Reseña: Letal como un solo de Charlie Parker, de Javier Márquez Sánchez

Mayo, 1998. Un septuagenario Eddie Bennett conoce, mientras se ocupa de un caso, a una joven periodista. Intrigada por la personalidad y los actos del maduro “solucionador de problemas”, accederá a escuchar una historia que este se ofrece a narrarle. Una historia que ocurrió en 1955 en Las Vegas, donde Eddie era un personaje popular que se encargaba de evitar que determinadas personas se metieran en líos (o que, otros se aprovechasen de ello).

Un encargo de lo más sencillo (confirmar que una joven y desconocida actriz se ha suicidado) se convierte en algo sumamente complejo, un asunto cada vez más enrevesado en el que se verán implicados la Mafia, la CIA y el Ejército estadounidense. Durante la peligrosa investigación, Bennett se encontrará con personajes de la talla de John Wayne, Dean Martin o Frank Sinatra, y conocerá a una excepcional reportera con la que compartirá riesgos… y algo más.

Me encanta la novela negra. No, rectifico: me encanta la buena novela negra. A lo largo de los años he disfrutado con los clásicos, con novelas recientes de excelente factura y, por desgracia, con abundantes libros del tipo “quiero y no puedo”.  Letal como un solo de Charlie Parker no figura en ese último grupo, afortunadamente.

Se trata de una obra, escrita a la vieja usanza, que tiene todo lo necesario para alcanzar con el tiempo la categoría de clásico. Eddie Bennett (alias el Figura, alias el Gato) es un personaje carismático a la altura de un Sam Spade o un Philip Marlowe, y se mueve como pez en el agua por una ciudad tan sugerente como Las Vegas de los años cincuenta. Bennett cuenta, además, con leales amigos, enemigos poderosos y una compañera fascinante, tan inteligente como hermosa.

Todos esos ingredientes los mezcla Javier Márquez Sánchez con la maestría con la que Jerry Louis Jenkins, barman y confidente de Bennett, prepara los mejores cócteles del mundo. Si a todo añadimos unas gotas de angostura (en forma de personajes míticos como los ya citados Wayne, Martin y Sinatra, entre otros) y una base con carácter (determinados acontecimientos que afectaron de forma imprevista el rodaje de la película El conquistador de Mongolia, que no revelaré para no estropear la sorpresa a quien ignore lo que pasó), obtenemos un combinado de sabor intenso que se degusta con inevitable celeridad pero deja, afortunadamente, un agradable y duradero regusto en el paladar.

Al igual que hizo en su día con La fiesta de Orfeo (publicada por Almuzara y absolutamente recomendable), Márquez Sánchez ha vuelto a conseguir que leyera su novela vorazmente, disfrutando página tras página y lamentando tener que acabarla. Confío en que Letal como un solo de Charlie Parker obtenga el éxito que merece, y que el autor pueda echar mano de esas ideas que confiesa tiene en la cabeza para poder ofrecernos en breve nuevos casos de Eddie Bennett, detective (por mucho que él mismo se niegue a reconocerlo, es tan detective como Spade o Marlowe) de personalidad magnética, verbo fluido y sólidos principios. Como los de antes. Como debe ser.

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