Reseña: Los viajeros de la noche, de Helene Wecker

Los-viajeros-de-la-nocheCuando llegas a lo más alto con tu primera novela algo bueno has hecho, o una serie de conjunciones se han dado. En este caso, creo que la primera novela de Helene Wecker, Los viajeros de la noche (The Golem and the Jinni), se decanta más por el primer caso. Y eso que estamos hablando de un titulo que goza mucho de un ritmo lento. Pero aun así, Los viajeros de la noche es un deleite. Es de esas novelas que disfrutas cada página, cada descripción, cada personaje, intentando descifrar el pasado y tratar de salvar almas diversas y amenazadas junto al Golem y el Jinni. Con eso es con lo que vas a disfrutar en demasía.

Dos seres sobrenaturales. Una golem, una mujer de arcilla, conjurada por un rabino que se dedica a las artes cabalísticas peligrosas. Por otro lado, un jinni, una criatura de fuego que cambia de forma, nacida en el desierto de Siria en el siglo VII. Ambos se juntan en las calles de Nueva York en 1899. ¿Suena descabellado? ¿Una premisa muy pero que muy original? Sí, a todo. Una mezcla formidable de ficción histórica y Fantasía, con ciertos retoques de Ciencia Ficción e incluso una pizca de discurso filosófico sobre la fe y el libre albedrío. Es la mezcla creada por Helene Wecker y lo curioso es que todo funciona a la perfección.

Una de las maravillas de Los viajeros de la noche es la elegante estructura que crea la autora, estableciendo, mientras avanzas, reflexiones en la trama y ecos de temas mientras la golem y el jinni viajan atrás y adelante en el tiempo. Una trama que va ajustando ciertos patrones inesperados con otros personajes de la novela mientras avanza.

Chava, es una golem traída a la vida por su amo, un fabricante de muebles llamado Rotfeld, en la bodega de un barco de vapor. Se lo pidió a Jehudah Schaalman, un rabino expulsado por su congregación por sus constantes incursiones en el mundo sobrenatural. La intención es que Chava sea su esposa…

Ahmad es un jinni, una criatura de fuego volátil, que fue encarcelado dentro de un frasco de cobre durante un milenio. No tiene recuerdos de cómo ocurrió. Boutros Arbeely, un hojalatero cristiano y sirio, lo libera de forma inesperada. Arbeely le da nombre y el genio se transforma en un maestro herrero muy habilidoso. Crea fantástico oro y pájaros de plata, mientras que golpea collares enjoyados…

Ambos personajes han sobrevivido hasta el Nueva York de 1899. Ahí es entonces cuando tendrán que convivir con gente extraña, variopinta, hábiles comerciantes y algún que otro sujeto peligroso que los pondrá en situaciones desesperadas.

El ambiente, el marco que crea Wecker para Los viajeros de la noche es espectacular. Casi se puede sentir ese paseo por el tiempo en el que te sumerge la novela. La vista del puerto en los jardines del castillo durante los paseos en carromato por Central Park, las tiendas de habla ídish del barrio judío, los cafés de Siria en el Bajo Manhattan… La autora da a sus personajes principales mucho atractivo y resonancia emocional. A través de sus pensamientos internos, que no son tan inhumanos después de todo, te sientes muy cerca de ellos. El genio ardiente y la mujer de arcilla comparten la soledad de no encajar. La golem anhela un maestro porque su destino es servir; el jinni ansía la libertad, ya que está obligado a su forma humana por culpa de un brazalete de hierro soldado en su muñeca por un antiguo hechizo de mago.

Helene Wecker mantiene la originalidad en todo momento, en esta joya de novela que acaba de publicar en nuestro país la siempre elegante editorial Tusquets. Los viajeros de la noche es una delicia, una continua provocación, una trama atmosférica con un cautivador ritmo que hace que te relamas como si bebieras el más antiguo de los vinos.

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