Reseña: Los Doce, de Justin Cronin

LosDoceLos Doce es un libro gordo, de esos que se pueden utilizar para cuidar el alma y el cuerpo, leyéndolos y haciendo pesas respectivamente. A su vez, Los Doce es la secuela de otro libro igual de gordo llamado El Pasaje que fue publicado hace dos años (en España) y que fue catalogado por Stephen King como una joya.

El Pasaje ciertamente era un libro de esos para disfrutar, una buena historia de vampiros con muchísimos personajes y una trama que no paraba de avanzar… hasta que se cortaba bruscamente. Porque eso ocurría cuando llevabas doscientas y pico páginas, el corte más brusco que recuerdo haber leído jamás, de esos que te dejan una sensación de vacío en el interior y parpadeas porque no crees que eso sea posible. A partir de ahí, comenzaba otra historia.

No negaré que cuando leí El Pasaje me metí tan de lleno en la historia de Wolgast y Amy que cuando se detiene (bruscamente, no me cansaré de decirlo) y empieza con otros personajes, otro lugar y, entre comillas, un mundo nuevo que definir, me costó volver a entrar en la historia. Pero Justin Cronin hace una cosa muy bien: narrar. Y pronto, volvía a estar absorbido por esos nuevos personajes, por ese lugar llamado La Colonia y por la amenaza constante de los vampiros, llamados en el libro virales.

Me encantó. El Pasaje es uno de esos libros que me abrieron la mente y me hicieron imaginar y disfrutar como un enano. Aunque, a mi gusto, adolece de una cosa que lo hizo imperfecto: el deus ex machina. Cronin es uno de esos autores que no creen en la existencia del mal si no existe una fuerza benigna que lo contrarreste. Y su final, al igual que el de Apocalipsis de Stephen King, es demasiado… Dios. Deus ex machina.

Los Doce comienza unos meses después de haber terminado la historia de El Pasaje. Al menos lo hace durante unas páginas, antes de dar marcha atrás y comenzar a narrar otra historia que más adelante tendrá su importancia. Nuevos personajes, época presente, tensión creciente y todo eso que Cronin hace a la perfección. Aquí ya estamos preparados, sabemos que esa historia no durará, que se cortará bruscamente para regresar a nuestros viejos conocidos de la Colonia. Y así es. Como siempre, sin embargo, el saber que va a ocurrir le quita la intensidad que tenía en el primer libro aquel corte abrupto.

Sin embargo, la primera parte del libro es maravillosa. Presenta varios personajes de forma sublime (El último superviviente de Denver, April, Daniel, Horace, Lawrence y la zumbada de Lila) y la acción es trepidante. De aplauso.

Y ahora sí, por fin, volvemos con nuestros viejos conocidos. Los que siguen vivos, al menos, porque de un plumazo se nos cuenta la muerte de algunos supervivientes del primer libro en los meses que han transcurrido en medio. La historia se desgrana con rapidez, en varias direcciones que van confluyendo en una sola, mostrando grandes personajes y personalidades, momentos de horror absoluto, y una tensión que casi puede cortarse con el cuchillo. En eso, Justin Cronin es bueno. Muy bueno.

Tanto a El Pasaje como a Los Doce les sobra, a mi parecer, esa ayuda externa y ¿divina? que ayuda a los personajes a resolver la acción en sus últimos instantes. Sinceramente, creo que todo es tan realista (dentro de lo realista que puede ser una guerra entre humanos y vampiros) que esa ayuda extra le quita algo de emoción. Y además, tampoco habría sido necesaria. Les habría costado más, sí, pero podrían haber ganado igualmente sin necesidad de apoyo.

Para mí, es la única pega y no afea el libro aunque impide que pueda considerarlo sublime. Por lo demás, me quedaré impaciente a la espera de que llegue el cierre de la trilogía que… ¡¡acaba de ser publicada!! La Ciudad de los Espejos se llama, me llama y allá voy.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *