Reseña: Navidades en Cold Comfort Farm, de Stella Gibbons

De un tiempo a esta parte, gracias a la extraordinaria labor editorial de Impedimenta, hemos podido disfrutar con una serie de deliciosas novelas surgidas de la excepcional pluma de Stella Gibbons. Quien haya tenido la oportunidad de leer La hija de Robert Poste, Flora Poste y los artistas o Westwood podrá descubrir ahora en Navidades en Cold Comfort Farm cómo se manejaba la autora londinense en el difícil campo de la narracion breve.

Entre los dieciséis relatos que componen esta antología, escritos todos con una calidad media sobresaliente, resulta harto complicado señalar a uno de ellos como el mejor. El lector podrá encontrar entre las páginas de este volumen un par de historias de ambientación navideña bien diferentes, como la encantadora El arbolito de Navidad o la que da título a la colección, una peculiar precuela de La hija de Robert Prost. Pero dichas historias no son sino la punta de un iceberg que oculta lo mejor de sí mismo bajo su línea de fotación.

Temas como la incomunicación y la hipocresía aparecen en Amar y anhelar (un duro retrato sobre un matrimonio cuyos miembros no se conocen en absoluto, a pesar de los años que llevan juntos) y en Hermanas (historia en la cual la compresión y generosidad que muestra una mujer reciben un pago tan mezquino como inmerecido). La desilusión también encuentra su hueco en narraciones como Vanidad dorada (en la cual una joven platónicamente enamorada de un escritor se llevará una tremenda sorpresa) o Pobre oveja negra (o cómo un cuarentón que regresa a Inglaterra tras pasar varios años en el extranjero comprueba que la jóvenes modernas no son como las de sus buenos tiempos).

Muchas son las temáticas abordadas por Stella Gibbons en esta colección de relatos, además de las ya mencionadas. No obstante, quizá haya una que figure como elemento subyacente a un buen número de las historias que componen Navidades en Cold Comfort Farm: una cierta defensa de la institución familiar como cimiento de una vida feliz anhelada por el buen número de protagonistas (femeninas en su mayoría) de las mismas. Así, en El mejor amigo del hombre, una mujer enamorada de un caballero que sólo parece interesado en usarla como paño de lágrimas, se da cuenta de que la felididad puede llegar de la mano de la persona más inesperada. Y la entrevista que realiza una mujer de éxito a una antigua activista política en El pastel, hace que aquella se replantee su vida radicalmente. Finalmente, en relatos como Fiesta salvaje y mansa o El joven andrajoso, queda patente que el amor puede surgir en los lugares y momentos más insospechados.

Leer una nueva obra de Stella Gibbons supone reencontrarnos con una vieja amiga cuya cálida voz, eterna narradora de historias inolvidables, echábamos tremendamente de menos. Estoy seguro de que aquel que haya escuchado dicha voz con anterioridad me entenderá perfectamente. Para quien no lo haya hecho todavía, Navidades en Cold Comfort Farm es una ocasión excelente para deleitarse con ella y, sin lugar a dudas, un poderoso incentivo para hacerse con el resto de las obras de la autora británica publicadas en nuestro país (a las cuales, por cierto, no tardará en unirse Nightingale Wood, de la mano, una vez más de la imprescindible Impedimenta).

2 comments

  1. Adonita dice:

    Disfrute muchísimo con el primero libro de Flora, aun tengo el de Los artistas y este caerá seguro :o)

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