Reseña: El Bazar de los Malos Sueños, de Stephen King

elbazardelosmalossueñosEn esta ocasión, os traigo una reseña de la última colección de relatos de Stephen King. La segunda reseña que se publica en Desde New York – Crónicas Literarias sobre este libro, así que intentaré hacerla diferente y ahondando en la opinión que cada uno de los relatos me ha suscitado.

De primeras, y por hacer una valoración general del libro, creo que tiene un buen nivel de calidad y que dentro se encuentran algunas joyas. Sigo pensando que King brilla más en las distancias largas, pero claro, no sé si mi opinión al respecto es demasiado válida, teniendo en cuenta que no soy muy fan de los relatos. Veamos… algunos de los textos que se incluyen en El Bazar de los Malos Sueños ya los había leído con anterioridad. Me refiero a Area 81, UR, La moral, Este autobús es otro mundo y Billy Bloqueo. Area 81, que además abre el libro, sigue siendo un excelente relato de terror con coche diabólico/monstruoso como protagonista… no sé qué filia o fobia tiene Stephen King con los coches, pero nunca habría dicho que fuera posible crear tanta maldad alrededor de cuatro ruedas.

Está claro que la muerte empieza a preocupar a King. Supongo que llega un momento, con la edad, en que empieza a preocuparnos a todos. El problema (para mí) es cuando esa preocupación trasciende el ocio y se vuelve dramática. Nunca me ha gustado demasiado el drama. Leo, y veo películas, para pasarlo bien y dejarme llevar por la imaginación. No me apetece, no me encuentro en ese momento vital, darle vueltas a las cosas tristes y complicadas de la vida. Pero sí, en este libro hay varios relatos que giran alrededor de la muerte. Son por ejemplo, Lucky Harmony, probablemente el texto que menos me ha gustado del recopilatorio, Batman y Robin tienen un altercado, que pese al sugerente título discurre entre los hilos del Alzheimer y la pérdida, y aunque está a la altura su calidad literaria, tampoco llegó a atraparme. Más allá, que evidentemente da una versión de lo que nos espera bastante peculiar y que, en este caso, sí opta por el tono lúdico y resulta cuanto menos curioso. La duna, un buen relato con golpe de efecto final que en mi caso al menos me sacó una sonrisa. Pimpollo, uno de los pocos relatos del libro donde podemos encontrar terror, y muy superficialmente o Tommy, uno de los dos textos que no son relatos sino poemas. El otro poema del recopilatorio es Una iglesia de huesos. No sé si es porque no soy un gran lector de poesía… (bueno, ni pequeño tampoco), pero no me han parecido gran cosa ninguno de los dos poemas. Entiendo que influye que estén traducidos al español.

Niño malo es una maravilla. Un relato que tiene ese espíritu de mala leche y narración carismática que hicieron grande a Stephen King allá por los ochenta del siglo pasado. Una historia narrada en primera persona desde el corredor de la muerte que captura al lector desde el primer párrafo y no le suelta hasta su desenlace.

También es muy buen relato Una muerte, una extraña incursión en el western y la novela negra por cuanto a que la trama gira en torno a un asesinato brutal.

La moral es uno de los mejores relatos del libro. Ya era un gran texto cuando se publicó en… ¿Esquire? No recuerdo si fue en esa revista o en otra. El texto gira en torno a los límites de la moral y al precio que todos tenemos. Es Una proposición indecente pero sin sexo y con King de por medio.

En el centro de El Bazar de los Malos Sueños se encuentra UR. Tal vez no sea el mejor relato del libro pero sin duda es uno de los que más atrapan mi mente y la hacen soñar. Leí este texto hace unos años en formato digital y ya me lo pareció entonces. ¿Qué ocurriría si compras un Kindle y cuando te llega a casa descubres que tiene un menú alternativo? Sin duda, un texto que podría haber dado para más si King hubiera deseado alargarlo, pero que tal y como está mantiene la tensión a la perfección… Y además, a los que fuimos y somos fieles seguidores del katet de La torre oscura, este relato nos lanza un guiño.

Billy Bloqueo es otro gran relato. Narrado en primera persona, en esta ocasión no desde el corredor de la muerte sino desde una residencia de ancianos, y con ese estilo tan particular del autor. El mayor problema que tiene este texto es el baseball. A los que no conocemos este deporte más que por las películas se nos hace cuesta arriba. Pero como bien dice el autor en la introducción, si logras dejar de lado eso y te centras en la historia, entonces sí, se vuelve fascinante. Tiene todos los ingredientes para serlo. También me gustaron Herman Wouk todavía vive, un relato con dos tramas que acaban convergiendo en un brutal impacto. No anda fina, otro texto en el que se habla sobre la muerte y sobre lo complicado que es dejar marchar determinadas cosas. Y Ese autobús es otro mundo, sobre cómo puedes estar tan cerca y a la vez tan lejos de algo que ocurre a apenas un metro de ti.

El diosecillo verde del sufrimiento esconde uno de los pocos relatos que son verdaderamente de terror de este libro. Para ser El Rey del Terror, Stephen King hace tiempo que no se prodiga en el género. Como sea, este relato es otra pequeña joya. Bien narrado, mejor articulado y con una recta final de esas en las que aprieta el acelerador y no lo suelta hasta el final. Necros me recordó a Todo es eventual, pero con mucha más mala leche. Otro gran relato del libro. Y nos acercamos al final. A continuación viene Fuegos artificiales en estado de ebriedad, otra confesión en primera persona (está claro que se le dan bien a King), en esta ocasión sobre cómo una absurda rivalidad vecinal puede acabar deviniendo en tragedia. Es un relato genial, la verdad. Y finaliza la colección Trueno de verano, una historia postapocalíptica donde tiene un peculiar protagonismo la moto del protagonista. Como no podía ser de otra forma, este relato está dedicado al Son of Anarchy, Kurt Sutter, cosa que tampoco debería sorprender a nadie dado que King llegó a tener un papel en la serie de televisión.

En definitiva, una colección de relatos bastante notable. Esperemos que King tenga cuerda para rato por que, le pese a quien le pese, sigue siendo uno de los hacedores de historias con más potencia de la actualidad.

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