Reseña: Laberinto, de Miguel Aguerralde

laberinto«Laberinto, menudo nombre para un pueblo», murmura uno de los personajes protagonistas al principio del libro. No tardará demasiado en pensar otra cosa: «No parece tan difícil salir de aquí».

De lo equivocado que está, poco voy a hablaros.

Esta es la nueva novela de Miguel Aguerralde, el autor de, entre otras, Caminarán sobre la tierra (Editorial Dolmen), esa novela que fácilmente podría definirse como “Indiana Jones con zombies”, y de El fabricante de muñecas, la historia que nos dio a conocer a un gran personaje como es Matt el rojo.

En Laberinto, Miguel nos presenta un pueblo maldito. Sin andarse por las ramas, nos habla de las desapariciones de niños que aterrorizaban a la población, de cómo los lugareños culparon a Rafael Pelayo, al que todos llamaban niño bestia, y de cómo poco a poco la vida se extingue del pueblo hasta que de él no queda más que la sombra de lo que fue, casas vacías y abandonadas, tapiadas, y el aullido de los lobos como único sonido cercano.

Lobos. Los lobos tendrán mucha importancia, serán los enemigos a batir en esta historia.

Al mismo tiempo que conocemos el pueblo, Aguerralde nos presenta al protagonista, Ángel, un hombre que está perdiendo la vista tras un accidente y que lo único que quiere es volver a ver por última vez a la chica de la que está enamorado. Antes de que su vida se torne en oscuridad. Ángel, por supuesto, acabará recabando en Laberinto. Y salir se convertirá en una misión prácticamente imposible.

Si tuviera que comparar Laberinto a algo sería al videjuego Silent Hill. Está claro que Miguel Aguerralde es un fan de la saga de videojuegos y que pretendía homenajear su espíritu en esta historia. No solo el pueblo abandonado, rodeado y asediado por criaturas (lobos en la novela), sino también el aspecto decadente del lugar, las puertas y ventanas tapiadas y los escasos caminos que se abren ante el protagonista como la guía de un videojuego. Y la niebla, también la niebla está presente. Agobiando, creando un ambiente malsano y oprimente en todo momento.

A nivel de trama Laberinto no defrauda. Resulta fascinante (por laberíntica) la forma en que está narrada la historia del pueblo, entremezclándose al principio con la presentación de Ángel, y los pocos personajes que aparecen para condimentar al libro están bien hilados y resultan consecuentes. Mención especial para ese policía que aparece en la recta final del libro y que resulta un personaje de lo más interesante.

A nivel narrativo, Miguel demuestra una vez más que se trata de un escritor con carácter, capaz de mantenerte en tensión en los momentos opresivos, de llevarte en vilo cuando comienza la acción, y de crear el ambiente necesario para que te parezca que tú mismo estás en Laberinto mientras lees.

Tengo que admitir que algunas de las decisiones que toman los protagonistas me hacían querer gritarles, como ocurre en las películas de terror cuando ves que un personaje emprende una acción que le va a llevar inevitablemente a terminar con un cuchillo hundido en el abdomen. Pero a nivel psíquico tanto Ángel como Andrea resultan dos personajes cuidados con mimo y esmero.

Poco más puedo contaros sin desvelar secretos que se ocultan en Laberinto. Os diré que es una novela más que disfrutable, pero es mejor que os adentréis vosotros mismos en este pueblo dejado de la mano de Dios. Aunque os lo advierto, una vez más, para quien no haya estado atento: una vez entres, salir no resultará sencillo.

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