Reseña: Bellas Durmientes, de Owen King y Stephen King

bellas-durmientesSiempre que un fan se entera de que el Tito King anda metido en un proyecto, es normal que se interese por él. Un maestro del Terror del que está todo dicho ya. Un dios de la mejor literatura de todas y que aún a su edad no para, pero es que por no parar, no para de innovar. Incluso si decide participar como coautor junto a su hijo escritor menos conocido de los dos como es Owen King. En Bellas Durmientes (Sleeping Beauties), el mejor escritor de Terror de todos los tiempos colabora con su hijo en esta historia épica y “colorida” sobre una pandemia mundial, donde el de Maine se adapta y sigue mostrando un vigor juvenil que no había visto en años.

El virus Aurora es una pandemia que cae sobre el mundo como un dulce hechizo de cuento de hadas. Aunque visto así en realidad, de dulce tiene poco… Ese mal sella a las mujeres dentro de capullos fibrosos y deja a los hombres en un estado de desorden mental. Hay disturbios fuera de la Casa Blanca, guerras apocalípticas de pandillas en las calles de Chicago…, y mientras tanto, en Dooling, West Virginia, la batalla de los sexos se reduce a una justa entre Clinton Norcross, un acosado psiquiatra de la prisión, y Evie Black, una joven con poderes sobrenaturales, encarcelada por el asesinato de un par de cocineros de metanfetamina. Pero entre estas desdichas en las que se centra el argumento, el reloj sigue corriendo, el final está cerca y sin embargo, Clinton y Evie siguen encerrados en su disputa de: los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. “Podríamos seguir así para siempre”, Evie suspira móvil en mano.

Él dice, ella relata. Ella comenta, él replica. La historia más antigua del universo. Bellas Durmientes ha sido para mí una experiencia lectora diferente. Contiene tema apocalíptico (he leído bastantes) y personajes en los que crees que se desarrollará una trama filosófica de “estamos solos y si lo estamos es por algo”; pero no es así. Y lo que me pone nervioso es saber quién de los dos autores mete ciertas cosas en la trama, un drama alegórico que en ocasiones no me pega nada con King padre. Tiene su Terror sí, y en ocasiones de pronto salta a uno diferente. ¡Una ensalada con personajes curiosos, trama adornada con salpicaduras de ketchup arterial que mola!

Mujeres que andan durmiendo, maldecidas, que no deben ser molestadas. Si destrozas el capullo o vaina (por que no cabe duda de que en ocasiones la historia recuerda a La invasión de los Ultracuerpos) las hembras despiertan como zombies, o posiblemente como ángeles de la venganza, e inmediatamente comienzan a asesinar a sus esposos e hijos. Evie, a quien muchos llaman “el ángel negro”, claramente considera esta respuesta como una especie de venganza cósmica. Incluso puede ser que ella esté tirando de las cuerdas desde lejos sin saberlo…

Los devotos de la familia King entre los que me encuentro (aunque nunca he leído nada de mamá Tabitha King), encontrarán ecos familiares aquí. También argumentos comunes como una comunidad aislada viéndose agrietada por lo que acontece al mundo. Un lugar que se vuelve de todo menos agradable. Si conoces bien la obra de King, muchos trabajos te vendrán a la mente mientras lees Bellas Durmientes. El más obvio, con pandemia mundial incluida, la genial Apocalípsis (The Stand). Para muchos de mis amigos, posiblemente el trabajo más grande del genio de Maine. A ellos no me cabe ninguna duda de que les encantará Bellas Durmientes. El abundante grupo de víctimas y sobrevivientes recuerda bastante a lo que uno encuentra en Apocalípsis, la verdad. Y también tiene ese punto álgido, que mola bastante, cuando afortunadamente varios de estos personajes se separan de la manada: Clinton es nuestro héroe imperfecto del hombre nuevo, que lucha por salvar su matrimonio y ver como su esposa, Lila, se auto-administra de cafeína y cocaína en un vano intento de mantenerse despierta. Luego, cuando Lila se hunde, su puesto es ocupado por Frank Geary, un antiguo oficial de control de plagas con un temperamento desencadenante. Geary está decidido a salvar a su hija y con razón, cree que Evie Black es la clave… Y así toda una serie de interrelaciones que te enganchan y provocan que no quieras parar de leer.

El hechizo que a King hizo grande.

Bellas Durmientes es una buena historia que no me cabe duda que tendrá película en no mucho tiempo. Pero como novela tiene problemas similares a ciertas novelas tocho del Tito King. Tienes que conseguir entrar y no despistarte, o dejar mucho tiempo entre lectura y lectura, para no perderte con tanto personaje. Llega a proporcionar un glosario extenso de los habitantes de Dooling (incluye varios cónyuges y primos, panaderos y mecánicos, junto con “un zorro común, entre los cuatro y seis años de edad), cantidad de personajes que pueden asustar al no lector constante. Pero ojalá esos fueran todos los problemas de las novelas de ochocientas páginas que hoy visitan el mercado. El factor bueno para el lector debe ser el tempo. Y aquí se marca bastante bien. Bellas Durmientes es terriblemente satisfactorio durante su vertiginosa primera mitad, mientras la crisis se afianza, antes de que el equipaje alegórico se acumule. Luego, se mantiene con escenas, unas más impactantes que otras, hasta el final.

Uno de los dones de Stephen King como escritor es su dominio del medio en los pequeños pueblos estadounidenses y el trato entre la clase obrera típica de estos lares. Para Bellas Durmientes, todo esto parece susurrado al oído de su hijo Owen. Queda así una colaboración más que destacable, ideal para volver a disfrutar de una trama interesante para el amante del fantástico.

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