Reseña: Vicio propio, de Thomas Pynchon

vicio propioThomas Pynchon es considerado actualmente como unos de los más grandes novelistas vivos de Norteamérica, su narrativa se puede comparar a montarse en una montaña rusa en la que el tiempo, el espacio y la percepción del universo que recrea están en continua tensión y experimentación estética, poniendo a prueba continuamente al lector. Es un escritor de una densidad de ideas y cultura popular apabullante, ultradensa hasta la lisergia, una sobredosis de horror vacui.

Vicio propio dicen es su novela más lineal, lo que no quita que mantenga los adjetivos anteriores. El esquema argumental es el típico de la novela negra americana a lo Chandler. Pero bajo ese esqueleto noir con sus vértebras bien diferenciadas,- entre  viajes de LSD con alcohol y música de guitarras surferas,- que dirigen el manido argumento del detective que busca a un tipo rico desaparecido, Pynchon nos sumerge en el ambiente, cultura, música, vestimentas…etc. de un Los Ángeles de los años sesenta. En este sentido la Norteamérica que nos cuenta es, no tanto la recreación fidedigna de un pasado sino más bien la imaginación delirante y barroca hasta la extenuación de una época vista desde el prisma bizarro del autor que la vivió, en un ejercicio tanto de nostalgia como de detallismo salvaje y desenfrenado en referencias artísticas y culturales, disparadas como balas de una ametralladora, masivamente y a toda velocidad hacia tu cerebro.

La intención de Pynchon es que el lector se pierda en los cientos de detalles y de personajes que van minando la trama, personajes esperpénticos y a la vez inspirados en un L.A. en el que la mezcla de colores chillones, estilos y modos de vida caricaturizados de lo hortera a lo imposible, diálogos rocambolescos y experiencias de lo más grotescas y divertidas, que creen en el lector la sensación de que su mente está fumando marihuana junto con el protagonista.

Hablando de éste, Doc Sportello, es un atípico Marlowe, un detective que malvive de casos, consume porros, viste con chanclas y camisas hawaianas. A través de sus ojos, y de sus hilarantes e improvisados disfraces, nos van presentando a otros personajes como su ex, Shasta, la mujer fatal buscavidas que acude a él buscando ayuda y que desaparece junto a su amante rico a su vez metido en un asunto de especulación inmobiliaria. También está el típico policía corrupto y tocapelotas, Bigofoot,  que sigue los pasos de Doc y que mantiene un interés sospechoso en todo el barullo…tras ellos el autor del libro irá, como Dante a través de los círculos del infierno, (pero un infierno no de llamas sino de cocktails, motos,  tablas de surf y mucha droga), describiendo ese Los Angeles lleno de gente tan estrafalaria como peligrosa, desde moteros del infierno hasta masajistas sexuales, drogadictos, músicos de garaje idiotizados por el éxito, soldados del Vietnam reconvertidos en traficantes de droga…y de fondo un barco misterioso y mítico, el Colmillo Dorado, en el que Doc cree que estará la solución del caso…

Entre las cientos de referencias históricas y pseudo históricas cabe destacar a Charles Manson, que lo menciona en varias ocasiones, aunque el autor, como digo, juega con el pasado y el presente en un continuo reportaje ficción con un trasfondo en el que no distingues entre lo real y lo inventado, (ese protointernet tan eficaz).

El libro igualmente es toda una entrañable parodia del hippismo, de una América vista hoy día como un adolescente que no conoces límites y que puede hacer todo lo permitido o no permitido, y en ese microuniverso como eran las playas de California, un mundo que para el lector español, ajeno salvo por el cine y conducido por Pynchon, le parecerá tan extraño y lejano como las montañas de Venus, siendo que es parte de la cultura norteamericana.

Por último mencionar que Paul Thomas Anderson, genial director de películas como “Boggie Nigths” o “Pozos de ambición”, está rodando en el momento que se escribe esta reseña la adaptación cinematográfica, protagonizada por Joaquin Phoenix. Oportunidad estupenda para adquirir y leer esta obra, y aliciente para su lectura, ya que será la primera novela de Pynchon que tenga una versión en la gran pantalla, ¿puede ser una buena adaptación? Eso será la decisión del lector que quiera aventurarse con Vicio propio.

2 comments

  1. Menstruator dice:

    Primera novela de Pynchon que leo. Primera novela de Pynchon que abandono (y eso que ya iba por la página 300 de unas 400 que tiene la novela, que le den a las últimas 100). ¿Este es el famoso Pynchon?
    La verdad, a mí me ha parecido algo INFUMABLE. Este autor te exige un 10000% más de lo que te da. No he tenido problemas en leer a otros autores de esos “inaccesibles”, aspirantes a Joyce, postmodernistas o simplemente criptonarrativos tipo DeLillo o Foster Wallace pero este Pynchon ha podido conmigo. Sopor, aburrimiento, tedio, coñazo, no se me ocurren otros términos para definir esta novela.
    No veo donde están las cualidades literarias por ningún sitio. Tampoco veo el “humor hilarante”, ni la “estructura laberíntica”, ni nada. Más bien da la impresión de ser un texto atolondrado, o un autor caótico, desordenado, chapucero, con una prosa que tampoco es como para tirar cohetes. ¿Hay alguna página en la que el protagonista no se “encienda un canuto”? Y Doc se encendió un canuto, y Doc se encendió un canuto. ¿Hay alguna mujer en la novela que no vaya vestida con minifalda?

    Pérdida de tiempo. Un mito caído.

    Probaré con “El arco iris de gravedad” más que nada porque ya lo he comprado y tiene pinta de ser intelectualmente más serio que este pero, desde luego, esperaba algo más de alguien que recibe las alabanzas que recibe Pynchon. Aún así, como ya estoy de mala leche porque me siento estafado como lector, existen muchas posibilidades de que acabe abandonándolo también en plan venganza particular y privada. Depende de Pynchon que lo haga o no.

    Lo siento, pero alguien tenía que decirlo. Este libro es un rollo, una masturbación para culturetas y para sosones angloidealizantes. Y os lo dice alguien que se ha fumado un Amazonas de “canutos” tan grande que avergonzaría al mismísimo Doc Sportello.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *