Reseña: El mal camino, de Mikel Santiago

el-mal-camino-mikel-santiagoNo conocía a Mikel Santiago (Bilbao, 1975) antes de enfrentarme a El mal camino pero tengo claro, tras haber cerrado la última página, que buscaré su anterior novela, La última noche en Tremore Beach y estaré atento a todo lo que publique de aquí en adelante. Así de satisfecho he quedado con la lectura de esta novela, así de mucho me ha gustado, así de buena me ha parecido. Sin temor a equivocarme, en lo que va de año, y llevamos cinco meses ya, es la mejor novela que he leído.

¿De qué va El mal camino? Sin desvelar demasiado, la novela sigue a un escritor de éxito que se ha mudado a vivir con su mujer y su hija a un pequeño pueblo del sur de Francia. Allí vive también el mejor amigo del protagonista, un cantante famoso que, una noche volviendo de tomar unas copas, atropella a alguien en la carretera. Después se da a la fuga. Y un poco más adelante se da cuenta de lo que ha hecho y regresa para ver si el hombre al que atropelló está muerto o no… solo para descubrir que no hay cuerpo ni rastro alguno de que allí haya habido un atropello.

Y así, desde ahí, se va desarrollando el mal camino que da título al libro (aunque el título no referencia al recorrido de la novela, en realidad), una trama hilvanada con maestría, con un tempo medido con perfección y una recta final agotadora, de esas que te hacen querer avanzar más deprisa de lo que tus ojos son capaces de leer.

He leído en la contraportada que alguien compara a Mikel Santiago con Stephen King. En parte me parece una comparación mal ejecutada, puesto que puede invitar al lector a esperar algo que la novela no da. No hay terror en estas páginas (hay algún pasaje más oscuro, sobre todo los que tienen que ver con un par de sueños del protagonista, que no pasan de ser cinco o seis páginas), porque El mal camino es ante todo un libro de misterio, un buen thriller de los que, de ser llevado al cine, mostrarían muchas sombras y pocas luces. Sin embargo, hay algo en lo que sí se puede comparar a Santiago con el Rey del Terror: la capacidad para dotar de vida a los personajes en apenas unas líneas. Vida y personalidad. Y un trasfondo con sus zonas blancas y negras y muchos grises. Lo cierto es que los dos personajes protagonistas, Bert y Chucks, están tan bien descritos que es fácil sentirles cercanos, comprender sus dudas, sus miedos, sus obsesiones.

Yo no cambiaría ni una coma en lo que respecta a la trama. El ritmo al que se desenvuelve me parece perfecto, el más adecuado; va metiéndote poco a poco en harina, dándote a conocer personajes y lugares al mismo tiempo que la historia del atropello se vuelve cada vez más irreal, señalando como culpable a la locura de Chucks, y mostrándote que pudiera existir otro camino, uno que como lector sabes que existe y que despacio, como en las buenas películas de suspense, iremos adentrándonos de la mano de Bert.

Una delicia de libro. Sinceramente. Otra de las frases de contraportada dice algo con lo que, ahora, no puedo estar más de acuerdo: Lanzaos a leer a Mikel Santiago como si no hubiera mañana.

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