Reseña: El Reino de la Noche, de William Hope Hodgson

elreinodelanocheAl final del tiempo, en el crepúsculo de la larga historia de las civilizaciones humanas, la Pirámide se alza como el último baluarte de los últimos humanos. Y ella es el faro y el bastión, el mausoleo y la ciudadela… El Reino de la Noche, un indispensable del mejor género de Terror escrito, la crónica de las edades del horror de la no-vida, la historia de una odisea y de un desesperado amor.

William Hope Hodgson (1877-1918) fue un autor inglés que produjo un número cuantioso de obras que consistieron en ensayos, cuentos y novelas, los cuales abarcaron diversos géneros; aunque por encima de todos el horror y la literatura fantástica brillaron. Hodgson aprovechó su experiencia previa en mar abierto para brindar mayor detalle a sus relatos. Grandes narraciones cortas emergieron entonces, pero también novelas como La casa en el confín de la Tierra, Los botes del Glenn Carrig o Los piratas fantasmas, todas súper recomendables, así como cualquier antología que contenga un cuento suyo (para mí, el mejor La voz en la noche). Pero, ¿cómo empezó a ser conocido? Su cuarta novela, El Reino de la Noche, lo destapó al mundo…

Horrores que se sustentan en misterios oceánicos. Escenarios que describe Hodgson de forma fascinante, emprendiendo arriesgados y largos viajes hacia ninguna parte, hacia lugares que nadie ha explorado, o si lo han hecho no han vuelto para contarlo. ¿Qué puede haber peor que algo tan desconocido como el mar?

Su última novela publicada El Reino de la Noche. Apareció en 1912. Un texto de 200.000 palabras que parece ser el resultado del trabajo de varios años. Hodgson también trabajó en una versión de este texto en forma de novela corta (20.000 palabras), la cual es conocida como El sueño de X. Pero lógicamente como se disfruta la obra es conociéndola al detalle. En 1912 también, Hodgson se casó con Betty Farnworth, y se fueron a vivir a Francia, pero al estallar la guerra en Europa, regresaron a Inglaterra. Hodgson se unió a un grupo de estudio al comienzo de la I Guerra Mundial. Lo solicitaron para temas marítimos pero se negó dada sus “extrañas” vividas experiencias. Cuenta un obituario, el cual era reimpresión de un recorte de periódico, que Hodgson había guiado a un grupo de Suboficiales a encontrar resguardo tras recibir un ataque de fuego enemigo, y ya jamás se volvió a saber de él.

El comienzo de El Reino de la Noche establece en el marco a un caballero del siglo XVII, de luto por la muerte de su amada, Lady Mirdath, que fallece al dar a luz. Empieza entonces a tener visiones de un futuro lejano en el que se reúne con almas, y ve el mundo a través de los ojos de una encarnación futura. El Sol ha salido y la Tierra está iluminada sólo por el resplandor del vulcanismo residual. Los últimos millones de la raza humana se reúnen en una pirámide metálica gigantesca, con casi ocho kilómetros de altura – el último reducto, bajo el asedio de las fuerzas desconocidas y poderosas de la oscuridad -; frenados por un Círculo de energía. Durante miles de años, vastas formas de vida se encuentran en el mismo lugar, seres mutantes por doquier, Vigilantes que han esperado en la oscuridad cerca de la pirámide para concretar su plan. Se piensa que están esperando el momento inevitable en que el poder del Círculo finalmente debilita y muere. Otros seres se han visto en la oscuridad del Más Allá, algunos de origen desconocido, y otros que una vez pudieron haber sido humanos. Salir de la protección del Círculo significa la muerte casi segura, o peor aún una auténtica destrucción del alma. Pero lo que el protagonista está a punto de descubrir, es que en aquel lugar de inmunda locura, todo el mundo puede establecer contacto con las mentes de los habitantes de otros mundos…

Esta novela fue subtitulada A Love Tale, pero para nada lo es. Sí que tienes la sensación  de estar leyendo una buena novela lovecraftiana en todo momento. Aparece por ejemplo el término “Abhuman” que es utilizado por Hodgson para hablar de varias especies diferentes de seres inteligentes que evolucionaron a partir de nosotros. Todo en un final con un enorme potencial narrativo, desbordante imaginación e inundado de situaciones inquietantes.

La cita es muy fácil: leer a Hodgson siempre-siempre es muy recomendable.

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