Reseña: Terry y los Piratas. La Mina del Tesoro (1934-1936), de Milton Caniff

Abre este primer tomo de Terry y los Piratas un articulo de Rafael Marín (escritor y guionista de cómics gaditano y responsable de dicha línea editorial en Dolmen) adentrándonos en una serie que califica como «puntera» en aquellos tiempos en los que las tiras cómicas eran el divertimento de muchos. Potente, potente, lo que cuenta. Dolmen Editorial nos vuelve a traer a los aficionados, dentro de su formidable colección (para todo amante del cómic clásico) Sin Fronteras, una de las mejores series que abrieron paso al mundo de las historietas. Terry y los Piratas, una serie, un cómic, esperado por muchos durante años. Tiras de acción y aventura, un cruce entre Indiana Jones y Tintín que, debutando en 1929, parece tener una influencia inequívoca sobre ellos. Una nueva edición integral destacable, ediciones completas de tiras de periódico clásicas, nada más y nada menos que bajo la pluma del prolífico Milton Caniff.

Terry y los Piratas: La Mina del Tesoro comprende todo lo publicado de dicha serie entre 1934 y 1936. Tiras que se estiman (según los ejemplares vendidos de diarios) fueron leídas en su día por más de un millón de “Terry Pirates”; como se les llamó a los primeros fans de la serie. De hecho, de todos es conocido que Howard Chaykin siempre la consideró «La Mejor Tira Cómica de Aventuras Hecha Nunca».

Este primer volumen nos presenta a Terry Lee, un joven estadounidense que llega a China junto a un periodista implacable llamado Pat Ryan. También un guía chino llamado George Webster Confucio, o «Connie», nombre corto para conocidos. Inicialmente, Terry está buscando un tesoro escondido que ocultó uno de sus parientes, y así es como el trío se enreda en todo tipo de aventuras en las que nos toparemos con piratas, mujeres fatales y villanos poco agradables. Pero el cómic, las tiras, las viñetas y personajes evolucionan de forma sorprendente. Terry, probablemente un niño de doce o trece años cuanto todo comienza, es un chico estadounidense, de raza blanca y amante de las aventuras. Considera a Ryan como un modelo a seguir. Le pide consejo, protección y ayuda. Ryan se presenta como todo un caballero cuando se presenta la oportunidad. Un hombre normal, independiente, que no teme usar en ningún momento su mente, puños o ambos para lograr sus objetivos (y los de Terry). Connie -con su graciosa forma de hacerse entender-, proporciona no solo alivio cómico, sino también un sentido de lealtad sincera hacia Terry y Ryan.

Las historias en sí son divertidas. La narración y el ritmo de Caniff son extraordinarios en algunos momentos. Y así es como Terry y los Piratas brilla con luz propia y hace que valores lo que tienes entre manos. Comienza guay, avanza rauda y parece haber soportado bien el paso del tiempo. Insisto, siendo conscientes siempre y desde un principio del tipo de cómic que tenemos entre manos y lo que supone leerlo hoy en día. Así que sobran las comparaciones a los títulos que se editan actualmente. Estamos hablando de una obra con más de ochenta años, friends. Sepamos valorar eso.

Me comentó mi tito americano (del que os he dicho en más de una ocasión que es terriblemente experto en cómic europeo y clásicos de este tipo), que si Terry y los Piratas: La Mina del Tesoro es muy buen inicio, parece ser que en historias venideras se establece una calidad absolutamente mayor. En especial, me dijo que en el próximo Volumen 2 (1937-1938): «Los volúmenes restantes te sorprenderán». Por lo visto, Caniff toma el mando al cien por cien respecto al arte de dichas viñetas y crea detallitos mucho mejores de los que en el Volumen 1 podemos encontrar. Lo comprobaré. No os quepa duda.

Si nunca habéis leído series de tiras cómicas, os diré que producirlas en su formato original es un arte en sí mismo. La primera de cada una de las tiras diarias (de tres o cuatro paneles) debe resumir rápidamente lo que sucedió antes. Y la tira final normalmente presenta algún tipo de suspense para que te lances rápidamente a “comprar el periódico” del día siguiente. Caniff no solo fue un maestro en crear ritmos de este estilo. También ideó y fue maestro en mantener dos tramas al mismo tiempo. Estadounidenses de los años 30 sólo leían el periódico del domingo, lo que significaba que los fans se perdían la mayor parte de la historia. Para resolver dicho problema, Caniff escribía una historia para la edición del domingo (que se presentan al inicio de este volumen) y un guión aparte para la edición diaria. Dos tramas igualmente atractivas.

Un maestro.

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