Hubo un tiempo en Alemania en el que Hanns Heinz Ewers produjo bastantes obras excepcionales de literatura sobrenatural. Este período comprende de 1900 a 1930. Un período en realidad en el que estaba de moda la literatura extraña en el país germano. Nombres como Oscar A. H. Schmitz, Karl Strobel, Oskar Panizza y bastante por delante, por supuesto, Alexander Moritz Frey; llegan a ser sobradamente famosos gracias a su aporte a la narrativa fantástica. Pero un nombre no puede faltar aquí: Hanns Heinz Ewers.
Con sus relatos impactantes llegó a ser propuesto un monumento a su vida como autor literario. Sus contemporáneos encontraron sus historias, no sólo escandalosas, sino también ofensivas, y en muchos lugares se le empezó a ver con escepticismo. ¿Envidia? ¿Los típicos celos de cuando a alguien le va bien? Quién sabe. El caso es que incluso hoy en día, algunas historias de Ewers pueden parecer bastante necrófilas.
Pero ahí está su grandeza. La diferencia. Salirse del rebaño.
Gracias a su novela La Mandrágora (también publicada por Valdemar Gótica), Ewers se hizo un nombre. Me emociona recordar esta novela, sin embargo, os aseguro que con lo que he alucinado, es con su calidad para el relato corto. Sí friends, las mejores piezas de la literatura de Ewers se encuentran en sus colecciones de cuentos. Un ejemplo de esto es, que en Europa son constantemente reimpresas y que sus relatos siguen apareciendo en antologías modernas.
Su relato más famoso, La araña, es la historia que abre y da nombre a este tomo. París, 1910. En tres viernes consecutivos, tres invitados del pequeño Hotel Stevens, han aparecido colgados de los barrotes de la ventana en la habitación número 7. Ni el Comisario responsable, ni la señora Dubonnet, pueden disuadir al estudiante de medicina Richard Bracquemont, para que no pernocte allí y se olvide de intentar resolver el misterio. Pasan los días y no ocurre nada, pero una mañana decide mirar por la ventana, al otro lado…
El nivel de la antología La araña y otros cuentos macabros y siniestros es muy alto. Estamos ante un gran tesoro del género lóbrego y mortuorio como ya lo fuera otro titulo de la colección llamado Los hombres topo quieren tus ojos (Valdemar Colección: Gótica / GOT-074), editado por Jesús Palacios. Relatos como La salsa de tomate, La Mamaloi o La joven blanca (la llamada en Alemania, Colección de la Sangre) os lo van a hacer pasar mal. Y de lo lindo. A sí mismo, El Reino de las Hadas y La caja de juegos son relatos terriblemente extraños en los que piensas si no fue aquí cuando la cordura se apartó del autor. El cadáver de un ahogado es la historia más sarcástica que sobre un cuento fantástico he leído en mucho tiempo. Y cuentos como Del diario de un naranjo y C. 3. 3. contienen elementos sobrenaturales, sí, pero son enormemente propensos a magnificar la psicosis y ese tipo de “miedo” llega al lector de forma abrumadora.
Una aparente ligera historia es La joven blanca. En ella, Ewers logra crear una poderosa imagen digna de los más grandes pintores simbolistas con elementos tan simples como una muchacha desnuda pálida, una paloma y una habitación roja… Ya me conocéis, cuando hablo de una antología siempre comento muy poco de sus argumentos para evitar desvelar nada de tan corta narración. Mayormente, en joyas literarias como la que estamos hablando prefiero que disfrutéis al máximo.
Hanns Heinz Ewers (1871-1943) fue actor, poeta, filósofo y escritor alemán. Aunque escribió obras de una amplia variedad de géneros, es conocido principalmente por sus relatos de Terror, y especialmente por su trilogía sobre las aventuras de Frank Braun, un personaje en el que se inspiró a partir de sí mismo. La más conocida de ellas es la segunda novela La Mandrágora (Alraune, 1911). La reputación de Ewers como actor y escritor alemán lo convirtieron en un portavoz natural a favor del Imperio Alemán para tratar de impedir que los Estados Unidos intervinieran en la guerra como aliados de Gran Bretaña. Posteriormente, se encontró en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania un documento que indicaba que Ewers pudo haber viajado a México, quizás con la intención de animar a Pancho Villa a que atacara a los Estados Unidos durante la guerra, limitando su poder militar.
Nunca fue juzgado y fue liberado en 1921, regresando a Alemania. De hecho, actualmente Ewers todavía es considerado como un autor importante en la evolución de la literatura de Terror, influenciando a escritores como H.P. Lovecraft. Varios ocultistas también han sido influenciados por su obra, debido a su amistad y correspondencia con Aleister Crowley. Durante sus últimos años, Ewers se relacionó con el naciente Partido Nazi, atraído, sobre todo, por su adoración a la cultura teutónica. En 1934, la mayoría de sus obras fueron prohibidas en Alemania y sus propiedades confiscadas. A pesar de su gran influencia en la literatura de Terror y Fantasía del siglo XX, Ewers perdió popularidad en los círculos literarios (especialmente en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos), debido a su asociación con los nazis. Como resultado, las ediciones de sus obras posteriores a la Segunda Guerra Mundial a menudo son difíciles de encontrar, y las ediciones anteriores son muy valoradas por los coleccionistas.