Reseña: Estudio en esmeralda, de Alberto López Aroca

Bienvenidos al planeta Doilette (también conocido como Esmeralda), un lugar encantador donde vivir… y morir, al parecer. Porque los siete mil millones de habitantes de este lejano mundo han fallecido al mismo tiempo. ¿Qué puede haber causado tal catástrofe? Eso el lo que el Doctor Walruss, cirujano retirado del Cuerpo Imperial, tratará de descubrir cuando sea forzosamente reclutado y enviado a la escena de la masacre, junto a un buen número de médicos militares en su misma situación. Una vez en Chaliengger, una de las principales urbes de Doilette, Walruss conocerá a Sholomon Hume, un curioso personaje que se presenta como detective privado y que piensa que lo sucedido no obedece a causas naturales, sino que se trata del crimen más audaz de la historia del Imperio. Pero, si Hume tiene razón, ¿qué mente criminal ha sido capaz de concebir tal atrocidad? Y, ¿qué le ha empujado a hacerla realidad?

Alberto López Aroca es todo un experto en la figura de Sherlock Holmes, personaje al que se ha acercado literariamente en numerosas ocasiones, bien haciéndole protagonista de sus obras (como en la novela Sherlock Holmes y los zombis de Camford o en el relato “El problema de la pequeña cliente”, incluido en la antología Nadie lo sabrá nunca), bien como inspirador de las mismas (caso de Card Nichols investiga… El caso de la armadura pródiga y del libro que nos ocupa). Estudio en esmeralda homenajea a Estudio en escarlata, la novela en la que Arthur Conan Doyle presentó en sociedad al más famoso detective de la literatura universal, manteniendo la particular estructura de la misma y algunos elementos narrativos fácilmente reconocibles por todo aficionado a las historias protagonizadas por Holmes y su fiel Watson. Sin embargo, el autor albaceteño no se limita a realizar un mero calco del original, sino que consigue dar forma a una historia original, escrita con pulso firme y plagada de sorpresas.

Además de disfrutar con la lectura de una estupenda novela corta de misterio y ciencia-ficción (con reminiscencia lovecraftianas), el lector avezado cuenta con el aliciente de ir desentrañando los numerosos guiños literarios que salpican la narración, tanto los que hacen referencia a la obra de Doyle (los satélites Artus y Cohan, el planeta Doilette, el estado Niggel, Llorg Éskuard Chaliengger) como los referidos a otros literatos (los hermanos Boris y Arkadi Strugastki) o a la propia obra de López Aroca (Marcus Raimund Foucault).

Estudio en esmeralda vio la luz en el fanzine Fábulas extrañas en 1997, y se reeditó en la antología A por cadáveres seis años después. Ahora, gracias a Ilarión, la obra  reaparece en una edición excelente (con una curiosa cubierta, quizá homenaje a las que en su día ilustraron las ediciones que Ediciones Júcar hizo de las novelitas protagonizadas por Harry Dickson), que ningún amante de la literatura de evasión de calidad debería perderse.

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