Reseña: El Rey Trasgo, la Ciudadela y la montaña, de Alberto Morán Roa

La Ciudadela se encuentra enclavada en una enorme masa rocosa que, desafiando toda lógica, flota sobre un continente asediado por el beligerante imperio de Kara. En las edificaciones que se asientan sobre la mole pétrea, tres naciones aliadas (Esidia, Thorar y Ara) han desarrollado un modo de trasladarla a voluntad y, lo que es más importante, han descubierto cómo emplear las energías que la sustentan como un arma terrible. Gracias al poder destructor de esas energías, la guerra contra Kara acaba abruptamente, y cada país aliado mantiene una guarnición a cargo de un comandante en la Ciudadela, para velar por el mantenimiento de la paz en el continente. Ocho años después de la caída de Kara, el joven comandante esidiano Kaelan Eranias debe hacer frente a constantes ataques que amenazan la Ciudadela, mientras intenta frenar los instintos beligerantes del comandante de Thorar ante la indolencia del representante de Ara. Al mismo tiempo, en un pueblo norteño, el erudito Tobías encuentra un libro cuya lectura le lleva a tomar una decisión que podría costarle la vida. Y, en la cima de los Picos Negros, el Rey Trasgo espera pacientemente el momento en que pueda hacer realidad sus planes. Unos planes que amenazan con desatar sobre el mundo un poder tan grande que podría acabar reduciéndolo a cenizas.

Escribir es una labor difícil, y escribir bien es algo que no está al alcance de cualquiera. Normalmente se necesitan años de práctica constante, y es normal apreciar en los diferentes trabajos de cualquier escritor una evolución estilística que suele acabar en la consecución de una voz propia, personal y reconocible por sus seguidores. Ahora bien, cuando uno tiene en sus manos la primera novela de un joven autor, y constata que se trata de una obra de una madurez tal que puede perfectamente mantener el tipo ante libros de figuras consagradas, a la sorpresa inicial se une la satisfacción de saber que ese joven autor no es una nueva promesa surgida del mercado anglosajón.

Y es que Alberto Morán Roa es español, y con sólo veintiséis años ha firmado uno de los libros más fascinantes que he tenido la fortuna de leer en los últimos tiempos. El Rey Trasgo: la Ciudadela y la montaña es una obra que en poco más de trescientas páginas nos ofrece lo que otros escritores tardarían un par de trilogías en narrar. Da forma a un mundo fantástico, habitado por seres mágicos y guerreros valerosos, en el que también tienen cabida personas normales y corrientes, como Tobías y su entrañable amigo Helmont. Dibuja una geografía en la cual se desarrollan combates épicos e intrigas políticas y militares, pero donde pequeños dramas personales tienen tanta importancia, o más si cabe, que aquellas.

Centrándose en un pequeño grupo de personajes, el autor de El Rey Trasgo consigue insuflarles vida, haciéndoles humanos y, por consiguiente, plagados de matices, de contradicciones y de secretos. Las tribulaciones de Kaelan en la Ciudadela se alternan con los capítulos centrados en Tobías, entre los cuales se inserta el texto del volumen que hará que el erudito descubra lo que se oculta en el corazón de los Picos Negros. Y en esa narración conocemos a un pequeño grupo de personajes que, en escasas páginas, se transforman en seres muy cercanos al lector. Tanto es así que, en determinado momento, el destino de alguno de ellos me ha llegado a conmover con una fuerza sorprendente.

Alberto Morán Roa no sólo derrocha imaginación y magníficas ideas en su novela. Demuestra también un oficio que, como ya he comentado, me ha sorprendido gratamente. Y, por si fuera poco, su dominio del lenguaje y su don para describir con estilo pero sin caer en lo farragoso, contribuye a hacer de la lectura de El Rey Trasgo una experiencia inolvidable que, como ocurre con los grandes libros, hace que deseemos conocer qué le depara el futuro a sus personajes.

Comenta Alberto que la historia que tiene en mente podría extenderse a lo largo de varios libros (puede que hasta seis), y que el siguiente volumen de la saga será significativamente más largo que el primero. Puesto que no albergo duda alguna sobre el éxito que va a cosechar con esta su primera novela, me alegra saber que podré volver a experimentar el placer que me ha deparado leer El Rey Trasgo durante mucho tiempo. Ahora sólo queda esperar, y confiar en que la espera no se prolongue demasiado.

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