Reseña: La chica del tren, de Paula Hawkins

la_chica_del_trenOtro ejemplo de que cuando el río suena, agua lleva es La chica del tren. Son títulos que casi pasan desapercibidos de no ser porque los lectores (que son los que verdaderamente tienen voz y voto), el boca-a-boca, empieza a promocionar dicho libro en redes sociales… Hypeados como seguimos algunos hoy en día con Perdida (Gone Girl). Parece que todavía quedan thrillers que aún pueden hacer frente este año a ese pedazo de novela que se marcó Gillian Flynn.

Estrechamente escrita y hábilmente estructurada, La chica del tren tiene todos los ingredientes para completar en su totalidad un thriller psicológico satisfactorio. La misma premisa principal de la historia, te captura, te teletransporta a esa rutinaria vida del trabajador que vislumbra diariamente las líneas de ferrocarril, caminos del duro día a día que ve desde el suelo como pasan los años por nosotros.

La creación de vidas imaginarias para esta novela ha sido totalmente encantadora. Atractivo, cuanto menos. Es cierto que no soy el único que compara La chica del tren con Perdida, pero también veo referencias y varias similitudes con Diario de un escándalo, de Zoe Heller, en especial, por el entorno contemporáneo de la Londres suburbana, la atmósfera opresiva y excepcionalmente amarga de un narrador cínico y obsesivo.

La chica del tren cuenta la vida de Rachel Watson, la cual coge todos los días el mismo tren de cercanías hacia Londres. El tren se detiene siempre en una señal roja en la que se puede observar a una pareja aparentemente perfecta, ella llamada Jess y él Jason. Los ve salir de una casa, que casualmente es donde ella vivía con su ex marido, Tom. Pero todo cambia un día cuando Rachel ve algo impactante, o al menos algo que no le cuadra en su rutinario viaje en tren: Jess, la chica de esta extraña pareja, desaparece de repente.

La narración principal es contada desde el punto de vista de Rachel y está directamente interrelacionada con otros capítulos que se cuentan desde los ojos de Megan (alias “Jess”) y una tal Anna. Rachel no tiene una alta autoestima desde que su vida dio paso a la soledad. Tiene constantes capítulos en los que se sumerge en el alcohol. Con frecuencia se despierta en sitios sin recordar nada. Divorciada, considerada a sí misma una media alcohólica con ligero sobrepeso, desempleada, después de haber perdido su último trabajo debido a las discusiones repentinas con gente de la oficina, ella continúa su viaje a la estación de Euston todos los días para evitar que su compañera de piso Cathy descubra que está en paro.

La desaparición de Megan parece estar de alguna forma relacionada con ese viaje. El destino o quién sabe… Pero no es el único personaje imperfecto de la historia. Mientras que la historia de Perdida se centraba alrededor de dos narradores nada fiables, parece que aquí ocurre lo mismo. No se puede confiar en ninguna de los protagonistas pues todos y cada uno parecen ocultar algo al lector. Las pistas que creía que me llevarían a algún lugar resultaron que al final me dejaron con el culo torcido.

El desenlace final es una verdadera sorpresa.

La chica del tren es otro de los pelotazos de este año. Un libro al que seguirás pegado todo el verano. Ni el calor que nos sobrepasa estos meses podrá separarte de tan intrigante historia. Una muestra de ingenio literario de una autora que viene pisando fuerte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *