Reseña: Cero, de Kathe Koja

CeroEl tema ni mejora, ni desmejora. Sencillamente por que mejorar lo hecho hasta ahora por La Biblioteca de Carfax trayendo al aficionado o publicando casi un titulo mensual de misterio o Terror… ¿Quién mejora eso? Ya cuesta, y aunque siempre se puede exigir más, hay que aclarar como amantes del género, que somos casi desde que nacimos; que esta nueva editorial con muy poco, está haciendo una labor encomiable sacando para el aficionado, trayendo a nuestro idioma (¡lo necesitábamos!) grandes títulos del mejor género de todos. Ese que te despierta, te revuelve en tu asiento, ese mismo que provoca que cuando hay silencio eterno en la lectura hace que mires con recelo a ese rincón de la casa, un lugar en el que antes no habías reparado.

Lo curioso del tema es que están trayendo a nuestro idioma títulos o antologías del género inéditos o descatalogados hace tiempo (¡Y ya está anunciada la siguiente!). Pero sobre todo, inéditos. De ahí su necesidad. Además, de que algunas son primeras novelas (y por tanto, con las que dieron el salto); autores que han sido galardonados con los grandes premios americanos o ingleses de la literatura fantástica como pueden ser el Hugo, el Locus, el Britisth Award y por supuesto, el grande entre los grandes el Premio Bram Stoker, que se le otorga el mejor libro de Terror del año en USA. Con ello, me encuentro con una nueva atracción de la editorial y acto seguido me puse al tajo. Una novela llamada Cero (The Cipher, 1991), de una tal Kathe Koja, con un argumento la mar de atractivo.

Kathe Koja (1960) es una escritora estadounidense, conocida especialmente por sus libros de ficción especulativa para adultos y jóvenes. Su trilogía histórica Under the poppy y una biografía ficticia de Christopher Marlowe, la hicieron entrar en el mundillo de todas-todas. Por supuesto, también haber ganado el Premio Bram Stoker y Premio Locus a Mejor Primera Novela con Cero; el titulo que hoy os reseño. Que también fue nominada para el Premio Philip K Dick ese mismo año, por cierto.

Cero tiene un par de líneas en su sinopsis que ya con eso atrapa. Nicholas y su amiga Nakota descubren un día un agujero negro en una de las salas abandonadas del edificio de almacenamiento donde trabajan. Lo bautizan como Ojo Negro. Todos sabemos que si le ponemos nombre a algo, empezamos a sentir cariño o atracción sobre ello. Como si fuera nuestro. La pareja se dispone a ver qué sucede si dejan caer varios objetos dentro del agujero. Despertando “su apetito”. Con insectos, un ratón o… una mano humana que regresa violentamente bien recompuesta…

La siguiente ocurrencia es introducir una videocámara de las del curro en el agujero, para registrar lo que quiera que haya dentro. Las imágenes de la cinta de vídeo que recuperan son fascinantes. Pero algo empieza a no cuadrar. Lo que Nic ve es diferente de la visión de los demás. Sin embargo, para Nakota el hoyo significa cambio, porque todo lo que se deja caer en el Ojo Negro emerge transformado, si es que alguna vez vuelve. Dándole vueltas al coco sobre el Ojo Negro, llega a afirmar que Nicholas es el único que puede hacer que esas extrañas cosas sucedan a su alrededor. Pero no tienen ni idea en realidad. No son científicos. Nicholas trabaja en la tienda de video, y es un poeta aspirante que ya no aspira. Nakota es una camarera que es demasiado grosera y contestona como para trabajar en trabajos más serios. Mas, incluso los que se consideran a sí mismos perdedores, son curiosos como para realizar “experimentos”, después de ver las mutaciones que surgen del Ojo Negro. Para Nicholas, el agujero es un fenómeno que lo obliga a enfrentar su vida miserable y sin rumbo. Pero solo Nicholas y su cascarrabias medio novia Nakota son conscientes de esta aparente deformación del continuo espacio-tiempo. Y sólo ellos parecen ser protagonistas de la tragedia que está por venir…

En unas setenta páginas, la novela cambia de rumbo y te deja con el culo torcido. Como lector esperaba lo típico, y nada típico sucede aquí. Koja ha creado personajes creíbles que están desesperados por el entretenimiento y la salvación. Dando vida a una poderosa primera novela que es tan estimulante como aterradora.

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