Reseña: La herencia de Hosting, de Vicente García

La-herencia-de-HostingHosting es un pequeño pueblecito perdido en el interior de Estados Unidos. David y Martha Hollister se dirigen al pueblo después de recibir la llamada de un notario comunicándoles que un tío lejano de David, uno de esos parientes de los que nunca habían oído hablar, ha muerto y él es el único heredero. Hasta ahí, todo bien. Los problemas empiezan incluso antes de llegar al pueblo, a unos pocos kilómetros, y a partir de ahí se desencadena una verdadera pesadilla.

Eso es, a grandes rasgos y sin desvelar nada, La herencia de Hosting.

Si queréis saber qué os vais a encontrar cuando abráis este libro, pensad en todas esas películas de terror, a poder ser de Serie B, en las que los protagonistas sufren el acoso de desconocidos que los persiguen, mutilan y asesinan sin tregua. Vale, pues eso es lo que Vicente García ha querido transmitir con esa novela, y desde luego bebe bien de ese aire opresivo que tenían esas películas, donde cada pasaje de calma no es más que el preludio de una tormenta más fuerte que la anterior.

Y como con eso solo no basta, el autor se guarda un as más en la manga, en forma de revelación oculta sobre el pasado de la pareja protagonista. Revelación que, por cierto, trastoca toda la novela dándole un giro a la historia, al estilo e incluso al género.

Ahora bien, no es oro todo lo que reluce. Respecto a la trama de la novela, hay que decir que funciona mejor cuando miras el lienzo al completo que cuando te focalizas en sus partes por separado. Quiero decir con esto que, si bien cuando tienes todo el panorama completo puedes haber disfrutado con lo que te cuenta y llegar a perdonarle ciertos detalles, durante el avance de la lectura a veces esos detalles se hacen un poco cuesta arriba. Y me refiero, sobre todo, a una cosa en concreto: No hay un maldito segundo durante la novela en la que no puedas dejar de pensar “¿PERO POR QUÉ XXXX NO SE LARGAN DE AHÍ?”.

Solo con lo primero que les ocurre yo ya me habría marchado sin mirar atrás jamás. Pero vamos, despedida a la francesa y si te he visto no me acuerdo. Y las cosas no hacen sino volverse más raras y tétricas. Cualquier persona con un par de dedos de frente se marcha de ahí haciendo lo que tenga que hacer. O se encierra en la casa cual castillo ante asedio de ejército enemigo y desde luego, no sale a pasear por ese pueblo. Pero claro, Vicente García está atado, como suele ocurrir en todo ese tipo de películas (ocurre lo mismo sin ir más lejos con casi todas las historias de casas encantadas: “oh, los cuadros se caen, oigo ruidos espeluznantes y algo me hace cosquillas mientras duermo, pero mejor seguiré aquí obstinado en que no pasa nada raro”), por el pequeño detalle del “si se piran, se acaba la historia”.

Respecto a los personajes, hay que decir que no llegué a empatizar con David y Martha por la razón arriba mencionada, me resultaba inverosímil que no pusieran pies de por medio. Sin embargo, el resto de personajes, los habitantes de Hosting… ok, empatizar no, eso es imposible, pero resultan tan malditamente enigmáticos, tan raros, tan tétricos… que consiguen el efecto deseado en cualquier historia de este tipo, que estés toda la novela (hasta que se descubre el pastel) preguntándote por sus intenciones, extrañándote por ciertas conductas… en todo momento tienes una sensación que solo se puede definir con esa expresión tan americana que es what the fuck.

Y está bien, porque en varias ocasiones piensas que ciertas cosas son absurdas pero acaban teniendo sentido. Todo tiene sentido en Hosting excepto por qué se quedan ahí David y Martha, y eso, al Gran Lienzo que es la trama de la novela, le viene muy bien.

Dos detalles más: Uno, En la novela hay mucho sexo y en ocasiones, para mí, no viene a cuento. O sí, depende de cómo lo mires. Desde el Gran Lienzo o desde el avance normal de la lectura. Muchas cosas en Hosting no son lo que parecen a primera vista.

Dos, los diálogos. Probablemente donde más flojea la novela. La trama puede gustar más o menos (y como digo, si uno es capaz de superar esa constante sensación incómoda de no entender del todo el comportamiento de muchos personajes, y llegar al momento en el que se descubre el por qué y todo cobra sentido, entonces la trama gana enteros); los personajes pueden caer mejor o peor; La ambientación está conseguida; la historia contiene pasajes tétricos, otros con un tono de humor negro bastante curioso, y un final más cercano al thriller que al terror; pero en ocasiones los diálogos suenan forzados, poco naturales. Y es una pena, porque Vicente García consigue empujarte a través de una narrativa sencilla, ágil y efectiva, y algunas conversaciones se vuelven un poco resbaladizas. No hasta el punto de ser farragosas o hacerte desear dejar el libro, pero afean un poco el conjunto.

¿Lo mejor de La herencia de Hosting? A mi me gustó la doble revelación que ocurre durante el último tercio de la novela. Digo doble porque por un lado te desvela los secretos de ese pueblo haciendo que cobre sentido todo lo que te ha mantenido extrañado durante los dos primeros tercios; y por otro lado se revela algo sobre los protagonistas que, como he mencionado antes, le da un giro a toda la novela hasta el punto de cambiar de género. Y a mí, cuando una historia se revuelve para mostrar otra cara, y lo consigue, me encanta.

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