Reseña: El país de los ciegos, de Claudio Cerdán

Claudio Cerdán me ha golpeado. Sí, me ha golpeado y repetidas veces durante los últimos días.

Cuando empecé a leer su novela El país de los ciegos jamás pensé que se podría golpear a nadie desde las páginas de un libro, y él lo ha hecho impunemente.

Si tuviera que poner un apodo a Claudio sería el de “Tarantino de la literatura negra”.

Para empezar, Claudio no nos presenta en esta historia a un detective al uso, no. Claudio decide que su protagonista será detective, sí, pero uno que ha salido de prisión por partirle la espalda a un camarero que tuvo la osadía de… bueno, mejor averígüenlo.

Uno que ha asesinado por dinero, un extorsionador, un chantajista, un alcohólico, un drogadicto… un… un… ¡ateo! y más. ¿Pero sabéis qué es lo peor? ¡Que consigue que le cojamos cariño al tuerto Durán! Y no solo eso, por las páginas de esta novela pasarán chaperos, prostitutas, camellos, mafiosos; y de fondo una ciudad, Alicante. Una protagonista más a la que el autor no pone reparos a la hora de  denominarla puta en varias ocasiones. Y es que aquí se nos presenta a una ciudad totalmente corrupta, sucia, violenta.

El tuerto Durán sale de la cárcel tras pasar cinco años en ella. Las cosas fuera han cambiado, su antiguo jefe, Godoy, ha sido enjaulado también y ahora el poder lo ostenta Garrigós, compañero con el que no hizo muy buenas migas. Por si eso fuera poco, Magallanes, un tipo de dos metros que casi se lo carga dentro del trullo ha salido libre también y le busca. Las cosas no pintan bien, aún así, él decide quedarse en Alicante y montar su emporio junto a varios excompañeros: dos camellos de poca monta y un chino experto en artes marciales.

Cerdán organiza una trama frenética, salvaje, cargada de asesinatos y extorsiones, donde la amistad e incluso el amor -una historia de amor muy peculiar- tienen su lugar. Donde tu vida vale lo que cuesta un gramo de cocaína.

Conozco a Claudio desde hace muchísimos años y si hay un halago que pueda hacerle es el de concederle que ha creado un estilo muy personal, un sello perfectamente reconocible, para mí ya siempre será el Tarantino de la novela.

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