Reseña: El Devorador de Mundos, de Pedro Moscatel

Deberíamos temblar cada vez que pensásemos en lo oscuro y desconocido que es el cosmos. No podemos llegar a entender el concepto de infinito. La vasta negrura es demasiada extensa para nosotros. Indefensos en medio de esa oscuridad, podemos estar rodeados de cualquier cosa, incluso de monstruos invisibles… Es un terror que no llegaremos a comprender. Pedro Moscatel lo sabe, entiende que no podríamos soportar ver algo tan aterrador. Así que utiliza su buen arte en la escritura dejándonos echar solo un pequeño vistazo, antes de cerrar nuestros ojos contra la pesadilla.

Pablo, un agente que trabaja para el gobierno en el servicio de inteligencia y antiterrorista, viaja con su hijo pequeño al campo. Allí debe hacer un informe de ciertas personas con ideas propias no muy conformes con el sistema. Todo esto queda insignificante ante un misterioso yacimiento arqueológico muy antiguo. Nuestro protagonista no sabe dónde se encuentra al principio de la historia. Nos habla de un frío extremo y viscoso de almas gritando en la oscuridad. Recuerda un yacimiento del cual los romanos le atribuían magia, mientras que hechiceros decían contactar con otros planos de existencia. De todo ello, acabaría quedando cierto cuento conocido como La Leyenda del Devorador de Mundos.

Este es el gran desafío para nuestro autor, ponerle una cara al terror que es demasiado grande para ser visto. Estamos ante un relato corto cósmico, uno de los más difíciles de escribir al necesitar una muy buena ambientación o todo lo escrito quedaría sin alma. Sin embargo, Pedro Moscatel nos trae este horror, a pesar de la magnitud de la tarea. Él controla el infinito, lo destila y lo deja fluir en las páginas de El Devorador de Mundos. Allí, el terror del cosmos se condensa en la cantidad exacta que podemos absorber. Uno podría perderse en esta historia por el buen trabajo narrativo que dejó.

Nos han contado que hay monstruos más antiguos que el propio tiempo, que ven a los humanos como seres insignificantes. Mucho hemos leído que tal vez llegue el día de su retorno. Aquí no hay ninguna advertencia. Estamos en un relato de su llegada a la Tierra. Moscatel, sacó los tentáculos del miedo pudiendo con ello enfrentarnos a lo despiadado; aunque sospechamos inteligente. Siempre han sabido que estamos aquí, en esa pequeña mancha azul girando en medio de la nada. Ediciones El transbordador, en un formato de libro grande (cosa que se agradece, me encantan los libros grandes), entendió que este increíble relato necesitaba estar solo sin compartir páginas en una antología. Y acertó. Corto pero intenso. Usando cualquier momento de la vida cotidiana para traer el caos, lo incomprensible. Tienen hambre, nosotros sólo podemos suplicar que la tortura termine pronto.

Abrid este libro y no os arrepentiréis de haber leído un muy buen relato. Sí, lo recomiendo.

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