Reseña: Los que sueñan, de Elio Quiroga

los-que-sueñanLa cabaña donde vive Dante, su esposa, Dana y su hijo, Justin, tiene ni más ni menos que ciento cincuenta metros cuadrados por cada una de las tres plantas. Su interior es acogedor, pues dispones de todas las comodidades habidas y por haber y sus vistas parecen un lugar de ensueño, como si el edificio fuera fruto de la imaginación de un escritor de fantasía: ubicada en las cercanías de una ladera de la montaña donde se puede disfrutar de un paisaje verde durante gran parte del año, salvo cuando, durante un par de veces al año, la nieve cubre el manto de hierba.  Un hermoso camino conduce hacia un sombreado bosque de castaños y otros árboles, el cual se encuentra separado por dos cordilleras. Otra bifurcación se abre paso hasta una fuente natural de agua. Al lado de la montaña hay una pequeña cueva. Vivir en este precioso lugar es un regalo cada día para los ojos. Es el lugar idóneo para todo aquel que disfrute del silencio, la paz y el campo.

Dante es ebanista y disfruta de su trabajo, de su familia y de todo lo que lo rodea. No le puede pedir más a la vida. Todo marcha sobre ruedas hasta que cierto día su hijo tiene una pesadilla y, a consecuencia, todo va cuesta abajo… y sin frenos.

Cierto día, poco después del sueño de Justin, Dante descubre una pequeña grieta en la cocina, allí donde ambas paredes y techo se unen. Y, como la curiosidad mató al gato, Dante se decide a inspeccionar qué es lo que hay detrás de esa concavidad… y, entonces, será demasiado tarde, pues lo que ven sus ojos es un abismo que escapa a su comprensión y tanto él como su familia sufrirán las consecuencias…

Esta es la primera de las tres partes de las que constan Los que sueñan. Podría decirse que es la parte más escabrosa de la novela. A partir de aquí empieza la ciencia ficción que es realmente al género al que pertenece la obra. Y es desde este punto donde todo comienza a volverse un tanto confuso para el lector, que se preguntará qué está pasando, el por qué este giro argumental por parte del autor, si bien, ansioso por conocer más detalles y aclarar todo el asunto, verá pasar las páginas a velocidad vertiginosa, deseando, como digo, conocer el desenlace. También es a partir de este momento donde la prosa se vuelve más técnica, algo a lo que me tiene acostumbrado el señor Quiroga, quien parece haberle cogido gustillo por retorcer la trama, para bien, siempre para bien, no me malinterpreten.

En esta segunda parte, el autor amplia su imaginación y nos obsequia con toda una serie de detalles y conocimientos acerca de experimentos programados por ordenador, memorias relacionadas con el espacio-tiempo y una nueva forma de vida que no tiene desperdicio. Una pena no poder hablar un poco más de todo esto, pues me temo que caería en los temidos spoilers y más de uno se me lanzaría a la yugular. Y si no puedo obsequiaros con una sola palabra sobre la segunda parte, de la tercera mejor ni hablamos. Pero me voy a mojar con algo que a usted, querido lector, tal vez pueda interesarle. Algo que yo no he hecho. El autor brinda un pequeño homenaje a la novela de John Updike, La versión de Roger. Pese a haber leído varias obras de él, esta no fue una de ellas y, aunque no es necesario leerla, puede que sea bastante recomendable hacerlo. Lo que no me ha extrañado ni un pelo es que la editorial Planeta haya concedido a este Los que sueñan el Premio Minotauro 2015. Muy, muy merecido.

He tenido la suerte de haber seguido los pasos de este director/productor/escritor canario y poseer en mi estantería varios DVD y novelas suyas. Sé, por decirlo de alguna manera, con quién estoy tratando, a quién estoy leyendo o viendo sus películas. ¡Si hasta el mismísimo Stephen King le felicitó por su Dollar Baby (cortometraje para quienes desconocen el término) Servicio a domicilio, el cuál está basado en un relato del maestro de Maine, producido por Guillermo Del Toro y cuya banda sonora es ni más ni menos que REM! ¿Y qué decir de sus films? Fotos, La hora fría y No-Do. ¡Espectaculares!  Así como sus novelas El despertar, Los códices del Apocalipsis e Idyll… Sin palabras, gente. Elio Quiroga es otro de esos genios que parece convertir en oro todo lo que toca, como sin duda me ha vuelto ha demostrar con su obra más actual, Los que sueñan.

Genio y figura.

Léanla… y después hablamos.

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