Reseña: La feria de las tinieblas, de Ray Bradbury

la-feria-de-las-tinieblasEn lo que llevamos de década dos de mis escritores preferidos de género fantástico han abandonado este mundo de mortales. El 5 de junio del 2012 partió Ray Bradbury. Un año después, el 23 del mismo mes, nos dejó Richard Matheson. Pese a la época en que estábamos, el sol brilló menos sin la presencia de estos dos genios de las letras. ¡Descansen en paz!

Hoy me gustaría rendir mi particular homenaje al primero de ellos, de quien se cuenta que era un voraz lector en su juventud y que tan sólo escribía por afición.

Su carrera no fue un camino de rosas, nunca pudo pagarse los estudios para asistir a la Universidad y tuvo que ganarse la vida mediante la venta de periódicos. Su tiempo libre lo pasaba en su lugar favorito: la biblioteca. Rodeado de mundos infinitos, embelesado entre las páginas de las novelas que iba leyendo, la leyenda comenzó a forjarse cuando un jovencísimo Ray Bradbury comenzó a escribir por su cuenta. Años más tarde los frutos comenzaron a germinar, vendiendo sus primeros relatos en revistas especializadas, cuando apenas pasaba los veinte años de edad. Con el paso del tiempo, el señor Bradbury no solo escribía novelas y relatos, además profundizó en guiones televisivos, poesía y teatro, además de ser galardonado con multitud de premios y menciones especiales no solo a algunas de sus obras, sino que también a su distinguida y meritoria carrera artística. Según una encuesta, dicen que es el decimocuarto autor más popular de todos los tiempos. Ahí queda eso. Quizás su obra más aclamada sea Fahrenheit 451, como así reza el epitafio de su lápida a petición suya, novela que, por otra parte, fue galardonada en 1953 con el Premio Hugo, pero sería un crimen obviar sus excelentes colecciones de relatos como Crónicas marcianas, cuyo relato “La tercera expedición” fue premiado con el Salón de la Fama de la ciencia ficción; o su no menos excelente El hombre ilustrado. Por la misma razón que sería un crimen pasar por alto sus aclamadas, exitosas y premiadas obras como El vino del estío, El árbol de las brujas, cuyo guión televisivo consiguió un Oscar de la Academia o La feria de las tinieblas, Premio Saturn en 1983, la novela de la que voy a hacer hincapié a continuación y que Disney la convirtió en película ese mismo año con un guión televisivo escrito por el propio autor.

Para empezar, el título original, Something wicked this way comes, fue sacado de una obra de Shakespeare. Resulta curioso que no se respetara la traducción original, que sería “Se acerca algo maligno”, y decidieran ponerle un título que fuese más atrayente de cara al lector como fue La feria de las tinieblas, en algunos países también conocida como El carnaval de las tinieblas. Sea como fuere, hablamos de una obra de culto, un clásico que mejora con el paso del tiempo, una trama fascinante envuelta en una bruma inquietante que hace aparición con la llegada de una feria ambulante a una pequeña localidad estadounidense. Un misterioso carrusel que es el encargado de darle cuerda al reloj de la muerte, unos personajes de circo peculiares, especial mención a “el hombre ilustrado”,  un pequeño tributo que el autor le da a su homónima obra y, por supuesto, niños, una faceta que Mr Bradbury siempre ha desempeñado con total maestría.

Soy fan del autor, ya lo dije, pero en especial de esta obra, siempre busco algún que otro dato curioso respecto a ella. Hace un tiempo encontré que un grupo llamado Iced Earth le dedicaba un disco en su honor. Como no podía ser de otra forma, el álbum en concreto se titula “Something wicked this way comes”, por si le interesa. Pero mi mayor reto es conseguir el guión televisivo que Stephen King escribió para una posible adaptación de esta novela. Algo imposible de conseguir, soy consciente, pero quizás algún día… algún día, quizás…

A finales de año hice una relectura de esta obra, no sé cuántas llevo ya, he perdido la cuenta. Esta novela tiene algo que me engancha y mi desvencijada edición de Minotauro está en las últimas, quizás no de para otra lectura más, cuando se tercie la ocasión de hacerla. Entonces, será el momento de reponerla, hay clásicos que deben ser leídos con asiduidad, este es uno de ellos. Si lo habéis leído, sabréis de lo que hablo.

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