Reseña: La Rueda Celeste, de Ursula K. Leguin

la-rueda-celeste_ursula-k-le-guinLeer a Ursula K. Leguin es leer tramas diferentes, con originalidad y visualizarlas fácilmente. Lo dije una vez y el comentario fue muy bien acogido: “Nadie puede explicar un dragón”, dijo alguien. Y os aseguro que Ursula K. Le Guin te hace verlo.

Entre los muchos puntos fuertes de Le Guin está su habilidad para escribir Fantasía o Ciencia Ficción elocuente que, si bien está repleta de dragones, magos, brujas y todos esos mitos de otro mundo; también está directamente relacionada con personajes dignos de hoy en día. El sello Minotauro acaba de publicar La Rueda Celeste, un joyita de novela corta, un gran clásico moderno indispensable donde se habla de profecías, de males internos, un aborde magistral de los peligros que conlleva tener cierto poder absoluto sobre los seres humanos. Una capacidad poderosa de alterar la alterabilidad, nunca mejor dicho.

En La Rueda Celeste, los sueños de George Orr se hacen realidad. Esto podría sonar como una habilidad maravillosa, pero él no tiene ningún control consciente sobre ella. Las pesadillas, la venganza mezquina, o simplemente la surrealidad de su subconsciente cambian el mundo mientras duerme. Y peor aún, ha cambiado retroactivamente para todos, y él es la única persona que sabe que el mundo solía ser diferente antes… Antes de dormir. Ya en el principio, cuando la novela comienza, Orr está alucinando, desvariando, tambaleándose por el pasillo de su apartamento, después de una sobredosis de drogas para evitar dormir. Pese a ser una novela escrita en 1971 se nos presenta un marco social muy castigado por la violencia y las catástrofes medioambientales. Nada diferente a lo que tenemos hoy en día. Y en ese marco George Orr descubre que sus sueños tienen la capacidad de alterar la realidad. Así que destrozado por la muerte de una mujer que le acosaba sexualmente con cuya muerte sueña y se cumple, decide buscar ayuda. La ayuda del doctor William Haber, un psiquiatra que no dudará en aprovecharse de su poder… Cuando el doctor Haber empiece a manipular los sueños de Orr en su propio beneficio, comienza la lucha por proteger la realidad pero, ¿a qué llamamos realidad?

Al profundizar en este libro, te das cuenta del tremendo don narrativo que tenía Leguin entonces. Y estamos hablando de una novela que tiene casi la cincuentena de edad. Es una historia que hace que toda tu percepción de realidad cambie. Que te plantees ciertas cosas. Algo parecido, las mismas sensaciones que tuve cuando leí la novela de El Hacedor de Mundos, de Domingo Santos o a cuando muchos alucinamos con el film Matrix. Toda tu percepción cambia…, por un tiempo. La historia gira alrededor del control agresivo, seguro de sí mismo, constantemente explicado, supuestamente científico, y cada vez más dominador de la habilidad de Orr. Un terapeuta utilizando la sugestión hipnótica para manipular los sueños del iluminado y “arreglando” el mundo con resultados cada vez más desastrosos. Una idea que quizá atente contra el juramento hipocrático, ya que Haber se presenta a sí mismo como un científico que quiere explotar la capacidad de Orr, mientras que Orr simplemente quiere que termine.

Es una historia extraña, en realidad. Con algunas inusuales vueltas de tuerca, giros no muy habituales en las novelas de Leguin. Si has leído otras obras de la autora, quizás tengas la misma sensación que yo con La Rueda Celeste: parece que la autora estaba probando otro estilo u otro tipo de literatura. Pero como es una escritora con el famoso don de hacer bueno casi todo lo que escribe, pues encuentras una trama chula, memorable sobre el mal que somos sobre la Tierra y, más generalmente, la complejidad de cada personalidad humana y su identidad.

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