Reseña: Dilvish, el maldito, de Roger Zelazny

Entre 1965 y 1982, Roger Zelazny publicó una serie de historias protagonizadas por Dilvish: medio elfo y medio humano, guerrero y hechicero, montado a lomos de un locuaz caballo de metal llamado Black.

Los once relatos, recopilados en el volumen que nos presenta La Factoría de Ideas, nos muestran las idas y venidas de Dilvish por un mundo plagado de magos, soldados, dioses menores y extrañas criaturas, en pos de temible hechicero Jerelak, quien convirtiera su cuerpo en piedra dos siglos atrás.

Mientras el cuerpo petrificado de Dilvish permanecía en Portaroy, ciudad que defendió en su día y que le consideraba un héroe legendario, su alma residía en el mismísimo infierno. Pero la necesidad  de ayuda por parte de las gentes de Portaroy para enfrentarse a una nueva invasión, hará posible que el medio elfo regrese al mundo de los vivos, acompañado por su misteriosa y poderosa montura metálica.

En Dilvish, el maldito, Roger Zelazny nos ofrece narraciones fantásticas a la antigua usanza, sin complicaciones filosóficas ni héroes atormentados. Cada relato pondrá a Dilvish frente a una situación de mayor o menor complejidad, a la que se enfrentará haciendo uso de su habilidad como espadachín y de sus conocimientos hechiceriles, adquiridos durante su estancia en el infierno. Como contrapunto al héroe clásico tenemos a Black, montura y amigo del protagonista, al que ayudará en numerosas ocasiones y al que aportará en determinados momentos sensatos consejos que Dilvish, la mayoría de las veces, desoirá.

Los relatos que componen Dilvish, el maldito, debido quizá al amplio período de tiempo a lo largo del cual fueron escritos, no presentan una continuidad clara ni una excesiva coherencia argumental. Hay acontecimientos que no se narran, personajes y objetos (esa espada invisible, que tanto juego podría haber dado) que aparecen y desaparecen sin saber muy bien por qué razón. Todo me recuerda, salvando las distancias, a las historias de Conan escritas por Robert E. Howard, tanto por el tema de la cronología como por la diversidad de situaciones a las que se enfrenta el protagonista.

El libro, que se lee de un tirón y se disfruta como el buen ejemplo de fantasía heróica clásica que es, no concluye con el deseado enfrentamiento entre Dilvish y un Jerelak cuyo nombre, al igual que ocurre con el Voldermort de los libros de J. K. Rowling, nadie osa pronunciar en voz alta. Dicho enfrentamiento tendrá lugar en La tierra cambiante, novela de próxima aparición también bajo el sello de La Factoría de Ideas.

Confío en que la espera sea corta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *