Reseña: El Inquisidor, de Gianfranco Manfredi y Antonio Lucchi

Se abusa con frecuencia del término cómic visionario, y sin embargo, aún no lo he oído de títulos que verdaderamente lo merecen. El Inquisidor, la nueva publicación que trae Panini Cómics dentro de su sello alternativo con el acuerdo de publicación que hizo con Sergio Bonelli Editore con el fin de editar las mejores novelas gráficas de la editorial milanesa en español; es un buen ejemplo. Sin duda, de cómic visionario. Por que parte de un prolífico autor también portador de dicho término. Gianfranco Manfredi (1948) es un cantautor, actor, escritor y guionista de cómics italiano, el cual suele incluir elementos quiméricos en sus historias en contextos históricos meticulosamente estudiados. Y ha tratado casi todos los géneros posibles. Con El Inquisidor, por ejemplo, el guionista nos traslada a la Galicia de principios del siglo XVII, para contarnos una historia de magia negra, brujería y amores truculentos.

También demuestra su valía en este cómic Antonio Lucchi (1978); diseñador gráfico y fotógrafo que trabajó varios años en el mundo 3D para videojuegos. Aunque dentro de lo que nos interesa, actualmente forma parte del grupo de trabajo para el personaje de Adam Wild, la más famosa creación del maestro Manfredi. En El Inquisidor, Lucchi se mueve como pez en el agua; desde las ya espectaculares ilustraciones en blanco y negro, a una obra totalmente en color, en la que cada viñeta es prácticamente una pintura. Leyendo El Inquisidor, uno tiene la impresión de estar avanzando en un viaje extraño junto a los protagonistas. De vivir un sueño, que en algunos momentos adquiere la categoría de alucinación. Y tan bien conseguido está el guión para con el dibujo, que se llega a tener sensación de vértigo. Es increíble cómo Lucchi logra obtener al mismo tiempo originalidad, belleza en ciertos paneles y variedad de atmósferas (gradualmente oscura, soleada, gótica, de ensueño). La expresividad de los personajes y también el dinamismo de las escenas de acción, con duelos a espada viva, brillan.

España, 1610. La bella Amanda es acusada de usar la magia negra. Por causas del destino (o no), irrumpe en la vida de Luis de Santiago, un inquisidor que odia la brujería, hombre de fe, sin prejuicios, pero sobre todo un hombre de mente abierta que sabe llevar falsedades y abusos. Es un hombre que ejerce el poder (y puede hacerlo terriblemente), pero no es un esclavo del poder ni se mueve solo por la lujuria de poseerlo. Lo que también subordina a la hermosa Amanda que pasea su corazón alrededor de Santiago… Una historia llena de giros, traiciones, detalles históricos e ingreso a lo sobrenatural (como la hermosa portada de Aldo Di Gennaro) que ya lo anticipa. Es una de esas historias de las que contar poco, es spoilear mucho. Aun así, el propio Manfredi la describió muy bien en una reciente entrevista: «La historia se desarrolla en España en el siglo XVII. Protagonistas: Santiago (un inquisidor disidente), Gonzalo (un espadachín a su servicio), Amanda (una morisca acusada de brujería y provisión de aborto), Barbàn (un niño gitano con poderes misteriosos), Vasco (un amigo de la infancia de Santiago, pero un seguidor de la Espada Blanca, un culto dedicado a la pureza de la sangre), Djiin (la versión horrenda del genio de Aladin) y las horribles criaturas hechas de odio y viento, traídas de la más popular tradición oriental. ¡Una buena ensalada!».

Una historia que goza de personajes genialmente creados y realistas. El pequeño Barbàn, un niño descarado con dones y misterios en su interior, es sencillamente brillante. Un contexto histórico y religioso preciso… Obras que se esperaban hace tiempo, muy buenos títulos que brotan de la tierra de la pasta y la pizza. El buen cómic europeo que uno debe leer para ser objetivo con todas las lecturas que le rodean. Lo realmente bueno, cuesta encontrarlo.

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