Reseña: Área 7, de Matthew Reilly

AREA 7A principios de año me leí una novela que me engatusó gracias a su aroma de serie B, El laberinto. Tenía un estilo directo y ágil que me pareció interesante, lo suficiente al menos para buscar otras novelas del autor. Así que un día, merodeando por Gigamesh, me encontré con Area 7, del mismo autor, una novela que planteaba una sinopsis digna de una superproducción hollywoodiense. Unos terroristas aíslan al presidente de los Estados Unidos en una base militar conocida como Área 7, y le imponen una prueba: si consigue sobrevivir, gana; si muere, entonces catorce bombas atómicas estallarán en catorce ciudades americanas. De la vida del presidente dependen la vida de millones de estadounidenses, así que el servicio secreto y un grupo de marines que acompañaban al presidente, con el capitán Schofield a la cabeza, tendrán que luchar para sobrevivir.

Vaya por delante que se trata de la segunda novela protagonizada por Schofield. También vaya por delante que no tiene ninguna relevancia para la trama y que se puede leer sin problemas, aunque incluye unos cuantos spoilers de la primera novela.

Bien, prosigamos. Area 7 podría haber sido fácilmente un título de acción de los noventa, de aquellos protagonizados por Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Bruce Willis o incluso Nicolas Cage. Hoy por hoy, el capitán Schoffield podría ser interpretado por Jason Statham. Si los nombres que menciono no te hacen imaginar qué clase de novela vas a leer, entonces no sé qué más hacer para explicártelo.

Area 7 es acción pura y trepidante. Pasan cosas en todas las páginas, a veces en todos los párrafos, y los personajes están al borde de la muerte en todo momento. Hay tantos giros en la trama que resulta imposible contarlos, cuando crees que los malos están a punto de ser exterminados te sorprende ver que hay otros villanos operando en las sombras y que la cosa está lejos de acabar. Mucho músculo, sudor y cientos de balas pueblan la novela. Explosiones, acrobacias imposibles que visualmente te harían abrir los ojos de par en par o bien soltar un “venga ya”. En serio, la cosa no para, no se detiene, es un tren con el acelerador a tope y sin frenos. Y es acción. Pura y trepidante. Aquí hay de todo, desde peleas a puñetazos a tiroteos imposibles. De aviones que se lanzan al vacío por el hueco de un inmenso ascensor de aviones hasta visitas al espacio (os lo juro). De dobles traiciones a psicópatas dispuestos a descuartizar a cualquiera. Persecuciones a pie, en helicóptero, en lancha, en tren…

Me canso solo de recordarlo.

Ah, y todo contrarreloj, claro. Como buena peli de acción que se precie, el reloj estará contando hacia atrás en todo momento. Porque cuando no hay que recuperar el balón nuclear (la maleta que contiene los códigos nucleares), tienen que desactivar el cronómetro que hará explotar todas las bombas dispuestas por los terroristas.

Ah, y muertes heróicas. Muchas muertes heróicas.

No busquéis profundidad en la trama de Area 7. Sabe perfectamente que quiere ser entretenimiento puro y eso es lo que es. No busquéis personalidades arrolladoras en los personajes: ellos son lo que son, estereotipos musculados que harán todo por su país o malvados villanos que quieren acabar con todo. No importa demasiado, la verdad. El único que está algo más desarrollado al respecto es Schoffield pero vamos, es el prota de una peli de acción noventera, de los que sueltan una frase ingeniosa después de sobrevivir a algo imposible, así que ya sabéis lo que vais a encontrar.

Y el estilo de la novela… bueno, es ágil, es rápido, corta cada párrafo con un clifhunger que te hace querer seguir leyendo… pero a veces roza lo infantil, sobreexplicando y sobremagnificando cada cosa q   ue ocurre, por pequeña que sea. Sinceramente, el Matthew Reilly de El laberinto me parecía mucho más interesado en narrar, y eso que también en esa novela iba a lo que iba, que era entretener.

En fin, lectura ligera y divertida. Yo, al menos, me lo he pasado en grande. Me faltaron las palomitas.

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