Reseña: El asesino dentro de mí, de Jim Thompson

El-asesino-dento-de-miHabía oído hablar muy bien de Jim Thompson pero, al igual que con muchos otros autores que con tanta insistencia me han sido recomendados, nunca había leído nada suyo. Hace apenas un mes decidí seguir el consejo que me habían dado y juraría que quienes lo hicieron se quedaron cortos: no es un gran escritor, es mucho más que eso. Ya se ha ganado un privilegiado puesto entre mis autores favoritos.

Durante este tiempo (un mes), he leído tres novelas del autor estadounidense y las tres me han quedado con la boca abierta. Para que se hagan una idea de lo que encontrará en las novelas de este señor (al menos en las tres que llevo me ha pasado), es como si trabajara en una empresa y tuviera acceso a todos los archivos. Usted entra a tal despacho y siempre tendrá la luz encendida, para que pueda ver bien cada detalle. Nada de andar a tientas, en la oscuridad. Esto hace Jim Thompson con sus obras, ser directo a conciencia. Te deja que, bajo tu responsabilidad, indagues en todos los asuntos que conciernen a la trama que tienes delante. Y si no te gusta cómo son tratados algunos personajes o la dureza de su lenguaje, ya has sido advertido de antemano. Este señor no tiene pelos en la lengua, no se corta y llama a las cosas por su nombre, al menos de la forma en la que él lo piensa. Yo me imagino que esto, en la época en que fueron publicadas las novelas, debió causar demasiadas discrepancias entre la crítica. Supongo que el señor Thompson no pasaba muy desapercibido que digamos. O te gustaba o lo odiabas. Me inclino por lo primero, pues escribía como Dios, vaya que lo hacía. Una pena que el estadounidense nos dejara en abril de 1977. Solía escribir novelas más bien cortas, pero directas, entretenidas y con situaciones bastante comunes, eso hasta que todo empieza a retorcerse, para deleite del lector. Sí, gente, me sumo a la Jim Thompson manía. Si ya lo has leído lo entenderás y si no pues, ¿a qué estás esperando? No cometa el mismo error que un servidor y deje pasar durante años las recomendaciones de tantos lectores y amigos. Ya conoce el proverbio: “cuando el río suena, agua lleva”.

Tres novelas, como he dicho, en un mes: Aquí y ahora (Now and on Earth, 1942), 1280 almas (Pop. 1280, 1964) y El asesino dentro de mí (The killer inside me, 1952), en mi opinión la mejor de las tres. En esta ocasión no voy a hacer una pequeña sinopsis de esta obra, al contrario de otras veces, si no que voy a copiar un pequeño texto de esta última para dar veracidad a lo comentado en el anterior párrafo. Bueno y más que nada porque las otras dos novelas las leí en su idioma original, aunque puedo dar fe de que el autor también se despacha a gusto, es igual de directo, sin tapujos. De acuerdo, allá voy. Y que cada uno saque sus propias conclusiones. Advertidos están:

“Los policías juegan a ladrones y los ladrones juegan a policías. Los políticos son predicadores y los predicadores son políticos. Los recaudadores de impuestos recaudan para su propio bolsillo. Los Malos quieren que tengamos más dinero y los Buenos luchan para impedírnoslo. No nos conviene, ¿comprendes? Si pudiéramos comer todo lo que quisiéramos, cagaríamos demasiado. Habría inflación en la industria de papel higiénico…”

Muy sutil, ¿verdad? Como has podido comprobar, Jim Thompson las mandaba dobladas… Y a quien no le gustara pues que no mirase, como suele decirse. A mi personalmente me encantaba este atrevimiento que tenía. Creo que de ahí radica parte de su éxito. Y esto fue en la década de los ’50. ¡Ole tus “tus”, genio!

No me enrollo más, me esperan muy buenos ratos de diversión con este crack de la novela negra. Estoy preparado para lo que se avecina. Voy a seguir gozando del hallazgo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *