Reseña: La Mujer que tomó Veneno, de Iwano Hōmei

Para entender mejor los dos relatos que vais a leer aquí, Disipaciones y La mujer que tomó veneno, quiero comenzar mi reseña con una introducción sobre el autor del libro:

Iwano Hōmei antes de ser escritor quiso ser misionero cristiano. Ese hecho tal vez fuera el detonante de explorar el alma de las personas, buscándole un significado a la vida. Es el Naturalismo japonés, un género que quería ir al encuentro de la conciencia individual, la búsqueda interior de cada uno. Empezó a tener en cuenta las interioridades de los demás, pero sobre todo, las suyas. Indagará siempre en la sinceridad para identificarse con sus protagonistas llevándole muchas veces a dejar huellas autobiográficas escritas en primera o tercera persona. Autobiografismo del naturalismo nipón, conocido como la “novela del yo”.

En el novedad de Satori Ediciones que os traigo hoy, el autor relata un hecho del presente, mezclando las memorias y la autobiografía. Se centra en los detalles mundanos que construyen nuestro día a día. Al igual que un haiku está destinado a ser una imagen creada en el lenguaje, la estructura de las tramas de Hōmei están destinadas a ser un informe de las horas vividas, salpicadas de confesiones. En una lectura más detenida, este entramado sobre lo diario, revela otros hilos más profundos que pretenden llevar al lector a una reflexión sobre cómo nuestras acciones inconscientes pueden traer a nuestra vida cambios inesperados en un instante.

Los lectores occidentales podemos pensar por su manera de escribir que hay una ausencia de argumento y de definición de personajes, sobre todo en el primer relato de este libro (Disipaciones) publicado en 1909, el cual forma parte de su obra de ficción. Narrado en primera persona será aquí donde nacerá su antihéroe Yoshimo Tamara, protagonista de otras de sus obras. En la Era Meiji el comportamiento social de hombres y mujeres se mantuvieron dentro de límites estrictos. Las mujeres fueron constreñidas al hogar, sirviendo a su marido y a ser madres. El deber del hombre era mantener su casa. Entonces la mujer era considerada como propiedad del hombre. Yoshio Tamura se encuentra atrapado por este sistema. Conoce a una geisha llamada Kichiya aquejada de sífilis de la que, a pesar de su falta de cualidades femeninas, Yoshio se enamora haciéndola su concubina. Esto pone en marcha un triángulo amoroso donde se enfrentan el deber, la pasión y la traición. Yoshio es lo opuesto de lo que se espera de un marido. Todo se complica cuando el dinero comience a escasear llegando a empeñar los kimonos de su esposa…

La mujer que tomó veneno vio la luz en 1914. Escrito en tercera persona, la fuerza de la segunda historia radica en el intrincado diálogo que crea relaciones no sólo entre personajes, también con los lectores. En esencia, es una continuación del primer relato con los tres mismos personajes a los que domina la desdicha. Encontraremos al tal Tamura más canalla y enloquecido por celos a su concubina y a un amigo. Vamos a seguir con las dos mujeres: la amante todavía está enferma y un nuevo negocio de Tamura necesita mucho dinero. Todo esto hace que el ambiente en su hogar sea irrespirable, lleno de tensiones. Las notas autobiográficas aparecen intercaladas por todo el cuento hasta casi su final. Una historia de confrontaciones e insultos. Hay que elegir, debe sacrificar una cosa u otra, salvar a su amante a pesar del costo, o volver a ser un esposo fiel. ¿Qué mujer será la víctima?

Iwano Hōmei nos dejó otras vidas clavadas en el papel para que nosotros observemos.

Ambos relatos son una crítica al libertinaje de nuestro protagonista. No sólo deberá intentar convivir con ambas mujeres, sino que además debe mantenerlas y su dinero escasea. Peleas y discusiones marcarán su día a día. No estamos ante esas historias japonesas de cerezos en flor y hombres y mujeres mojando las mangas de sus kimonos de felicidad. Son historias de lo que supone vivir en un triángulo amoroso en la época Meiji. La amarga situación de la mujer japonesa, algunas de ellas inquietas por contar sus propias historias en tinta y papel, pero reducidas a esclavas del hogar. Este libro cuestiona este tipo de relaciones encorsetadas.

Hōmei vivió en pleno cambio. Del Japón cerrado de los señores feudales al moderno que conocemos. Algo que en un país tan tradicionalista como Japón no fue fácil y desde luego en alguna de las diferentes etapas de esa evolución fue decepcionante para muchos japoneses. Pocos autores atacaron ese modelo familiar que oprimía a la mujer, él sí lo hizo y es digno de elogio. Con estas historias nos dejó una joya literaria traducida por primera vez al español por Satoria Ediciones. Una obra merecedora de estar en las mejores bibliotecas personales.

Lo recomiendo mucho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *