Reseña: Mujeres, de John Updike

MujeresCuando organicé el Segundo Ciclo de de Cortometrajes basados en cuentos de Stephen King en Sevilla, en marzo del 2012, uno de los directores cuyo trabajo iba a ser proyectado en el festival me pidió que leyera una líneas a la audiencia acerca de lo que su cortometraje pretendía decir. Al parecer, según había sucedido en otros eventos de este tipo, no todos entendían lo que dicho director pretendía transmitir en su corto. En el film, se mostraba a un anciano hablándole a la cámara acerca de los diferentes tipos de tiempos. No había nadie más en el elenco, era un trabajo cuyos diálogos estaban dirigidos expresamente al público y lo que el actor insinuaba es que su vida se estaba agotando, que estaba llegando al final de sus días.

Un par de años después, apenas hace unos días, inicié la lectura de Mujeres, escrita por John Updike y publicada por Tusquets Editores. En cuanto finalicé el primer capítulo me vino a la memoria el comentario de aquel director cuyo nombre he omitido, y así seguiré haciéndolo a modo de respeto, pues la similitud de las historias son parecidas: un hombre con miedo a abandonar este mundo. Un hombre llamado Owen Mackenzie. Este sujeto ha vivido cómodo a lo largo de su vida, a pesar de haber pasado momentos difíciles como la guerra en la que participó su país o la llegada del capitalismo al mismo, Owen logró abrirse paso en una sociedad emergente y llegó a convertirse en un gran empresario, dedicando toda su vida al negocio de los ordenadores junto con su socio, Ed. En el terreno del amor, Owen estuvo siempre acompañado del mejor de los perfumes. Sus constantes escarceos amorosos nunca parecieron afectar a su primera esposa, Phyllis, quien le dejaba estar con otras mujeres e incluso intentaba no levantar sospechas pese a ser consciente de las infidelidades de su marido.

Ahora Owen tiene setenta años, duerme plácidamente al lado de Julia, su segunda mujer y recuerda todos esos momentos, todos los pueblos en los que vivió, todos sus idilios, algunos como seductor, en otros donde se dejaba seducir. Ahora sueña… sueña con todos esos días y quisiera volver a ellos…

La premisa principal de esta novela es el sexo, en algunos pasajes roza casi el porno, sobre todos en aquellos capítulos titulados “Sexo en el pueblo” y divididos en seis partes que perfectamente podrían haberse llamado “Sexo a todas horas”. Pero, en todo momento, en el aire flota un ambiente lleno de recuerdos, una nostalgia como solo un maestro como John Updike, premiado en dos ocasiones con el Pulitzer y otra con el American Book Award, sabe contar.

Es un libro que hay que leer detenidamente. Yo, lector compulsivo, he alargado esta lectura lo máximo posible con el único objetivo de saborear más cada momento, cada recuerdo de Owen, un personaje excelente, un vividor que ha sabido salir a flote de situaciones complicadas, pero que, como aquel otro anciano del cortometraje mencionado al principio de esta reseña, se sabe perdedor frente a la figura de la guadaña.

Me están deparando muy buenas sorpresas las obras que estoy leyendo de la Colección Andanzas de Tusquets: grandes personajes, atmósferas impactantes y, lo mejor, historias inolvidables.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *