Reseña: El viento y la sangre, de M. A. West

elvientoylasangreYo elegí embarcarme en esta historia. Fue de esas pocas veces que ves un título y te llama mucho la atención. De esas veces que vuelves a cruzarte con el libro y su portada, y te quedas pensando. De esas poquitas veces que una novela y su argumento reclaman de ti.

Navona Editorial es un nuevo sello editorial que viene pisando fuerte. El buen gusto es sinónimo de su trabajo, sinceramente, sacan directamente una colección llamada Navona Negra con títulos en principio desconocidos, pero que yo llamaría inéditos y con los que guardar rencor por haber sido publicados en nuestro país. Vienen para descubrirnos joyitas literarias que nadie antes apostó por ellas. También tienen su colección de autores clásicos, pero como nuevo amante de la novela negra me centraré en ésta. De hecho, no voy a expandirme mucho, y así haré referencia inconsciente a lo que propone la editorial con el lanzamiento de El viento y la sangre, de M. A. West. La idea está muy clara. Lo breve si es bueno, dos o tres veces bueno.

El viento en la sangre es una novela que me ha dejado de piedra. Culpa tiene lo bien escrita que está, lo concentrado de sus capítulos y la intensidad que desprenden. Sorpresa tras sorpresa cuando va llegando el final. Si supiera de este género la catalogaría de pulp con todo lo que eso conlleva. Quizás, al ser recién llegado, he imaginado la historia un poco más actual y, ¡qué bien ha sobrevivido al paso del tiempo! Las odiosas comparaciones con el cine de Tarantino o Martin Scorsese, son inevitables. Sin embargo, estamos hablando de una historia que probablemente fue escrita en los 60. Y digo probablemente porque M. A. West es uno de los grandes anónimos de la novela negra. Se sabe muy poco de él. Nació en Cincinnati en 1923 y entre 1951 y 1980 publicó doce novelas y medio centenar de cuentos. Poco más. La mayoría de sus historias están protagonizadas por Rudy Bambridge un peculiar “solucionador de problemas” para capos mafiosos que también actúa en El viento y la sangre.

La historia es la de que me gustan. Una historia de moteles de carreteras, tíos huyendo de la policía y la mafia, y maletines de dinero. Por supuesto, mujeres con grandes cuervas de por medio. Morton huye con 20.000 dólares, se ha quedado con la pasta de un trabajo que acaba de elaborar junto a otros pendejos. Unos tipos secuestraron a la hija de un capo mafioso y cuando… sí. Él consiguió quedarse con la pasta y huir de todos esos engendros. Llama por teléfono a Lorna y queda con ella en el motel de las afueras. Tiene una proposición que hacerle. No la puede rechazar. Nadie rechaza a un tío con tanta pasta. Mientras tanto, Conrado Bonnazzo ya ha llamado a Rudy Bambridge para que se ocupe del asunto del secuestro de la hija de su mano derecha. Es un hombre leal con la familia… y hay que ayudarlo. Rudy pronto va a darse cuenta de que nada es lo que parece, que el tío más simple puede ser un perturbado y que el azar dona pasta al más insensato.

La novela está estructurada en capítulos cortos, con constantes giros de tuerca que recuerdan bastante a series tan cañeras como Breaking Bad. Lo aclaro: no por la historia, sino por las constantes sorpresas al lector/telespectador. Mezcla comedia, tragedia, la ficción se vuelve tan real que duele. Una genial traducción que agradezco a Thalía Rodríguez y a mi amigo y escritor Alexis Ravelo.

Me he quedado jodido. Quiero más de este autor. Espero encontrar una nueva novela de M. A. West pronto. Me conformo con que tenga sólo la mitad de la calidad que tiene El viento y la sangre.

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