Reseña: Los Innombrables. Ciclo Hong Kong, de Yann y Conrad

los innombrablesLos Innombrables fue una serie de cómics creada por Yann y Conrad en 1980 para Le Journal de Spirou. Editado al otro lado de los Pirineos por Glénat y sucesivamente por Bédéscope y la gran Dargaud; es recatada para nosotros por la siempre recomendable editorial Dibbuks. Y ahora llega el segundo integral de esta serie de culto que muy pocos conocen, pero titulo que os advierto que quien se para a degustarlo, termina por recomendarlo. De hecho, yo llego a ella por el incesante consejo de cun colega del que siendo sincero, me fio muy de vez en cuando… Por una sencilla razón: ¡lo recomienda todo de la BD!

La serie nos sitúa en 1949, donde tres soldados desertores del ejército estadounidense deambulan contrariados por Asia, en especial por países orientales como islas Borneo, Corea o a través de Hong Kong y Macao. Desilusionados con la vida militar deciden cambiar de rumbo. Nick McButtle Jr. “Mac”, Anthony Key “Tony” y Timothy O’Rey “Tim” eran tres soldados indisciplinados, socarrones y estrafalarios. Ahora han decidido llevar una vida más dicharachera, aventuras llenas de ironía, sarcasmo, chistes ácidos, situaciones los innombrables_03surrealistas, y violencia por doquier.

Que mi colega lo recomiende todo de la BD no quiere decir que no me haga disfrutar en más de una ocasión con sus consejos. Y así entro de lleno con el segundo integral de Los Innombrables que se puede disfrutar de forma independiente pues contiene arcos argumentales diferenciados en su interior. Es decir, un integral con distintos álbumes cuya serie se divide por ciclos. Y así como el primer tomo llamado Ciclo Cero contenía Expediente Triple Cero en la que los tres protagonistas dejaban el ejército para hacerse detectives privados (el comienzo) y Shukumei donde viajaban a Borneo para recuperar un avión militar perdido (o eso creían ellos). los innombrables_02Ahora, el Ciclo Hong Kong comprende otros dos álbumes a cual más grillado y sinvergüenza como son Aventura en amarillo y El cráneo del Padre Ze, que además aquí van acompañados de treinta páginas de extras que contienen bocetos y portadas originales.

Aventura en amarillo nos lleva a la Hong Kong de 1950. Un barco llega a la bahía después de haber sido saqueado por piratas de una triada. Alix está en una misión. Debe cumplir con su contacto Chou Dou Fu pero sorprende al coronel Lychee tratando de asesinarlo. Pero hay un lío de amantes de por medio. Todo es más que sorprendente. Sybil está tratando de hablar con Alix, pero es en vano. Los secuaces continúan con la tortura y viendo que no hay una consecuencia directa, tiran su cuerpo a la bahía. Aquí es donde Mac, Tony y Tim entran en juego.

los innombrables_01Curiosamente, en Los Innombrables, el orden de los álbumes se ha modificado en varias ocasiones. Inicialmente, El cráneo del Padre Ze fue el primer título, pero volvió a publicarlo Dargaud más tarde como un nuevo modelo, rediseñado y con algún aliciente. Lo colocó como cuarto álbum en la ya numeración definitiva constituyendo el preámbulo de la serie completa. El cráneo del Padre Ze nos lleva a la Macao de 1950. Asistimos a una carrera de galgos en un canódromo donde Anubis, el gran campeón, muestra signos de dopaje. No es raro que decidan deshacerse de él. Por otro lado, el trío de protas abordan su misión, el padre Zé, un jesuita que debe llevar las reliquias de San Francisco Javier a una colonia de leprosos, pero una joven arqueóloga inglesa intenta recuperar esos huesos que, para ella, no tienen nada que ver con las reliquias de un santo…

Me gusta descubrir obras así. Los Innombrables está considerado un clásico en la BD. Tiene su gracia, su originalidad, su diferencia con ciertas obras a las que pensaba que se iba a parecer. Humor corrosivo, los innombrables_04personajes tan viles como divertidos. Escenarios, arcos argumentales bien controlados hasta el final. Y eso que es curioso ver como las tramas van cambiando constantemente. La inactividad, el descanso, no existe. Los personajes se cruzan y se vuelven a cruzar a discreción en cada escenario. Se queda corta la palabra entretener en esta obra.

Ahora yo soy el que la recomienda.

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