Reseña: La Caja de Botones de Gwendy, de Stephen King y Richard Chizmar

lacajdebotonesdegwendySobre el gran maestro Stephen King se ha dicho casi todo. Denostada su literatura, alabada, premiada… es el buen ejemplo de que la constancia da la razón. Especialmente eso, la constancia pues si hay un escritor constante (aunque él nos llame así a nosotros: lectores constantes); si hay un escritor tenaz, ese mismo que después de cuarenta años sigue con una producción increíble de historias, es el Tito King. Y me resulta algo duro tener que defender a un grande después de los años, de los títulos y de lo que ha aportado a la literatura, no de género, a la literatura en general. A ver, es fácil, todo aquel que tenga una enorme producción tendrá altibajos. Pero lo grande de este hombre es que aun así, en su peor momento, es mejor que muchos. Caso cerrado.

Stephen King está de vuelta a sus setenta y un años, vuelve a escribir historias de esas que se graban, que te dejan un buen mal sabor de boca. De las que montadas en el costumbrismo, te ponen la piel de gallina. Historias como La Caja de Botones de Gwendy. Obrita, novela corta, que recién acaba de publicar en nuestro país la editorial Suma de Letras en una edición muy llevadera y basada en un mantra:

«Un chocolate al día realmente mantiene alejado al médico».

Así es como el maestro nos lleva de vuelta a su pueblo favorito, Castle Rock, donde cantidad de historias hemos vivido. Ese mismo lugar de sufrimiento, con cantidad de referencias a sus obras, donde se dan cantidad de historias interesantes en la obra del genio de Maine. La Caja de Botones de Gwendy es esencia, más que una lectura corta, una que se hace demasiado corta. Casi doscientas páginas de trama con algunas ilustraciones de Richard Chizmar. Una obra con cierta intencionalidad de literatura juvenil y sin duda, lo parece. Aunque como adulto quizás disfrutes más de ella, cuando veas/sepas todo lo que acontece.

La Caja de Botones de Gwendy es lo suficientemente entretenida, ideal para la época en la que estamos: tardes, noches de mantita y lectura. Entretenida muy mucho, trama en la que viajamos a 1974 y toda la nostalgia que eso conlleva. Coches, vida de pueblo, la píldora, el amor joven, la escuela secundaria, el primer automóvil, el primer beso… Y por supuesto, lo sobrenatural. Una mezcla de las que gustan y que no veía desde Joyland.

Gwendy es una chica gordita y tímida que quiere perder peso antes de comenzar la Escuela Secundaria, por lo que diariamente sube corriendo unas escaleras empinadas que llevan a un mirador. Un lugar llamado las Escaleras del Suicidio. Una mañana, conoce allí a un hombre extraño llamado Richard Farris que le da una caja con botones. Sabe que no debe tomarla, pero Farris, sin embargo, la convence. La caja es como un joyero pero cada uno de esos botones, al ser pulsados, gozan de propiedades poco razonables. Poco normales y que de forma increíble ayudan a su portador. Pero hay una palanca a la que se puede acceder diariamente y que es un pequeño gozo que todas las personas merecen. De ella brota un chocolatito espléndido con diferentes formas cada vez… Otro botón le aporta a Gwendy (y esto no cambia) un valioso dólar de plata de 1891. Pero hay otros botones por probar y que son totalmente siniestros.

A través de la caja y del paso de los años junto a Gwendy, veremos como la vida de la chica cambia y toma un rumbo inesperado con una serie de sucesos oscuros que se dan mientras inicia la preparatoria para la Universidad. Me da que La Caja de Botones de Gwendy era en principio una idea para novela aún más larga. De al menos trescientas páginas. Una obra que deseas que se extienda pero que quizás King usa para callar bocas (aunque a estas alturas no lo necesita) a todos aquellos que le acusan de meter paja en sus libros.

Un final de los buenos, genial precio y formato. Un verdadero regalo.

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