Reseña: Los Caminos del Señor, de David Fabrice, Gregoy Lassablière y Jaime Calderón

loscaminosdelseñorSegundas ediciones son necesarias. Y terceras… Las ventas lo proponen, se supone que lo exigen, pero el tener al aficionado saciado y a gusto en este tema es sin duda una labor que las editoriales tienen que tener presente, y sí lo hacen, es de agradecer. Por fin tenemos en España los primeros números de la obra del dibujante Jaime Calderón y el guionista David Fabrice. La colección de Los Caminos del Señor (Les Voies du Seigneur) publicado de la mano de Yermo Ediciones. Un cómic que se ha hecho esperar por los aficionados al buen cómic histórico. Una obra de arte que surgió en 2009 al otro lado de los Pirineos y que nadie se explica porque ha tardado tanto en llegar aquí. Sin embargo, Yermo ya tiene publicados los dos volumenes de la colección, que comprenden toda la gran epopeya medieval que recorre la historia de Europa.

Es un hecho afirmado, pero no demostrado, que los habitantes de las costas occidentales de Noruega llegaron a América con varios siglos de antelación al viaje de Cristóbal Colón. Entre estos documentos que demostrarían que los vikingos habían llegado mucho antes al Nuevo Mundo, hay un mapa del siglo XV, que confirmaría que Eriksson y sus hombres, de una colonia vikinga de Groenlandia, habrían cartografiado la costa canadiense. Un papiro que para el mundo occidental y católico no interesa a nadie. Prefieren que no exista. Por lo que muchos son los fanáticos que tratan de apoderarse de él para llevar el camino de la Iglesia a su redención.

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Este primer ejemplar de Los Caminos del Señor nos traslada a épocas distintas. Por un lado esta es la historia central. La que ya conocemos: el trono de Inglaterra ha quedado vacío y tres reyes pugnan por hacerse con él. Guillermo, el Normando, que acude a ella por legitimidad y con la furia de su hermano Odón oculta bajo el brazo. El rey vikingo Hardrada. Y el que espera en la playa, el rey Haroldo. Sí, aquel al que espera una aciaga flecha…

loscaminosdelseñor_03El tomo publicado por Yermo Ediciones cuenta en realidad con dos volúmenes en su interior. 1066. Guillermo de Normandía se prepara para la guerra contra Haroldo de Inglaterra, el traidor que le ha usurpado el trono. Y 1119. Los reyes occidentales han declarado la guerra a los infieles para recuperar Tierra Santa. Donde cada uno de estos guerreros seguirá los designios de Dios para traer la paz a su reino. Pero los caminos de Dios son inescrutables, ya sabéis, sobre todo, cuando se interpone la codicia humana. Sin la menor duda, cuando te acercas a Los Caminos del Señor de David Fabrice, Gregoy Lassablière y Jaime Calderón, ves que es una obra de arte en sí misma. Lo descubres en cuanto abres el tomo y empiezas a ver las ilustraciones y la agilidad de los diálogos donde la acción se mantiene con cada página. Una buena editorial debía ponerle el ojo encima en su día y gracias a Yermo nos llegó y encima ahora la recupera para nosotros.

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En esta primera parte de Los Caminos del Señor, 1066 Hastings, los artistas son leales al momento histórico que se vivió. Un trabajo meticuloso por parte del barcelonés Jaime Calderón, del que esplende su habilidad con el lápiz para recrear grandes batallas. Un guión ágil de David Fabrice y Gregoy Lassablière. Un momento esencial bien llevado hacia su final.

En 1119. Miles Christi, más de lo mismo. Aunque damos un salto de cincuenta años en el tiempo, seguimos metidos en la trama y recorremos un peligroso viaje hasta Tierra Santa, con Bernardo eligiendo a un grupo selecto de hombres, guerreros y caballeros, a los que designa como Miles Christi, los soldados de Cristo. Un camino lleno de “grandes vistas”…, como desiertos de Oriente Medio, el palacio de Balduino II en Jerusalén o la mítica fortaleza del Viejo de la Montaña, señor de los Hashashin.

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Una edición ideal para un cómic épico y sobresaliente. Un cómic que lleva un lustro recibiendo elogios y galardones en el país vecino; un cómic que nadie debería perderse, porque disfrutar y culturizarse siempre fueron de la mano de estos autores. Brillante. brillante, brillante obra, sí señor.

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