Reseña: La Canción de las Sombras, de John Connolly

lacanciondelassombrasMe parece increíble la habilidad que tiene John Connolly para reinventarse en cada novela. Para hacer que una serie, con un mismo personaje, no decaiga a pesar de los años y los relatos vividos. La primera gran obra de John Connolly fue Todo lo que muere. Leerla, fue para mí un cambio de perspectiva en el personaje clásico del investigador privado; muchas veces, demasiadas veces, la recuerdo. Charlie Parker, alias «Bird», inspector de policía de Nueva York, retirado, se convirtió desde entonces en uno de mis personajes favoritos. A partir de ahí, he querido seguir todos sus pasos en la medida de lo posible pues seguirlo a él, a veces era como seguirme a mi mismo.

Su modo de narrar, incluso en los comienzos, me encanta y te engancha en nada a la historia de manera fútil e insaciable. Las novelas protagonizadas por Parker las tenemos a la orden del día en nuestras librerías gracias a Tusquets Editores, una editorial con una labor encomiable desde tiempos pretéritos. Sin embargo, no sé por qué, tengo la sensación de que en este país, las novelas de Charlie Parker, son casi de culto; no se habla de ellas todo lo que se deberían hablar. Navegan en ese mar de lectores que casi dan un brinco cuando se enteran de que el que tienen enfrente las leyó…, pero lo ocultan. No me cabe duda de que si Charlie Parker viera la luz con acierto en la pequeña o gran pantalla, las novelas despegarían hacia los cielos de forma inconmensurable.

En La Canción de las Sombras, encontramos nazis, recuerdos innombrables y un ser emergente de la oscuridad, que ronda al personaje icónico de Connolly, el cual anda recuperándose de un golpe casi fatal. Parker, el ex detective de la policía y detective privado, vive encerrado en una casa de playa alquilada en Boreas, en la rocosa costa de Maine. Louis y Angel, socios de Parker (que son mortales como personajes pero una pareja inmortal para el propio lector que los conoce), han ayudado a su amigo a instalarse en lo que debería ser un lugar tranquilo para recuperarse de aquel ataque que casi lo mata. Pero él es Charlie Parker, y en las manos capaces de Connolly, nada es tan simple: un cadáver aparece en la orilla cerca de la playa donde vive.

Parker cruza una cuantas palabras con el jefe de policía de Boreas, Cory Bloom, y se encuentra con sus vecinas Ruth Winter y su hija enferma, Amanda. El cuerpo es identificado como el de Bruno Perlman, un extraño con un papel escrito en yiddish (lengua hablada por los judíos de origen alemán) en su coche. Mientras tanto, por otro lado, dos viejos nazis han sido capturados en el país. Uno de ellos está inculpando nombres de lo lindo. Hace referencia sobre todo, a un hombre torcido, vicioso, y despreciable que mataba a diestro y siniestro como si de una orgía de sangre se tratara…

Combinando una fascinante información poco conocida acerca de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, empieza una nueva lucha de Parker por recuperar algún tipo de normalidad en su vida. Connolly mezcla una historia sin fisuras con una voz narrativa que es bastante diferente a cualquier otra. Tiene la habilidad para infundir en sus thrillers el suficiente horror sobrenatural para que te interese pero sin que sus novelas se puedan categorizar de Terror; que ya sabemos que a la gente de a pie asusta o huye de reconocer que lee dicho género… La obra de este autor irlandés, afincado en Maine, ha dado en llamarse género policíaco o negro, sin embargo, yo creo que es una forma de evadir la idea que os acabo de decir.

En fin, La Canción de las Sombras habla del dolor, el miedo y la oportunidad de los malos, de por muy pequeña que sea; de hacer daño. El odio, el rencor, infundir congoja a los débiles por encima de todo. Mientras leo las novelas de Connolly me suele pasar que recuerdo mucho mi querida USA y lo diferente que es la vida allí. Los problemas en muy poco tiempo se hacen enormes. El mal siempre está presente y lo sobrenatural ronda un porcentaje muy alto en las casas viejas. Los muertos del pasado regresan con facilidad. La gente no tiene miedo de escuchar lo que tienen que decir. Donde se perpetuó un crimen no se puede vivir.

Connolly lo demuestra en novelas como esta.

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