Reseña: Huida de la oscuridad (Lobo Solitario 1), de Joe Dever

huidadelaoscuridadDe pequeño me apasionaban los librojuegos. No tanto aquellos de Elige tu propia aventura, que se me hacían demasiado simples, sino los que incluían elementos de rol, te obligaban a jugar con un dado y una hoja de personajes en la que apuntar objetos que encontrabas por el camino, armas, puntos de suerte o destreza, poderes y resultados de batalla. Había de varios tipos y creo que en aquella época jugué a casi todos. Es lógico, ¿no? Podías leer y jugar al mismo tiempo, dos de mis hobbys favoritos.

El caso es que Timun Mas decidió hacer una reedición de algunos títulos hace unos años y me agencié unos cuantos por aquello de la nostalgia, del pensar en cuando mis hijos tengan doce o trece años y todo ese tipo de cosas. Y ayer, en un rato perdido y sin nada que hacer, tomé uno de ellos, Huida de la oscuridad, y me adentré en la aventura sin pensarlo demasiado.

Huida de la oscuridad es el primer volumen de una serie llamada Lobo solitario. En ella encarnas a un Señor del Kai, una especie de monjes guerreros con algunas habilidades interesantes que tienes que seleccionar con cuidado antes de empezar (puesto que se te ofrecen unas diez pero solo puedes elegir cinco). Los señores de la oscuridad atacan el templo donde resides y entrenas y destruyen a todos tus compañeros. Se dirigen hacia la capital, la guerra está a punto de comenzar y es posible que tú puedas hacer algo al respecto, advertir al rey de lo que está por venir y lograr con ello que se inicien los preparativos para la defensa. Y con eso contado empieza tu historia.

A partir de ahí, el libro se divide en pequeños capítulos (algunos de apenas un párrafo), numerados. En todos ellos la historia te plantea algunas decisiones (sencillas algunas, complicadas otras) y en función de lo que eliges debes saltar a un capítulo o a otro. Por tanto, puedes elegir ser un valiente y enfrentar todos los problemas que vayan surgiendo, o intentar huir de todas las peleas como un cobarde. Puedes elegir un camino que discurre hacia el sur u otro que tuerce hacia el este. Entrar en esa extraña cabaña o pasar de largo… y en algunos momentos dependerás de la suerte y en otros de tu habilidad para la lucha.

Este es un punto a favor de la saga Lobo solitario: no necesita dado. Con apenas un folio en el que copiar tu hoja de personaje (si no quieres escribir en la que viene en el libro) y un lápiz, tienes suficiente. Al final del libro aparece la llamada Tabla de suerte, llena de números del cero al nueve, y cada vez que tengas que tirar el dado lo que puedes hacer es colocar a ciegas la punta del lápiz sobre esa tabla y utilizar el número que haya sido elegido por el azar.

La verdad es que me ha resultado bastante sencillo superar el libro. Entre comillas, porque fui aplastado por una roca inmensa en un momento dado y tuve que volver a empezar, una muerte demasiado ridícula para un tipo que había acabado con más de media docena de enemigos por el camino. Pero tuve suerte con la tirada para marcar tu capacidad de destreza en el combate y por tanto las batallas no me plantearon muchos problemas. Al parecer, además, elegí bastante bien los caminos a seguir porque nunca se me hicieron cuesta arriba. O sea que, o cuando tenía quince años las cosas me parecían mucho más difíciles que ahora o este libro en concreto no tenía un nivel de dificultad elevado.

La historia, pues lo que suele ocurrir en este tipo de librojuegos: fantasía, muchos monstruos, batallas épicas a espadazos, personajes que tienden a ser planos para que tú rellenes los huecos con tu imaginación, y una historia que se limita a mostrarte el camino y la acción sin pararse a describir demasiado lo que hay alrededor.

La parte buena: que puedes volver a empezar y elegir caminos completamente diferentes y vivirás una aventura que se parecerá en poco a la primera.

One comment

  1. Este primero siempre me parecio el mas descompensado. Con un poco de suerte llegabas al final en muy poco tiempo de lectura. Aun asi la saga es un autentico clasico y yo lo guardo como oro en paño

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