Reseña: El Oso y el Ruiseñor, de Katherine Arden

Narrado en pasado y en tercera persona vais a conocer un extraordinario libro del que, aunque se lee de forma independiente, se han publicado dos secuelas más. Preparaos una taza de café o té, sentaros en vuestro sitio de lectura preferido y dejaros arrastrar hasta el frío invierno de los bosques rusos. Un cuento que es mucho más que un cuento…

Mientras toda la familia se sienta alrededor del fuego del hogar, Dunia está a punto de contarles el cuento del rey del invierno, el demonio del hielo cuyo nombre es Morozko. En un pueblo del norte de Rusia donde el invierno dura hasta ocho meses, la gente lucha día a día por sobrevivir. Entre ese frío estepario, en esa casa, meses más tarde nacerá Vasilisa. Su madre morirá al poco de verla nacer, tal como lo predijo. Ella no lo sabe todavía, pero la madre fallecida llamada Marina, fue la hija del gran Príncipe de Moscú y una misteriosa mendiga. Le ha trasferido a su hija Vasilisa una herencia mística.

Estáis ante una novela de entrañables lazos familiares con trozos que recuerdan el cuento de La Cenicienta y la terrible madrastra que llegará con el nuevo matrimonio de su padre. Leyendas que se narraban junto al fuego por personas especiales. Historias de Iván y el Lobo Gris, el Pájaro de Fuego o Morozko, un demonio de invierno que a veces es benevolente y a veces cruel. No debían de quedar en el olvido, la verdad se encontraba fuera entre capas de nieve y vientos helados. Lo que para unos son espíritus o duendes del bosque o del hogar para otros son demonios. Un hombre hecho de ramas de árboles, la ninfa del lago y deidades paganas que recibían sus ofrendas, porque mientras las aceptaban sabían que todavía creían en ellos. No hay mayor peligro para un espíritu que caer en el olvido. Llegará la lujuria en boca de un sacerdote con un gran magnetismo personal que predica sermones contra espíritus de la naturaleza. Aquí tenemos lo que tanto se teme, ese religioso que utiliza la religión para asustar a la gente, para traerlos a su rebaño.

Espíritus debilitados ya no pueden protegerlos del mal que acecha, de verdaderos monstruos que hasta ahora solo sabían de ellos en los cuentos. Mientras tanto, un ser malvado de hielo desea alcanzar a Vasilia. Ella todavía no comprendió que debe recordar las viejas historias que le contaron de niña, aunque sabrá de una profecía:

Antes que llegue el fin, recogerás campanillas de invierno durante el solsticio,

morirás por voluntad propia y llorarás por un ruiseñor.

¿Será así su final? Ella es fuerte, rebelde, se niega a morir. Bosques dentro de otros bosques, un collar misterioso con una brillante joya azul plateada. Pasad páginas para leer una hermosa historia sobre una niña, un ruiseñor y un oso, cuyo destino los unió para conmoveros.

Un maravilloso libro ambientado en la Rusia medieval con un toque feminista muy interesante que muchas mujeres van a valorar. Repleta de detalles inesperados que emocionan de verdad. Mitología y folklore irán de la mano con unos personajes llenos de matices, entrañables, duros, malvados, creyentes; pero con un gran terror a lo desconocido. Morozko y su malvado hermano, el Oso, son los que moverán este cuento de hadas lleno de magia antigua y brujería juntando cuentos de hadas rusos con espíritus del bosque.

Narrado en una prosa lírica que le da un ambiente especial, tenemos una mezcla histórica con mucha tradición cultural donde se enlazarán creencias y supersticiones. Investiga los diferentes estratos de la sociedad. No faltará de nada: amor, tragedias, mitos en un contexto inolvidable. Katherine Arden quiere que entendamos la necesidad de no romper nuestros vínculos con la madre tierra. Que la recordemos y le demos su respeto. No es porque ella nos necesita, sino porque nosotros la necesitamos a ella. En esta historia vemos las consecuencias del matricidio. Hemos crecido tanto que ya no la necesitamos. Pero ella continúa nutriéndonos. La autora nos recuerda esto. Debemos seguir conectados con la Madre Tierra o las consecuencias nos superarán. No es su pérdida, sino la nuestra.

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