Reseña: ¡Abajo el colejio!, de Geoffrey Willans y Ronald Searle

¿Os suena Manolito Gafotas? ¿Y el Pequeño Nicolás? Probablemente os resulten familiares las creaciones de Elvira Lindo (con Emilio Urberuaga) y de René Goscinny (con Jean-Jacques Sempé), siempre disponibles en la sección juvenil de cualquier librería que se precie. Ahora bien: ¿conocéis a Nigel Molesworth? ¿No? Bueno, ese era también mi caso hasta hace bien poco. Concretamente, hasta el momento en el que llegó a mis manos ¡Abajo el colejio!

Molesworth estudia (bueno, es un decir) en un típico internado inglés, el Colegio de San Custodio. Se trata de un lugar son solera, instalaciones que dejan mucho que desear, un cuerpo docente que debe lidiar con unos alumnos más parecidos a pequeñas bestias que a personas, y un director amante de disciplinar a base de varazos a sus revoltosos pupilos.

Consciente de la numerosas dificultades derivadas de vivir en un entorno tan hostil, el joven Nigel ha consagrado parte del tiempo que debería haber dedicado a labores más ingratas (como estudiar, por ejemplo) a redactar una suerte de manual de supervivencia para estudiantes internos. Así, en ¡Abajo el colejio!, encontraremos minuciosas descripciones de profesores, asignaturas, varas de azotar y bazofia incomestible servida en el comedor, junto con un buen número de útiles consejos para eludir castigos o conseguir escaquearse de tal o cual clase. Todo ello voluntariosamente escrito (con suficientes faltas de ortografía como para provocar seis infartos consecutivos a cualquier profesor de Lengua) e ilustrado por el señor Molesworth en persona.

Por supuesto, no todo lo expuesto en el anterior párrafo es cierto. Los verdaderos artífices de esta pequeña joya del humor satírico son el escritor Geoffrey Willans y el extraordinario dibujante Ronald Searle. Ambos iniciaron en 1953 una exitosa colaboración que se truncó con la prematura muerte de Willans en 1958, y que se completa con How to be Topp, Whizz for Atomms y Back in the Jug Agane. Texto e ilustraciones se complementan a la perfección, y consiguen arrancar unas cuantas carcajadas al tiempo que denuncian el estado en que se encontraba en su día una de las instituciones británicas más tradicionales.

Impedimenta continúa ofreciéndonos obras arriesgadas, poco comerciales en teoría, pero de una calidad fuera de toda duda. Y, una vez, más, merece mención especial el traductor del volumen que nos ocupa: Jon Bilbao. Tras haber leído parte del libro en inglés, me quito el sombrero ante la admirable habilidad con la que Bilbao ha conseguido adaptar al castellano la peculiar manera de escribir de Nigel Molesworth.

Un libro recomendable para los amantes del mejor humor inglés (con un sutil tono crítico) y de las buenas caricaturas. Una breve obra maestra, en definitiva, cuyas continuaciones espero poder leer pronto.

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