Reseña: El Príncipe de las Tinieblas (Integral), de Jean-Pierre Pécau, Fred Duval e Igor Kordey

Ayer mismo fue 11 de septiembre y como cada año se celebró el aniversario de aquel terrible acto de terrorismo que puso no solo a Nueva York, no solo a Estados Unidos, sino al mundo entero en vilo. Para el que no lo sepa (¿existe alguien?), los atentados del 11-S fueron una serie de cuatro atentados terroristas suicidas cometidos la mañana del martes, 11 de septiembre de 2001 por la red yihadista Al Qaeda. Mediante el secuestro de aviones comerciales con el objetivo de ser impactados contra diversos objetivos, causaron la muerte de más de tres mil personas (incluidos los 19 terroristas y 24 desaparecidos) y dejaron además, más de seis mil heridos. Un par de esos aviones destruyeron todo el complejo de edificios del World Trade Center… Pese a las miles conspiraciones que se cuentan, nunca dejé de imaginarme a los cabecillas terroristas bastante asustados, pues sin duda, y en el caso de las Torres Gemelas, sobre todo, el plan les había salido «demasiado» bien.

Jour-J (Día D) es una serie de álbumes de la BD, donde cada titulo es una ucronía. Tratan un tema, argumento o hecho histórico pero enfocado desde el punto de vista de otra alternativa, a lo que realmente ocurrió. La ucronía especula sobre realidades alternativas ficticias, en las cuales los hechos se han desarrollado de diferente forma de como los conocemos. Esa línea histórica se desarrolla a partir de un evento histórico extensamente conocido, significativo o relevante, en el ámbito universal o regional. Para que nos entendamos, esos famosos What If…? que tanto éxito tuvieron en otros cómics. Pero con hechos reales. Bien, pues cuarenta y un álbumes contiene esta serie ya desde que emprendió su marcha allás por el 2010.

Ponent Mon publica El Príncipe de las Tinieblas de forma integral. Una historia que fue editada en Jour-J en tres de sus álbumes (#29,#30,#31). Donde se habla de John O’Neill, uno de los mejores agentes del FBI, constantemente vestido de negro y apodado el príncipe de las tinieblas. Este perspicaz tipo señala que un mismo explosivo se utilizó en los ataques de Khobar, Islamabad, Nueva York (en 1993) y Addis Abeba. También existe un rumor sobre ciertos aviones que… En fin, para el principe de las tinieblas todo empezó en 1996 en Arabia Saudí cuando oyó por primera vez el nombre de Bin Laden. Época en la que fue el único que sospechaba del peligro mortal que Al Qaeda representaba para USA. Por lo tanto, sus reflexiones le llevan a creer que esta banda tiene suficientes ramificaciones para atacar en cualquier parte del mundo. Está convencido de que el próximo objetivo será el Word Trade Center y que el cerebro de las operaciones es ese tal Osama Bin Laden, anteriormente conocido como contratista de confianza para poderosos gobiernos. Alguien que cumple los plazos. Pero como todos saben, el 11 de septiembre de 2001, no pasó nada de especial relevancia en la mayor metrópolis del mundo, ¿no? ¿O sí?

La ucronía propuesta por Jean-Pierre Pécau y Fred Duval mantiene un ritmo trepidante. Aunque en esta ocasión los cambios en el marco temporal son sutiles y las consecuencias algo espectaculares. En las primeras páginas además, la historia disloca un poco al lector para que no comprenda qué es verdad, qué es ficción y cuál es esa reacción violenta de la reconstrucción ficticia. Pero al final, no importa. Todo parece coherente, los vínculos, lugares y personajes conocidos son lo suficientemente importantes como para sientas curiosidad por saber un poco más. Veremos al agente John O’Neill estresado, fuera ya del FBI, demandando la captura de Osama Bin Laden, convencido de que Arabia Saudí patrocina “el disparo de aviones». Tanto en Tel Aviv como en Nueva York, se investiga, O´Neill tiene contactos, algunos están en deuda con él y entregan la información buscada. Y por supuesto, el príncipe de las tinieblas no duda en torturar a los que no aportan nada. Hace ya tiempo que Jack Bauer demostró que el fin justifica los medios…

El ilustrador Igor Kordey sabe cómo componer páginas dinámicas y una estructura variada. Gozamos aquí de unos diseños hiperrealistas: sombras omnipresentes, una línea a veces áspera, especialmente cuando representa las caras que no aparecen en primer plano. Enormes decoraciones elaboradas con poca delicadezay otras tantas virtudes.

Una lectura entretenida, como pocas.

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