Reseña: Crímenes Exquisitos, de Vicente Garrido y Nieves Abarca

Una joven aparece decapitada en un cementerio de Whitby, en Inglaterra. Su asesino ha dispuesto el cadáver de forma que asemeja el terrible modo en el que Lucy Westenra encontró su fin a manos de Abraham Van Helsing y sus “ayudantes” en el Drácula de Bram Stoker. Seis meses después, en La Coruña, la adolescente Lidia Naveira es encontrada muerta en un estanque, y la escena del crimen se ha preparado minuciosamente para asemejar el cuadro Ofelia del pintor prerrafaelista John-Everett Millais. ¿Quién es el asesino, apodado “el Artista”, que mata de forma tan elaborada y es capaz de burlar a la policía de dos países?

Será la atractiva y arrojada inspectora Valentina Negro la encargada de investigar la muerte de la joven Lidia. Con la inestimable ayuda de Javier Sanjuán, un popular y mediático criminólogo que se encuentra casualmente en la ciudad, Valentina se verá inmersa en una investigación tremendamente compleja, repartida entre España e Inglaterra, que tendrá ramificaciones insospechadas y en la que una figura de capital importancia será Pedro Mendiluce, uno de los hombres más ricos y poderosos de Galicia, que oculta numerosos secretos que amenazan con ver la luz.

Nieves Abarca me es completamente desconocida y, por lo que he podido leer sobre ella en la red, es periodista, historiadora del arte y experta en la elaboración de perfiles criminales. Mucho más conocido es Vicente Garrido (algo a lo que ayudan sobremanera sus frecuentes apariciones en el programa Cuarto milenio que presenta Íker Jiménez), criminólogo y psicólogo con numerosos libros teóricos publicados con gran éxito en su haber. Para ambos autores, si no me equivoco, Crímenes exquisitos representa su primera incursión en el ámbito de la novela. Una primera incursión que, debo decirlo, se salda con matrícula de honor.

Una máxima aplicable a la literatura que suelen citar muchos escritores de éxito es “escribe sobre aquello que conoces”. Obviamente, los autores de Crímenes exquisitos son expertos en los campos que manejan en la novela, y eso se nota en la profusión de detalles y en el halo de verosimilitud con el que se narran las acciones policiales y periodísticas (un personaje importante es una reportera), así como los procesos deductivos llevados a cabo por Sanjuán (evidente trasunto de Garrido). Y ese detallismo se nos presenta de tal manera que no resulta farragoso ni aburrido en momento alguno, algo muy de agradecer.

A lo largo de la novela, de ritmo frenético y cargada de sorpresas y giros inesperados, Abarca y Garrido no sólo se toman su tiempo para crear unos personajes tremendamente humanos alejados del tratamiento unidimensional característico de muchos autores de éxito, sino que salpican la absorbente trama con momentos de tremenda intensidad, destacando por su crudeza alguno de los crímenes y, por lo gráfico de las descripciones, determinados encuentros amorosos (ejem).

Nos encontramos, en definitiva, ante un libro que me parece excelente en todos sus aspectos, que se hace corto a pesar de sus buenas ochocientas páginas, y que deja con ganas de saber más de sus protagonistas una vez concluye su lectura. Todo un logro para una obra “de debut”, que confío se repita si los autores tienen a bien ofrecernos nuevas novelas en el futuro.

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