Reseña: Obra periodística completa, de Albert Londres

obraperiodisticacompletaEn el año 46 a. de C., el emperador romano, Julio César, escribió al senado una frase que ha pasado a formar parte de la historia: “Llegué, vi, vencí”. En el siglo XX, a un autor francés llamado Albert Londres bien podría aplicársele tal expresión, aunque con una ligera variación: sustituir la palabra “vencí” por “conté”.

Reconozco que he sido el primer sorprendido cuando me enteré que el premio periodístico de mayor prestigio en el país galo llevaba su nombre. Ésta, sin embargo, era una causa más que razonable para sumergirme de lleno en el primer volumen de su Obra periodística completa, una garantía de que, entre sus páginas, iba a embriagarme de puro conocimiento, de sabidurías narradas en primera persona, pues Albert Londres fue testigo directo de las tres novelas cortas que están incluidas en esta obra y obsequiándome, de esta manera, con todas sus vivencias y experiencias personales durante una investigación periodística que han sido trasladadas ahora al papel a cargo de Ecc ediciones. Un escritor que, a mi juicio, no goza de toda la popularidad que debería pues, a su destacada labor de documentación “in situ”, hay que añadir un estilo narrativo entretenido, muy suelto y que sabe trasmitir temas que en su época eran un tanto escabrosos. No todo el mundo lo logra con igual facilidad que Albert. Por todo ello y porque no hay mayor credibilidad que la de “llegar, ver y contar”, merece ser un autor que no debe pasar inadvertido para todos los amantes del género histórico y del periodismo de investigación.

La primera de las historias que se narran en este libro es El judío errante ha llegado, que fue publicado en primera instancia en forma de artículos y que a la postre fueron revisados para su conversión en novela, en 1930. Albert Londres se enroló en un viaje alrededor del mundo para conocer el destino de los judíos que tan injustamente eran castigados en la época. Un largo paseo por Inglaterra, Checoslovaquia, Rumania, Rusia, Hungría… hasta su llegada a Palestina, donde, para los judíos, la historia dio un giro de 360 grados. Lo único que no parece cambiar es el derramamiento de sangre. Un reportaje bibliográfico que narra todas las experiencias de una temática cruel. Una muy buena historia, llena de conflictos y polémicas que con gran soltura se desenvuelve el autor y que cuenta con minucioso detalle…

Cautivado por la fascinante historia que aprendió sobre los hechos narrados en esta breve novela, Albert Londres se hizo a la mar para conocer el lado opuesto: la reacción del Islam. De esta idea nace Los pescadores de perlas, publicada en 1931, la obra más corta de las tres y de la que el autor no se siente muy orgulloso, pues su objetivo inicial era entrar en La Meca, algo que no consiguió. Sin embargo, a mi me ha dejado un buen sabor de boca, he disfrutado con su lectura, incluso he maldecido el destino de quienes se sumergían en las profundidades del mar Rojo en busca de perlas, un preciado tesoro que, en ocasiones, se cobró un alto precio…

Y por último, llega la última novela de este primer volumen, titulada Tierra de ébano, fue la primera de las tres que escribió el autor y es mi parte favorita. En ella, el autor trata un tema complicado: la esclavitud en el África Occidental, en las colonias francesas, así cómo la escasa importancia de la mujer en estos países. Como anécdota sirva decir que la conversación entre dos amigos indígenas que llevaban tiempo sin verse, ambos se preguntaban por todas sus pertenencias y familiares. La última pregunta era sobre el estado de salud de sus respectivas esposas. Saludos que solían prolongarse durante más de un minuto y cuya anécdota, el escritor no quiere que pase desapercibido. Tierra de ébano le acarreó muchas polémicas al autor, de hecho, causó tal revuelo que incluso el gobernador de África Occidental organizó un viaje con distinguidos periodistas para desmentir los hechos que Albert Londres contaba en sus folletines. Hoy, incluso, aún es un tema de conversación que a menudo sale a la luz.

Si han llegado hasta aquí, habrán notado que las tres historias de esta novela son temas duros, incluso actuales, pese al paso del tiempo. Albert Londres lo contó tal y cómo lo vivió en su época. No hay nada que reprocharle, pues sus ojos fueron testigos y así fueron transmitidos al papel. Muchos de los problemas narrados en su Obra periodística completa continúan en la actualidad, con lo cual, esta novela seguirá siendo tema de conversación (para bien o para mal), esto es un hecho innegable.

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