Reseña: Los Zapatos Rojos, de Gérard Cousseau y Damien Cuvillier

Damien Cuvillier es un diseñador muy variado en sus obras. Le recuerdo una que disfruté mucho llamada La Guerre Secrète de L’Espace, donde se contaba un curioso caso de un miembro del partido comunista ruso durante la Guerra Fría, que tenía la difícil misión de supervisar el primer misil intercontinental dispuesto ha “ser utilizado”, ruso bajo la atenta mirada de la KGB. Me gustó. En esta ocasión, Cuvillier forma tandem con el guionista Gérard Cousseau para tratar un tema muy diferente: Los Zapatos Rojos. Una bonita sorpresa también, aunque lo de bonita no es precisamente por el entorno de la narración, la ambientación, sino por la historia intrínseca de amistad que se elabora a lo largo de los dos álbumes que ahora forman un integral gracias a la edición que propone este mes la siempre recomendable editorial de cómic europeo Ponent Mon.

En Los Zapatos Rojos nos trasladamos a la primavera de 1944, donde los rumores de un desembarco aliado son cada vez más sonidos en la rumorología popular. ¿Está cerca el final de la guerra? En Saint-Nicolas-de-Pelem, el ocupante no lo cree así. De hecho, se da vía libre para que un destacamento alemán inquiete a dicha aldea con la misión de «limpiar» la región de tanta resistencia. Por su parte, Jules tiene otras preocupaciones en mente: quiere ganar algo de dinero, debe atrapar algunas truchas o, en su defecto, una o dos ardillas para poder comer…

Gérard Cousseau se basó en un entorno histórico real para construir este escenario (Saint-Nicolas-de-Pélem representó un duro papel en la Segunda Guerra Mundial). No obstante, el guión se centra en el joven Jules y su nuevo amigo, Georges, un erudito e ilustrado señor ruso que su familia envió a la Bretaña para su seguridad. Tenemos entonces una historia con los elementos habituales de una novela atractiva y costumbrista en formato cómic: la inocencia de la infancia, el descubrimiento y la inmensidad de un mundo y finalmente, el horror del que los hombres son capaces. Un arco que aunque no es una historia súper emocionante ya que la hemos visto, leído y vislumbrado en otros tantos títulos; sí que consigue enganchar, sobre todo, para ver en qué deparará todo con estos atractivos personajes. El colaborador ignorable, el siniestro oficial de las SS, el valiente soldado teutónico…, y los diversos atentados a la integridad física del ser humano inocente. Además, la relación entre los dos protagonistas provoca unas chispas que rememoran esa amistad fuerte de la que una vez uno gozó y que en un porcentaje muy alto se pierde con el paso del tiempo.

La amistad. La narrativa en Los Zapatos Rojos se construye de manera efectiva e incorpora cantidad de detalles históricos sorprendentes: yo no sabía que los cosacos se alistaron por la fuerza, por ejemplo. ¿Resultado? Una lectura agradable que genera entusiasmo por saber, con el paso de las páginas. Y con un seguido por mí, Damien Cuvillier, delicado, ambicioso y maravilloso en el trato de las acuarelas que nos trasladan a esa época que por una lado nunca se debió vivir pero que como ocurre en esta obra, también se vivieron otros grandes momentos bajo tanto entorno de terror.

Muy recomendable.

 

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