Reseña: El águila y la lambda, de Pedro Santamaría

De las tres Guerras Púnicas que enfrentaron a Roma y Cartago, la primera es probablemente la menos conocida, debido a la falta de documentación histórica sobre la misma. No obstante, basándose en la obra del historiador griego Polibio por una parte, y rellenando con su fértil imaginación los huecos de las crónicas por otra, Pedro Santamaría se planteó en su momento narrar qué sucedió durante aquel conflicto entre dos de las grandes potencias de la época, haciendo especial hincapié en la decisiva Batalla de los llanos del Bragadas.

Cuatro son los puntos de vista gracias a los cuales tendremos la ocasión de asistir en primera fila a los diversos enfrentamientos que, por tierra y mar, protagonizan cartagineses, romanos y un puñado de guerreros espartanos. Comandando la invasión figura el cónsul Marco Atilio Régulo, un hombre valiente y honorable que no duda en luchar codo con codo con unos legionarios que estarían dispuesto a seguirle hasta el mismísimo infierno. También es romano Aulo Porcio Bíbulo, miembro de las clases bajas que empieza la novela como remero de uno de los quinquerremes que se dirigen hacia Cartago y acaba como legionario en contra de su voluntad.

En la misma Cartago reside Arishat, la prostituta más hermosa y solicitada de toda la urbe, quien acabará por conocer el amor de un modo totalmente inesperado. Y por último, tenemos al mercenario espartano Jantipo, quien acompañado por otros seis hábiles guerreros intentará convertir a ciudadanos cartagineses sin formación militar en un grupo cohesionado capaz de hacer frente al poderío militar romano.

Siempre me ha fascinado la cultura grecolatina y, cuando tengo ocasión de leer una novela cuya acción transcurre en alguna polis griega o en alguna parte del vasto imperio romano, tengo la seguridad de que me moveré por un terreno familiar que, con suerte, el autor de turno habrá sabido explotar convenientemente. Y así ha sido con El águila y la lambda, segunda novela de Pedro Santamaría editada por Pàmies (con su habitual buen hacer) tras la exitosa Okela. El autor santanderino aúna los dos requisitos fundamentales para dar forma a una narración histórica disfrutable: amplios conocimientos sobre el periodo y los acontecimientos que relata y, lo que a mi juicio es más importante, el talento necesario para dar forma a una historia que atrapa desde la primera página y cuya lectura resulta prácticamente imposible abandonar.

Los personajes que pueblan las páginas de El águila y la lambda, ya sean históricos o ficticios, exudan humanidad y logran que asistamos con interés creciente a sus diversos avatares. A la manera de la extraordinaria serie televisiva Roma, Santamaría sitúa, frente a figuras reales y de gran relevancia, a otras fruto de su mente que aportan perspectivas muy interesantes al tiempo que viven intensos dramas que acrecientan el valor de la novela.

Nos encontramos, en definitiva, ante una obra histórica tan rigurosa (con leves licencias que el autor aclara al final del libro) como amena, que describe con maestría un conflicto cuyas repercusiones, a la larga, supondrían el nacimiento de uno de los mayores imperios que el mundo ha conocido.

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