Reseña: La Desaparición de Annie Thorne, de C. J. Tudor

Comienza fuerte ya en el Prólogo con un asesinato y unas letras grandes garabateadas en la pared: NO ES MI HIJO. Arhill es un pueblo inhóspito y siniestro al que regresará nuestro protagonista Joseph Thorne, veinticinco años después de haberse marchado. Siempre en primera persona nos relatará el pasado cuando su hermana pequeña de ocho años desapareció. Aunque cuarenta y ocho horas después volvió, ya no era la misma; cantaba una extraña canción:

Bajará por la montaña y vendrá,

bajará por la montaña y vendrá.

Joseph recibirá un correo: «Sé lo que le pasó a tu hermana. Está volviendo a pasar». Pero en sí el correo es lo de menos, Joseph siempre supo que volvería, tenía un asunto pendiente que resolver. A partir de entonces, una siniestra tensión envuelve todo el libro. Una vieja mina que esconde una leyenda, los sucesos sobrenaturales y la atmósfera opresiva de esta historia irán creando inquietud en el lector. Mezclando el mundo real y el mundo del misterio, la autora dejará muchas cosas para que nosotros las reconstruyamos. Como tal, nos convertirá en una especie de socio juzgándolo todo según nuestras propias creencias o escepticismos. Un tema a lo largo de toda la historia es el karma y eventos del pasado que vuelven a castigar a los que deambulan tras cada página. Entre el presente y el pasado Joseph no es un narrador muy fiable, primero relatará lo que va recordando, para luego decirnos: Bueno, igual no fue así como ocurrió… Pronto entenderemos que juzgar e idealizar a algunas personas puede cambiar muchas circunstancias que teníamos por ciertas. Por eso nunca estaremos seguros de ir controlando la historia, deberemos esperar a que en verdad quiera sincerarse.

Un protagonista increíble de esos que dejan marca: profesor de literatura, alcohólico y ex jugador de cartas. No tiene suficiente con resolver lo que cree que ocurrió, encima debe hacer frente a un problema de acoso escolar y a una tal Gloria, una torturadora contratada para que pague sus deudas de juego. Los diálogos son maravillosos, nunca unos diálogos llenaron tanto una historia. Nos miente inconscientemente, pero lo hace. No son mentiras piadosas, simplemente se niega a recordar la verdad. Su personalidad se parece a la del doctor ese de la serie House, en su cojera tomando codeína para el dolor con el mismo sarcasmo. Pero hay algo más que me recordó este libro y es a Stephen King . Sí, se parece mucho a uno de sus primeros libros, es inevitable no pensar en ello cuando llegas al punto clave. Hay trozos de otro conocido libro de Terror, pero eso ya os lo dejo para que lo encontréis vosotros, amigos lectores. ¿Pero sabéis qué? No me importó, cuando me di cuenta ya estaba rendida ante la calidad narrativa de esta escritora. Creó tantos momentos de esos que te ponen el vello como escarpias, que no podremos evitar escuchar si hay algo que rompe el silencio de nuestro alrededor mientras leemos. No deberíamos temer a los muertos si no a los vivos, pero es en la oscuridad donde acechan los monstruos, y C.J. Tudor lo sabe. Ese cementerio antiguo donde no hay ni un solo niño enterrado… un viaje atrás en el tiempo junto a una investigación actual de su antigua pandilla de amigos, ellos sí saben la verdad… La parte del interior de la mina tiene una de las mejores escenas de Terror que he leído en mucho tiempo. Es de esa clase de libros que deben leerse de noche. Espeluznante, no hay otra forma de catalogar esta narración, sabiendo fusionar lo inexplicable con la realidad.

Qué decir del final, cuyo protagonista nos ha estado escondiendo la verdad en todo momento… Pues magistral. A veces lo que regresa no es lo mismo que se ha ido. «Si te gustan mis cosas, te gustará esto», dijo Stephen King. No puedo más que darle la razón. Los amantes del Terror nos merecemos libros como este. Creo que con esta frase mía ya lo he dicho todo.

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