen que ni la nieve se atreve a cubrirlo. Seminario antiguo y un enorme lobo que ya no debería de existir. ¿Que todo irá relacionado? Por supuesto, pero no tendremos que tirar de ningún hilo. Deberemos leer despacio y con tranquilidad. Es la única manera de poder ver lo que el autor nos esconde. Porque ni él, ni la impecable inocencia de la nieve, podrán ocultar los sórdidos secretos que se guardan en la montaña. Incluso en un lugar tan tranquilo, el silencio se romperá y los gritos que finalmente resuenan, serán lo suficientemente fuertes como para desencadenar una avalancha de terror.

Me ha encantado. Lo recomiendo mucho.

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