Reseña: El Dios Asesinado en el Servicio de Caballeros, de Sergio S. Morán

El dios asesinado OK.indd-Oye, que te vas a leer este libro. Se titula El Dios asesinado en el servicio de caballeros.

-¿Cómo?

-El Dios asesinado en el servicio de caballeros.

-Ya te había oído. ¿Qué demonios es eso?

-Y yo que sé, pero el título mola.

-Vale, eso te lo concedo, el título mola y la portada llama la atención, aunque más por el colorido que porque muestre algún concepto fundamental de la historia…

Más o menos esa fue la conversación previa a leer el libro de Sergio S. Morán que ha publicado Fantascy. Luego lo abrí y comenzó una lectura que me ha fascinado, entretenido y divertido como pocas desde hace bastante tiempo.

No dejéis que el mensaje de la portada, ese “Un caso de la detective Parabellum” os eche para atrás. Este libro no es una secuela, ni parte de una saga, ni hace falta haber leído otra cosa antes para pillar matices. Aunque, ojalá, sí que sea el primero de las aventuras de esta detective de lo paranormal.

Ok, ok, estaréis diciendo que vale, que muy bien, pero de qué va esto. Y es que encima si le das la vuelta al libro y te lees la contraportada tampoco sacas demasiado en claro. A fin de cuentas en lugar de una sinopsis lo que te encuentras ahí es un anuncio, tipo clasificados del periódico, sobre una detective que lo mismo se enfrenta a górgonas que a vampiros o ayuda a un pobre centauro a bajar del árbol al que se ha subido.

Un momento… ¿Qué?

Os lo explico muy a grandes rasgos: los seres sobrenaturales existen. Todos. Desde gnomos a dioses griegos y nórdicos. De vampiros a muertos vivientes. De gárgolas a… yo que sé, lo que se os ocurra. Centauros, el minotauro, brujas, fantasmas… De todo. Viven entre nosotros y se ocultan a simple vista gracias a hechizos de glamour que les dan apariencia humana. Y algunos de ellos viven en Barcelona, donde la detective Parabellum ejerce de detective y resuelve todo tipo de casos sobrenaturales. Haciéndose amigos por el camino. Y también muchos enemigos.

Es un libro cargado de acción, con ciertas dosis de misterio puesto que al fin y al cabo es una historia (atípica) de detectives. Pero también de humor, porque la protagonista de la historia, esta chica en apariencia frágil (por su humanidad) llamada Verónica Guerra, que utiliza el seudónimo de Parabellum para sonar más imponente ante las criaturas a las que se enfrentan, tiene un sentido del humor cuando menos curioso. Y ese sentido del humor se impregna a toda la novela, desde la narración hasta determinadas salidas de tono que a mí, sinceramente, me han parecido sensacionales. Lo mejor de la historia, de hecho.

Ya desde la presentación es fácil enamorarse del libro. Así de adictivo es. Abres la primera página y te encuentras a Parabellum en un coche, mirándose el brazo porque hay un mensaje escrito a bolígrafo con su propia letra: “Llevas el cadáver de un Dios en el maletero”. Solo que ella no recuerda haberlo escrito. Y tampoco recuerda por qué lleva el cadáver de un Dios en el maletero. Ni a dónde lo lleva. De hecho, no recuerda absolutamente nada de las últimas horas.

Y la resolución de ese pequeño misterio, que sirve de presentación de la protagonista y nos mete de lleno en la historia, es absolutamente brillante. Y no puedo decir más para no fastidiar la sorpresa.

A partir de ahí, una guerra a punto de estallar entre los griegos y los nórdicos. Los líos y cabriolas que tiene que hacer Verónica para que su novio no descubra jamás en lo que trabaja ella. Persecuciones que parecen sacadas de una superproducción de Hollywood, y una protagonista con un instinto que a veces parece que quiere hacer que ella muera en acto de servicio pero que nos demuestra que a huevos, pocos pueden con Parabellum.

Una verdadera maravilla de libro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *